Terratenientes dueños de las empresas forestales

Del 12 al 28 de febrero de 2017.

5 March, 2017 23:03
#Columnas

Manuel AhumadaNo cabe duda que no la estamos pasando bien. No solo por los daños materiales que dejaron los incendios forestales a miles de compatriotas que perdieron sembrados, animales e incluso viviendas, sino también por los efectos de aluviones y subidas de cauce en ríos, que hasta ahora han costado varias vidas.

En el primero de los casos queda aún por develar cuáles son los seguros que cobraran los terratenientes dueños de las empresas forestales y otras grandes extensiones arrasadas por el fuego –y cuyo efecto secundario fue el daño a pequeños productores y habitantes en las zonas afectadas– así como conocer qué exigencias se harán a futuro para evitar al máximo estos hechos tan dolorosos. Tiene que haber mayor cuidado y preocupación del capitalista con el entorno y sanciones más drásticas del Estado hacía quienes son responsables de tales hechos.

En lo que respecta a los aluviones ya va siendo hora que se pongan todas las cartas sobre la mesa. Hay suficientes profesionales preparados como para determinar qué hacer en caso de subida en los flujos de agua producto de los deshielos o lluvias copiosas (dejemos claro que esto también aplica para aquellos lugares iguales o similares a Valparaíso que regularmente sufren incendios por diversas razones). Se puede indicar con certeza dónde es adecuado construir viviendas y dónde no, demarcar los lugares en los que se puede o no acampar, indicando claramente los riesgos a los que se exponen quienes transgredan las advertencias, e incluso informar preventivamente de las dificultades y complicaciones que se deben esperar algunos meses del año en los sectores afectados.

Hechos como los que aquí comentamos seguirán produciéndose y lo que falta es que las medidas para aminorarlos hasta el extremo, sean claras y efectivas.

No podemos vivir de campaña en campaña solidaria, recorrer las regiones como voluntarios permanentemente, ni entregar palabras de consuelo que se las lleva el viento.

Debemos reclamar medidas más concretas y efectivas, que vayan desde el apoyo en medios materiales y financieros para Bomberos y Conaf, un fondo económico permanente para catástrofes, hasta la obligación del responsable primario de indemnizar a quienes sean afectados por los efectos de los daños en sus extensos espacios.

La política de vivienda debe apuntar a explicitar dónde se pueda construir con un mínimo de riesgos, llegando incluso a la expropiación de dichos terrenos si están en manos privadas, así como establecer costos accesibles a los miles que reclaman una vivienda digna.

Seamos claros. Parte importante de lo sucedido y de lo que seguirá sucediendo en el país, de no mediar cambios profundos en la gestión y acción del Estado, es producto de la voracidad del capital.

Es obvio que los cambios no vendrán por simples deseos ni columnas de opinión bien intencionadas: Serán producto, fundamentalmente, de la participación ciudadana.

Pero no hablamos de una participación blandengue, de a ratitos, sino de una participación continua, clara, efectiva. Una participación que implica hacerse parte activa de la demanda, llevarla al barrio, al colegio, al lugar de trabajo. Motivar a los demás a trabajar por ella y ser majaderos en esto de que “sin organización no hay cambios”.

O nos ponemos de pie de una vez por todas para enfrentar a los que están barriendo impunemente con  nuestros derechos humanos, o veremos en muy poco tiempo más desaparecer hasta los beneficios mínimos a que tenemos acceso.

Se vienen dos grandes momentos movilizadores, que deben ser utilizados para encender la llamita y trabajar duro para que se mantenga y extienda por todo el país.

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer y algunas de las exigencias, unidas por cierto a todas las demandas de género, deben ser “sala cuna sin mínimo de trabajadoras por empresa”, “pago de colación y movilización por día trabajado”.

El 26 de marzo hay que copar las calles con el NO+ AFP, pero debemos indicar a los trabajadores, pobladores, estudiantes y ciudadanos,  que esta demanda se debe sostener sobre los hombros de poderosas, autónomas e independientes organizaciones, que entiendan que el enemigo principal es el capital y que ser anticapitalista es una demanda irrenunciable de la hora presente.

Seis días después de que se realice la marcha de  NO +AFP entran en vigencia las nuevas leyes laborales, que incluyen la posibilidad de que patrones y trabajadores acuerden jornadas de hasta 12 horas diarias, además de una serie de cambios a las normas sobre negociación colectiva que claramente benefician a la patronal.

Y sin embargo hasta ahora –y con la única excepción del CIUS y algunas otras organizaciones sindicales– quienes sacan la voz  para pronunciarse sobre esto, son funcionarios de gobierno y parlamentarios, que insisten en decir que dichas reformas solo traerán beneficios a la clase trabajadora.

Es en este cuadro de pérdida creciente de derechos, que se viene desarrollando una discusión sobre el futuro de la Central Unitaria de Trabajadores. Lamentablemente, la discusión no tiene su centro en la manera en que la CUT va a enfrentar la nueva ley laboral y los abusos de la patronal y el gobierno, sino en los mecanismos para realizar la próxima elección del directorio, hábida cuenta del escandaloso fraude que empañó el proceso electoral de 2016. En este tira y afloja se enfrentan quienes quieren elección universal ahora y los que buscan dilatar el proceso para el año 2020, llegándose en las últimas semanas a la notificación del congelamiento en el pago de cuotas de algunas organizaciones sindicales que son parte de dicha Central, e incluso algunos se han atrevido a hablar de la constitución de una nueva Central.

Claramente la confrontación contra el gobierno y los patrones requiere de un instrumento de la clase, que tenga definida la forma en que se financia y cómo se elige a su directorio. No obstante, lo anterior es absolutamente secundario a la definición de clase del instrumento, las demandas irrenunciables y la forma en que estas serán conseguidas.

Los trabajadores requieren de una organización que recoja fielmente sus aspiraciones y luche por ellas. Obviamente dicha institución no es ni será la CUT, ya que ésta se entregó hace mucho tiempo a la política de los diálogos, acuerdos y consensos renunciando a la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores, privilegiando un maridaje oscuro y escondido con partidos políticos y gobiernos.

Es la hora de avanzar hacia la construcción de una central clasista de trabajadores, invitar a organizarse a los millones que no reconocen filas en el sindicalismo de clase y combatir con todas las fuerzas al capital y sus servidores.

Decenas y decenas de casos se acumulan diariamente en las páginas de los medios de comunicación y en las redes sociales, pero eso parece no despertar del sopor a una población que cada día se ve menos tocada por hechos que, en otro momento, hubiesen implicado la convocatoria a una gran jornada de protesta.

Las colusiones del papel, el financiamiento de la política por parte del capital, innumerables casos de corrupción, el aumento en el cobro del peaje por autopistas y como guinda de la torta, el corte de agua en la Región Metropolitana y algunas comunas de la V Región.

Tenemos por delante una gran tarea. Remecer a nuestro pueblo, sacarlo del letargo, trabajar junto a él para demostrarle que los cambios sí son posibles cuando hay disposición a luchar por lo que nos merecemos.

Por Manuel Ahumada Lillo

Presidente C.G.T. Chile

Manuel Ahumada Lillo
Comentarios

Te invitamos a comentar y participar de esta discusión. Todo comentario que atente contra los derechos humanos y se centre en la grosería para descalificar, no será admitido en el presente espacio de debate ciudadano.