Pueblo Agta o Aeta, en Filipinas

Contar historias es una característica de todas las sociedades humanas, aunque su importancia ha sido difícil de medir. Un estudio que observó a cazadores-recolectores de Filipinas, apoya la visión de que el relato es esencial, basándose en que los subgrupos con los mejores contadores de historias son más colaboradores y solidarios entre ellos.

“La cooperación es un problema central en la biología”, dice el artículo, publicado en Nature Communications. Muchos organismos lidian con el problema de prevenir la falta de colaboración y, en algunos casos más avanzados, de coordinar a quienes quieren cooperar. La humanidad se basa en la socialización para el trabajo colaborativo y el avance, pero ha sido muy difícil tratar de identificar cuáles son los aspectos que dan resultados.

Las comunidades cazadoras-recolectoras tenían mucho más tiempo para crear formas de cooperación que las sociedades cambiantes  que nacieron a partir del advenimiento de la agricultura. Por lo tanto, observar a esas comunidades (que aún existen) nos puede dar lecciones que podríamos aplicar.

El autor principal de la investigación, Dr Andrea Migliano, de la Universidad College de Londres, expuso el rol de los contadores de historias entre las personas del pueblo Agta (o Aeta), en Luzón, Filipinas, y su efecto en lograr la cooperación de la comunidad. Como dice el artículo, “el meta-conocimiento es necesario para solucionar estos problemas de coordinación. En otras palabras, no es suficiente con saber cómo actuar en una situación dada; los individuos también necesitan saber que otros también saben cómo actuar”. Migliano pensó que compartir historias podría ayudar a producir este meta-conocimiento.

Aunque están basadas en simples relatos mágicos sobre las interacciones entre el Sol y la Luna o sobre un cerdo y un manatí, muchas historias de los Agta contienen mensajes morales sobre el valor de la empatía. De hecho, Migliano argumenta que el 70% de las historias de siete sociedades cazadoras-recolectoras, incluyen un mensaje subyacente sobre el comportamiento social.

Migliano les pidió a 297 agtas que nombraran a los mejores contadores de historias, sin límites de cantidad. Algunos campamentos eran ricos en relatores admirados y otros tenían menos. Luego el investigador pidió a un adulto agta que jugara un juego en que había que probar egoísmo versus generosidad. Por cada 1% de aumento en el número de buenos contadores de historias que tenía un campamento, había un 2,2% de aumento en donaciones para el bien común de parte de los miembros del grupo. Consciente de que las correlaciones pueden tener muchas causas, Migliano realizó otra prueba que parecía confirmar el rol beneficioso de contar historias.

Por ejemplo, cuando se les preguntaba con quién les gustaría compartir el campamento, los agta tendían a nominar a aquellos percibidos como buenos relatores que a quienes eran más hábiles en la pesca o la medicina. Los buenos contadores de historias también resultaron ser más sexis, basándose en el número hijos que tenían.

 

El Ciudadano, vía IFLScience

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