TVN se mantiene en el ojo del huracán. La semana pasada resultó imposible hacer converger las negociaciones en el Senado, que pretenden determinar si a través de un proyecto de ley que contempla una indicación sustitutiva, se recapitalizaría la estación “de servicio público” en UD$47 millones y US$18 millones para abrir una versión cultural. Impedida de financiarse con recursos públicos y forzada a entenderse con el rating, el avisaje y el mercado, la estación administrada por un directorio votado secretamente por la misma instancia legislativa, puede estar en medio de una inflexión que transforme su carácter. La jornada de este martes 7 será decisiva para el canal.

El Ciudadano conversó con Chiara Sáez, autora del libro “TV Digital, políticas públicas y democracia” (Universitaria, 2014), y actual presidenta del consejo de la sociedad civil de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), quien ofrece una visión crítica respecto del actual entuerto de lo que queda de TV pública.

¿Cuál es el problema de TVN?

Lo que ha hecho crisis está relacionado con una serie de cuestiones que tienen que ver con los cambios a la industria televisiva, la convergencia, la digitalización, la presencia de los audiovisual en Internet, etc.; con todas ellas articuladas en este contexto, bajo un modelo de autofinanciamiento de TVN. Con todas estas transformaciones es insostenible seguir pensando que un canal de televisión pública tiene que regirse por la misma lógica que los medios comerciales, que es básicamente definir sus contenidos, su programación y visión en virtud de la publicidad.

Cabe preguntarse cuál es el rol de un medio público en este contexto donde hay mucha oferta y disponibilidad, pero toda de carácter comercial. Todas estas cuestiones van quedando afuera de esta discusión, porque finalmente esta capitalización no toca el autofinanciamiento tampoco. Eso está haciendo crisis y esta aprobación de la indicación sustitutiva que reformaría la ley de TVN no toca ese tema, no se mete con el origen del problema.

¿Es solo un problema de financiamiento?

También hace crisis el modelo de administración, que está articulado desde el sistema binominal y que opera en virtud de esa lógica. Al final precisamente en la medida en que hace crisis la transición, asistimos a los últimos estertores de la crisis del modelo de la transición a nivel mediático.

El directorio no puede seguir definiéndose en cuoteo. La votación de los directores, en la ley sigue siendo secreta en el Senado. Es algo muy antediluviano todo. Además, no es gente que necesariamente sepa de TV. Esa es una piedra de tope y es lo que subsanaba la indicación sustitutiva que presentó anteriormente el gobierno de Bachelet a través del ministro Díaz (Marcelo, fue ministro secretario general de Gobierno), que se metía muy acuciosamente en el tema. Y eso vuelve a quedar simplificado en este proyecto de ley para la capitalización.

Durante los ’90, TVN y la Concertación se vanagloriaban del modelo de TV que habían erigido…

La Concertación se inventó un discurso de que el modelo de TVN era fantástico. Hay algo que tiene que ver -como le digo yo- con el trauma de la dictadura: si hay dinero público, va a haber manipulación. Ese era el gran fantasma detrás de fundamento del autofinanciamiento; en los ’90, en contexto de altísimo consumo de televisión y en donde la oferta era una u otra teleserie, con alta conexión con el público, con hartos programas culturales y artísticos. Pero hoy esos programas salen muy caros en la lógica desechable de la TV.

Durante todo ese período existió crítica, pero siempre subterránea y poco frontal, porque también era gente del entorno de la Concertación. Pero hubo vetos adentro de TVN, como a Manuela Gumucio. A ella, que levantó el observatorio Fucatel y realizó desde ahí un trabajo sistemático y ya en los ’90 puso la alarma de que había que mejorar la TV, incorporar contenidos, complejizar las temáticas, incorporar la dimensión política, etc. Fue vetada. Por eso todo era siempre solapado, porque si levantas la voz eres anulado.

¿Qué implica este debate en el Congreso?

La famosa capitalización está dentro de un cambio a la ley. Si se aprueba, será el único cambio en 25 años a la ley de TVN. Y no tocaría el fondo de sus problemáticas. Habría que esperar otros 25 años para discutir con el concepto de misión de servicio público de TVN, que no está definida en esta indicación. No queda bien definido en 1992, tampoco lo haría en 2017. A la interpelación de que o se aprueba TVN o muere, no le creo como disyuntiva. Capitalizar o no capitalizar para seguir igual. Es una reforma insuficiente respecto de lo que ha conducido a la crisis.

Lo que se quiere aprobar señala que, como el resto de los canales, TVN debe regirse bajo las reglas del Consejo Nacional de Televisión. Desde 2008, año en que entra al Parlamento el proyecto junto al de TV digital, la discusión avanza rápido y en 2009 estaba lista para ser aprobada. Efectivamente se empezó a trabajar sobre TV digital. Ese año definió acuciosamente la misión de servicio público de TVN.

 

Luego, con el gobierno de Piñera queda suspendida la discusión y solo se aprueba una ley corta que ampliaba el giro comercial de TVN. La discusión comienza nuevamente en 2015 cuando Bachelet anuncia el canal cultural de TVN.  La indicación sustitutiva que se quiere aprobar incluye la capitalización y dice que TVN debe regirse en su misión solo por la ley del CNTV del correcto funcionamiento, y borraría el trabajo desarrollado anteriormente.

El ministro (Marcelo) Díaz presentó un trabajo acucioso que fue reducido por la ministra (Paula) Narváez y simplificado. Se redujeron los montos de la capitalización, del canal cultural, y ya no se trata de una segunda frecuencia, sino una segunda señal. Entonces TVN no hace uso de su derecho de optar a una segunda frecuencia para dar contenidos. Todo lo que puede hacer y le permite a ley de TV digital, y la indicación sustitutiva de Díaz también; quedan eliminadas con la discusión como está formulada y como se votaría hoy.

¿Cuál sería el destino de la capitalización?

Lo importante con la capitalización de $US47 millones es, básicamente, inversión en infraestructura para la digitalización. No es para contenidos ni para programación. Ni siquiera para mejorar el sueldo de los trabajadores. Por eso, llama la atención: ¿por qué el sindicato de trabajadores tiene este interés?, pues no tiene que ver con ellos la capitalización. Hay que ver bien quién empuja esa campaña. Si TVN importara, deberíamos estar contra la capitalización.

En el caso de la otra inversión de 18 millones para la señal cultural, también es solo por una vez. Lo paradójico es que tendremos una primera señal generalista en alta definición, con auto financiamiento y, luego, un canal en definición estándar, cultural. ¿Qué creadores audiovisuales van a querer que sus obras se emitan con estándar más bajo? Ellos están trabajando en HD y aspiran a que así se difunda su trabajo.

¿A quienes beneficiaría esta capitalización?

Fucatel lo ha expuesto: se beneficiarían los otros canales. Pero tal como se está estructurando esto no servirá. Si TVN no pide una segunda concesión, que es lo que permite la ley del CNTV, no puede brindar servicios a otros que no sean los amigos de Anatel.

La plata es para infraestructura. Idealmente pudiera servir para acarrear canales regionales, locales, comunitarios, etc. Pero en la medida en que TVN no opte por esta segunda frecuencia, ni emita el canal cultural en una tercera frecuencia, que es lo que decía la indicación sustitutiva de Díaz, no hay más frecuencias para prestar servicio a otros que no sean gente de Anatel, con quienes están haciendo juntos la transición digital. Tampoco ha habido pataleos de parte de la industria. Todos están esperando. La digitalización está atrasada porque todos están esperando esa plata.

¿Con qué límites te has topado para que este debate pueda desarrollarse?

Hay pocas personas interesadas y que sigan el debate, como para levantar una demanda por democratizar los medios y por la TV pública. Hay periodistas que todavía creen que TVN se financia con platas fiscales.

Las insuficiencias sobre el problema de la democratización de los medios y la TV pública, creo que también es problema de la izquierda política. Los análisis son muy básicos sobre la materia. Los diagnósticos, las críticas y las políticas resultan por lo mismo, muy superficiales. Por otro lado el conservadurismo de la industria: la televisión es muy conservadora y se arriesga poco en términos creativos.

Mi esperanza es que esto no se apruebe. No solo hoy, sino que no se apruebe. Y podría gestarse un escenario favorable para levantar un movimiento por televisión pública.

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