En enero de 2016, Enrique Symns fue operado de la próstata. Tenía la próstata inflamada, con sangrados y dificultades para orinar, una situación que se fue tornando cada vez más complicada y que era riesgosa para sus riñones. Era una operación costosa que Enrique no podía pagar, pero gracias una colecta que hicieron amigos, colegas y seguidores suyos, finalmente se pudo costear. La operación salió bien, pero los días posteriores no fueron fáciles.

Luego de la operación volvió a vivir en una pensión de mala muerte en Constitución, “el peor barrio de Buenos Aires”, como él mismo lo definió. En esa pensión, una mañana al levantarse de la cama, se cayó y se golpeó la cabeza. Quedó varias horas tirado en el piso al lado de la cama. Nadie abría la puerta y el encargado del lugar casi lo deja morir.

Tras ese episodio, un grupo de amigos suyos decidió llevarlo a un geriátrico. El geriátrico era más un manicomio que un geriátrico, según él cuenta. Se sentía un prisionero, no podía fumar y no lo dejaban salir. Allí estuvo algunos meses hasta que decidió irse a vivir a la ciudad Mar del Plata, la ciudad más grande de la costa de la Provincia de Buenos Aires.

Hoy, vive temporalmente en El Bolsón, una pequeña ciudad cerca de Bariloche, en el sur de Argentina, donde escapa de la temporada de verano de Mar del Plata. “Me tenía que ir de Mar del Plata, vuelvo en marzo. Primero porque llegan los porteños (gentilicio de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires) y son insoportables, además el calor es espantoso. Y luego porque el hotel en el que yo vivo en Mar del Plata, que es muy bueno, me cobra muy barato durante el año pero ahora me cobra cinco veces más y no puedo pagarlo. Además llegan los turistas que son una plaga de langostas”, explica.

Enrique sabe de migraciones. En los años `70 vivió en Brasil y luego en España. Se fue a vivir a Madrid cuando murió el dictador Francisco Franco y, teniendo en cuenta ese tiempo tan feliz que fue para él esa estadía en España, que él mismo definió en su libro El señor de los venenos como “una transformación mágica que sufrió la sociedad española, cuando de un convento pasó a ser un burdel psicodélico” es que decidió trasladarse a Chile en 1998 creyendo que asistía a los últimos días de Pinochet tras su detención en Londres. “El último genocida sudamericano que aún seguía insertado en la sociedad, manipulando poder”, cómo describe en el mismo libro. Symns decía que la figura de Pinochet era un emblema de la brujería que había congelado el alma apasionada del pueblo chileno.

“En el año 98, el destino me dio la posibilidad de fugarme del camino errado. La vida salvaje que desde un principio nos había acompañado en la revista Cerdos & Peces estaba llegando a un punto de descontrol alarmante”, escribió sobre esos días de locura incontrolable en Buenos Aires, previos a irse a Chile, en el texto “Chile en blanco”, publicado en la revista Orsai. “El monstruo que se oculta en las cuevas penumbrosas de mi ánimo había pisado a fondo el acelerador del desenfreno. Andaba por las calles como un gorila sin contemplaciones, aunque también era consciente de mi peligroso desasosiego. Entonces sucedió la coincidencia milagrosa. Marcelo Rioseco era secretario de cultura de la Universidad Bio Bio en la ciudad de Concepción y estaba paseando por Buenos Aires. Era un admirador de mi revista y vino a visitarme al bar El Mirador”, recuerda. Luego de eso, Symns se fue con Rioseco a Concepción y tuvo una cátedra en la Universidad, otorgada por Rioseco, y que Symns tituló: “El origen del lenguaje”. Pero como él mismo cuenta, los planes salieron mal, se quedó sin la cátedra y los proyectos que habían presentado en el municipio no prosperaron, por lo que al poco tiempo se fue a vivir a Santiago.

Más allá de que en Argentina es un personaje reconocido en el mundo del periodismo por sus pasos por los diarios La Voz y Sur y por haber fundado y dirigido la revista contracultural Cerdos & Peces, y también tiene un lugar en la historia del rock argentino por haber sido monologuista de bandas como Bersuit Vergarabat, Los Piojos, 2 minutos, Los Caballeros de la Quema y también ser parte de los inicios de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda de rock más grande de la historia argentina, en su país siempre transitó en el under y el reconocimiento a su figura no fue nunca el que él hubiera deseado. El mayor momento de exposición y fama en la vida de Symns fueron los cinco años que vivió en Chile. Él dice que su objetivo en Chile era desbaratar aquel plan que había atrapado a las rutinas cotidianas de todos los chilenos y que se llamaba “vida de supermercado”. Como en cada ciudad en la que ha vivido, para llevar a cabo su objetivo, primero tuvo que encontrar un bar que le serviría como base de operaciones y en Santiago ese lugar fue el bar Liguria.

Ilustración de Harol Bustos

Allí, en “ la ciudad congelada” como definió alguna vez a Santiago, escribió en los diarios El Metropolitano y Últimas Noticias, tuvo un programa televisivo de entrevistas y, cómo el sostiene, ayudó a Pato Fernández a inventar The Clinic, por más que Fernández asegura que él fue el fundador y luego Enrique se sumó a la revista. En esos tiempos también estuvo unido al rock chileno, escribió junto con Vera Land, su pareja de aquel entonces, el polémico libro sobre Los Tres titulado La última canción y también publicó una serie de conversaciones con Jorge González de Los Prisioneros, tras haber firmado un documento en el que se comprometía a no hacerlo y haber cobrado una importante suma de dinero por eso. Symns también fue convocado por Rumpy en pleno furor de El chacotero sentimental para que lo ayudara a escribir sus libros. “Él me convocó pero después se borró. Publicamos dos libros, pero luego desapareció y como el editor exigía su presencia no hicimos más”, recuerda.

Hoy, casi quince años después de haberse ido de Chile y jurar que jamás volvería a trabajar en ningún medio del país, desde El Bolsón, a treinta kilómetros de territorio chileno, recuerda, con un sabor amargo, sus pasos por el país que lo supo acoger durante esos cinco caóticos años de periodismo estelar, rock, traiciones, cocaína y democracia fresca.

-¿Qué recuerdos tienes de Chile?

Recuerdo a la Chile militarizada, los desfiles militares en las fiestas patrias de septiembre y el paso casi nazi de los soldados. Me acuerdo de la música igual en todo el país. Chile parece todo igual, de punta a punta. No me pareció que tuviera culturas individuales. El lugar que más me impresionó fue Valdivia y por supuesto Valparaíso. Valparaíso es una ciudad porteña. Todos los porteños se parecen entre sí. Un valparaisense es parecido a un buenosairino.

-¿Y de los chilenos?

No tengo buen recuerdo de los hombres de cuando estuve allá, a pesar de que si los tuve en el exterior. Me llevaba muy bien con los chilenos en Europa, los emigrados de la guerrilla que después se convirtieron en asaltantes y ladrones, gente pesada pero muy buena y muy solidaria. Yo tuve amigos impresionantes en Holanda, pero en Chile son muy envidiosos. No nos quieren a los argentinos, les ganamos en el tenis, les ganamos en el fútbol. Bueno, ahora no tanto. Pero sin embargo tienen a los mejores poetas de América.

-¿Cómo sientes que trataron en Chile?

-Yo la pasé regularmente mal porque en cuanto pudieron me vapulearon. Tenía enemigos grandes. Yo escribí en varios diarios, Metropolitano, Últimas Noticias, The Clinic. Tenía un programa de televisión en Plaza Italia y luego me dejaron sin trabajo, me echaron de todos lados y tuve que volver a mi país.

-¿Hay algo que extrañes?

-Las mujeres. No porque sean más bonitas. Sino porque son buenas mujeres. Yo conocí desde mujeres grandes hasta niñas y eran todas encantadoramente amables. Pero los hombres son muy celosos y muy peligrosos, al estilo mexicano.

-¿Qué chilenos admiras?

-Bueno, del pasado a Vicente Huidobro, uno de los poetas más grandes del mundo. A Roberto Parra, a Nicanor también, lo conocí pero era un poeta normal. Pero Roberto era un genio, viajó por todo el mundo, tuve la desgracia de no conocerlo personalmente. Bolaño también, pero era muy antipático. Lo conocí, tuve ganas de agarrarme a trompadas con él. Yo era muy peleador allá. Después, del mundo de la música, me sigue gustando mucho la banda Los Tres.

-¿Volviste a ir a Chile?

-Un par de años después de irme, un amigo mío me alquiló una casa en Isla Negra, frente a la de Pablo Neruda. Ahí viví un mes y la pasé muy bien. Yo había vivido antes como seis meses en Las Cruces, donde vive Nicanor Parra.  Y las casas sobre el mar me encantaban.

-¿Y después de eso no volviste más?

-No, porque tengo pocos amigos y además me expulsaron de los medios y yo solamente voy a un lugar donde pueda trabajar con los medios.

-¿Lees diarios de Chile en la actualidad? ¿Qué opinas de Michelle Bachelet?

-No leo actualmente diarios de allá. La verdad que tuve mucha simpatía por Ricardo Lagos. Me despertó mucha simpatía cuando lo conocí en Viña del Mar. Y de Bachelet puedo decir que fue en el momento del apogeo de las mujeres. Brasil, Argentina y Chile manejados por mujeres.

– ¿Y qué opinas del actual presidente argentino Mauricio Macri?

-Mira, era necesario que Cristina Kirchner se fuera por su autoritarismo. Era el triunfo de los montoneros (Brazo armado del movimiento peronista, como ellos mismos se definían), pero el ala cobarde de los montoneros, los que no habían peleado ni tirado un tiro. Así que era necesario que se fueran y el único que podía ganarles era Macri y así fue y ahora estamos pagando el precio. Ahora por fin gobierna la derecha y no una falsa izquierda como la de Cristina. Llegó el momento de la derecha que va a destrozar nuestra economía. Pero pasa a nivel mundial, es una gran catástrofe, son malas noticias en todo el mundo. Fijate que ganó Trump, Europa se está deshaciendo. Vamos hacia un caos inaudito, avanzamos hacia el peor momento de la historia.

-En una entrevista dijiste que el arte y el deporte eran tus peores enemigos. ¿Hoy cuales son?

-Esa era una apreciación muy general. Hoy yo creo que el peor enemigo de la humanidad es la globalización y la perversión con la computadora y el auge de la comunicación. La comunicación es el idioma de todas las cosas, la comunión, las almas se comunican. La palabra hablada, la saliva, la mirada, los movimiento de las manos ya no están presentes. Eso con la computadora no existe, saca la animacidad, hay un erotismo abstracto. Todo es computadora. Ahora alguien quiere saber qué es el opus dei y lo va a buscar en la computadora. Ahora uno busca todo en internet. Se ha excluido el saber, eso no es saber. Saber es preguntar, no es responder. El saber está en las preguntas y las computadoras no preguntan, responden.

-¿Usas computador?

Para escribir no tengo más remedio porque nunca escribí a mano como el Quijote que lo escribió a mano. Yo siempre escribí en la Olivetti, pero cuando descubrí que en el computador no era necesario romper páginas y se podía subir, bajar y borrar, ya era absurdo seguir con la máquina. Creo que Stephen King sigue escribiendo a máquina.

-Entonces para escribir sigues usando computador..

-Antes usaba para mandar mails, pero ya no tengo el hábito, ahora solo para escribir. Ahora me cuesta por las manos, porque tengo artritis y las manos no me responden bien. Y los teclados de los computadores modernos están arriba, ahora me cuesta mucho ubicar las letras. Antes yo escribía en el tablero sin mirar, escribía a ciegas. Y ahora no, me equivoco, escribo cualquier cosa. A veces salta el computador y aparece en otro programa. He borrado una novela entera viviendo en Santiago, sin querer.

¿De qué se trataba la novela?

Se llamaba los depredadores. Eran historias de violadores. Que en Chile son muy comunes como en la Argentina. ¡La borré entera, loco. Y no la supe recuperar!

Cuando recuerda lo de la novela perdida, su voz pareciera quebrarse. El lamento se cuela en un grito de impotencia, cargado de tristeza. Él, que justamente hace un tiempo dijo que la tristeza era el sentimiento más sabio, más animal que tiene el cuerpo humano para manifestar lo que le sucede. Y eso le pasa cuando escribe hoy. Está terminando un cuento donde narra lo sucedido en el geriátrico del que se fue el año pasado y le cuesta. Se quiebra al escribirlo, la cercanía al hecho y la tristeza que le produce recordarlo, lo frenan.

Esta tristeza también es producto de una sensibilidad que ya no se preocupa por ocultar. Es como si hubiera vuelto a ser un niño y ya no le importara seguir construyendo la leyenda del escritor maldito. Con esta sensibilidad a flor de piel, este antropólogo de la vida cotidiana continúa buscando personajes y mirando alrededor del mundo.

-¿Seguis escribiendo?

Sí, ahora me están por publicar un libro de cuentos por Penguin Random House y me van a pagar una suma increíble para mí. También escribí un libro con el periodista Rodolfo Palacios sobre la fuga de los hermanos Lanatta que se llama La Triple Fuga y sale en unos meses por la editorial Planeta.

-¿Y los cuentos los tenías escritos o son nuevos?

Los estoy escribiendo ahora. Los dicto y después los re escribo, porque escribir es distinto a hablar. Cuando uno habla hay muchos vicios por eso después los re escribo.

-¿Cómo llegaste al bolsón?

Estoy en la casa de un amigo. Ayer actuamos, porque hacemos actuaciones cantando, recitando y dando conferencias en una librería muy importante de acá de El Bolsón. Dentro de unos días vamos a hacer un show completo con pianistas y muchos músicos y saldrá por Radio Alas que es la radio más importante de acá de El Bolsón.

-Cómo son tus días?

-Miro muchas series. Quedé atrapado con Heisenberg. Breaking Bad, como dijo Quentin Tarantino, es la mejor película de la historia del cine. Ya no se van a poder hacer más películas, dijo. Y un poco tiene razón, el cine yankee está moribundo. En cambio las series, The Killing, House of Cards, Games of Thrones, son mejores que las películas. Las películas yankees ya no se pueden ver más.

-A esta edad, ¿cómo es tu relación con el tiempo y con la muerte?

-Con la muerte no tengo relación, le tengo miedo. Las personas que no le tienen miedo a la muerte están locas. Es imposible no tenerle miedo o precaución. En estos días se han muerto inmensas personas. Fue un año nefasto para argentina porque se murieron personajes imprescindibles para la cultura de este país.

En cuanto al tiempo, el tiempo y el espacio, decía Kant, no existen. Son ideaciones de la mente para tratar de explicar lo imposible.

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