Este martes 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino. La tesis más aceptada es aquella que plantea que en 2001 el concejal brasileño de Esperantina, José Arimateia Dantes, promovió una ley para que los habitantes del pueblo se esforzaran en ayudar a sus parejas a lograr el orgasmo.

Para abordar esta placentera práctica conversamos con Constanza del Rosario, psicóloga y experta en relaciones de pareja y sexualidad, quien nos da luces respecto de cuánto hemos avanzado y cuánto falta aún por entender y sumar respecto de nuestra sexualidad en general.

¿Por qué el Día Internacional del Orgasmo Femenino y no del orgasmo?

La sexualidad femenina sigue siendo el “gran desconocido”. Entonces, claro, pasa lo mismo que con el Día Internacional de la Mujer; todas esas personas que -de alguna manera, no han protagonizado la Historia- merecen su día. La sexualidad femenina nunca ha protagonizado la Historia; ahora recién, con el cambio que estamos viviendo, estos últimos siglos, pero siempre el modelo de la sexualidad fue la del hombre.

¿Y es una cuestión de salud pública? 

Sí, tiene que ver con salud física y con salud mental. Tener una visión más completa y acorde al género de las personas con respecto a cómo funciona su respuesta sexual y -también, ojalá, el día de mañana- cómo enferman hombres, cómo enferman mujeres; es un asunto de salud pública. La salud pública no solamente tiene que ver con cómo enfermamos, sino que también con bienestar, y la sexualidad es una fuente de enfermedades y también de bienestar.

Como experta en el tema, cuando se manejan las estadísticas, ¿se hace desde un punto de vista internacional, latinoamericano? ¿En Chile estamos avanzados respecto del tema de las estadísticas?

En el sentido de estudios sobre la sexualidad, en Chile somos bien pobres; ha habido algunos intentos de estudios, pero lamentablemente los resultados de esos estudios no han sido publicados. Entonces, en general, las cifras que uno maneja tienen que ver más con cifras internacionales.

De acuerdo a lo que uno puede leer, el orgasmo tiene un sin fin de beneficios. Por ejemplo, al alcanzar los más altos niveles de placer segregamos endorfina, nos hace sentir más felices, acabamos con muchas tensiones físicas; un analgésico natural… ¿Cómo se podría abordar desde una perspectiva médica o de salud pública, o hasta laboral en algunas empresas? ¿Crees que con charlas, con hablarlo más, con estandarizar?

Constanza del Rosario

Yo creo que tiene que ver -uno- con formación, tanto de los profesionales que atienden en salud a la gente desde el colegio en adelante para conocer un poco mejor la sexualidad. Los seres humanos somos seres integrales, entonces sea lo que sea la patología que tengamos el día de mañana, probablemente puede influir sobre nuestras respuestas sexuales también. Y eso lo debería tener en consideración cualquier persona que dé medicamento o realice terapias. Por ejemplo, si alguien está en tratamiento de cáncer va a tener un impacto sobre su sexualidad. Entonces es súper importante la formación, tanto para otorgar guías para tener una vida sexual más saludable, como para dar una información para aprovechar más los recursos que tenemos. Entonces, sí, debería ser algo macro que vaya desde la salud a la educación. Y sí, charlas, talleres, formación, nos falta mucho.

O sea, ¿podríamos decir que desde las políticas públicas instruir a la gente que trabaja en el sistema público para que se considere, por ejemplo, como una opción a un tratamiento que pueda aportar mejoras?

La mayor cantidad de personas que van a tener un trastorno sexual, probablemente no van a tener los recursos para hacer el tratamiento psicológico que eso conlleva; y el tratamiento kinesiológico también, que muchas veces va asociado. Entonces, si no está visto como un tema de salud mental, no hay cobertura, muchos de los que tienen una patología siguen en ella por falta de información y esa información se la podría dar alguna de esas personas que los atienden; porque muchos de los pacientes llegan y hablan de esas cosas a sus médicos, entonces los médicos, las enfermeras, las matronas podrían darle información para guiarlos, pero como ellos mismos no saben cómo los van a guiar. Entonces una educación en salud sexual debería ser algo que debiera estar en la atención primaria y debería ser un tema de prevención también.

“Estamos recién en pañales”

Y considerando lo que planteas de que los hombres siempre discuten temas sobre mujeres, ¿crees que hoy hay un empoderamiento de parte de las mujeres en esos temas?

Está habiendo un empoderamiento femenino, pero eso no quiere decir que haya llegado a todas las clases sociales ni que veamos grandes logros a partir de eso. Hoy claramente las mujeres defienden más su placer sexual y están buscándolo y aprendiendo para obtenerlo, hay mucho movimiento en torno a eso, pero yo no diría que ha sido alcanzado, para nada. Estamos recién empezando, lo que es parte de ese camino. El mismo hecho de que hayamos tan pocos que sabemos de eso, habla de que estamos recién en pañales.

Y si mercantilizamos esta discusión con respecto a ese empoderamiento femenino, podemos decir que hay un verdadero mercado del orgasmo. En ese caso, ¿tú crees que nos beneficia a nosotras como mujeres o en realidad sigue estando dirigido desde una perspectiva machista?

Es que, claro, si lo ponemos como “el mercado del orgasmo” todavía sigue siendo el tema el alcanzar algo como parte de un rendimiento, sigue siendo una perspectiva machista. Pero si lo vemos como el derecho al placer -y el placer no necesariamente termina en un orgasmo- empezamos a tener una visión de la respuesta sexual femenina real. No todas las mujeres en un acto sexual van a tener un orgasmo, pero pueden igual tener una relación placentera. Entonces, siempre si reducimos estas cosas a cuestiones netamente físicas o de resultados, y no vemos lo que tiene que ver con las relaciones, de la relación de la mujer con ella misma, con su autoestima, o con su pareja, en donde hay un tema de poder y de violencia y otras cosas, va a seguir siendo súper machista.

¿Entonces podríamos decir que la publicidad o este mercado perjudican los patrones sexuales que tenemos como sociedad? 

No sé si necesariamente perjudica, pero sí sigue confundiendo, sigue teniendo una mirada reduccionista y eso no es bueno. Por otra parte, está bueno que el tema esté en el tapete. Por eso entonces no podría decirte “sí, totalmente perjudica”, pero claramente si se sigue hablando del orgasmo desde resultados genitales y no de personas y de conocimiento y de calidad de vínculos, bueno, claro, va a ser perjudicial el cómo se transmite y no el tema en sí.

Claro, es como cuando decimos que “toda publicidad es buena”…   

Totalmente, yo creo que hablar de sexualidad es súper importante, pero el tema es cómo estamos hablando de sexualidad: si es para seguir confundiendo, entonces mejor no digamos nada.

¿Y crees tú que Chile está cambiando en cuanto a discusión de sexualidad? 

Sí, está en un proceso de cambio, pero ¡somos un país demasiado tradicional y conservador!… No va a ser un cambio sencillo. Pero bueno, ahí está lo positivo, de que estamos en una nueva era globalizada y ya no es tan fácil callar a la voces que quieren hablar y mostrar lo distinto. El cambio se está dando y probablemente lo vamos a ver en generaciones más jóvenes que, ojalá, estén no solamente bombardeados de información, sino que estén educadas.

Claro, lamentablemente quizás este cambio se esté generando porque la generación está cambiando -para nuestros papás era más tabú por la institucionalidad de la Iglesia- y hoy estamos bombardeados por los medios de comunicación, por las publicidades. Pero -ojalá- pudiéramos tener una apertura en cuanto a discusión respecto del tema…

Yo creo que está bien una apertura de la discusión. Ahora, claro, las grandes instituciones están en crisis y estamos en una era globalizada en donde hay información que llega de otras partes donde están más avanzados en estos temas, pero también un montón de información que está completamente errónea. Creo que la diferencia hoy es que no solamente accedemos a la información, sino que hay personas que están empezando a guiar la discusión y ese es un lugar que tiene que ver un poco más con la realidad real y no con los ideales, y con respecto a una visión amplia, diversa, menos moralista, más científica y todo eso va contribuyendo.

¿Crees que debiera haber otra forma de abordar estos temas en el ámbito familiar? Con nuestros padres, hijos, hermanos, ¿hay una correcta manera de hablar de sexo o simplemente el “sin tapujos” es la clave?

Yo creo que debe ser auténticamente y con menos miedo. Poder confiar en que si uno le da información a los hijos, van a tomar mejores decisiones y eso es lo que se ha visto en países que tienen buena educación sexual; que aquellos que tienen mayor información y, además, la adecuada, pueden tomar decisiones más certeras. Entonces, no tener miedo a hablar y poder decir “sí, sabes que yo también tuve estas dudas” o “puedo entender lo complicado que puede ser esto”, ponerse en el lugar del otro, tener un poquito más de empatía respecto a los hijos y no tanta jerarquía.

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