Fernando Pairicán, historiador: “Ofrecen baños o el Registro Civil en mapudungún, pero seguimos sin derechos políticos”

El especialista examina los motores de la cada vez más evidente violencia estatal contra el pueblo indígena y el despojo de sus derechos colectivos. “Hay una mirada ideológica racial frente a lo indígena”, apunta. Además destapa que en pleno 2017 las policías “no están viendo seres humanos, están viendo indios (...)”.

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Fernando Pairicán es el autor de “Malón. La Rebelión del Movimiento Mapuche” (Pehuén, 2004) y miembro de la Comunidad de Historia Mapuche. A su larga experiencia en el estudio de la organización y lucha del pueblo originario derivada de la opresión del Estado chileno, se suma su mirada genuina como integrante mapuche, una identidad que potencia su aporte como historiador ante un escenario plagado de versiones oficiales hegemonizadas por el poder.

-Los últimos hechos de violencia en el Wallmapu, como el parto engrillada de Lorenza Cayuhan, lo que ocurre con la machi Linconao y el disparo que recibe en la espalda Brandon, un menor de edad, entre otros, vienen a poner en evidencia el rol militarizador de las policías en la zona. ¿A qué responde dicha estrategia?

-Este es un proceso de ocupación y los niveles de coerción policial responden a una estrategia política de recordar que el pueblo mapuche está ocupado, pero también hablan de la incapacidad política del Gobierno de entender la demanda mapuche como una lucha política.

Uno podría llegar a pensar en algún momento que se ha violentado al pueblo indígena de una manera que no tiene precedentes. Lo que ocurrió con Brandon lo simboliza, él es un joven de 17 años que ni siquiera es parte política del movimiento.

Por otro lado, está la mirada racial bajo la cual los policías están actuando. Antes había que perseguir a los terroristas, y aunque en este caso se habla de un mapuche común y corriente, ellos le dispararon a un indio. No están viendo seres humanos, están viendo indios. Por lo tanto, hay sujetos que pueden ser vulnerados desde el Estado porque tienen que aprender a portarse bien. Eso me parece que es inviable ya avanzado el Siglo XXI, como portador de derechos colectivos que es el pueblo indígena.

-Eso se evidencia en el hecho de dispararle a un niño, de espalda, en el piso, rodeado de su familia, aunque ellos lo atribuyen a un accidente, ¿qué simboliza esta fragilidad a la que está expuesta la infancia y niñez mapuche?

-Creo que la niñez mapuche, a partir del 2003, ha sufrido una dinámica de violencia, que obstruye el derecho a la infancia, a la integridad y la felicidad, según lo que plantea la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por Chile en el año 92.

Historias como la de Brandon es una de las más cruentas, pero se ha replicado en otros tiempos con los hijos de los Huenchullán, con casas violentadas. Un peñi de Rucañanco contaba que habían allanado su hogar en búsqueda de su papá y él despertó y tenía la pistola en su cabeza. ¿Cuál es la esquizofrenia de una policía que no ve el impacto psicológico que le está generando a la niñez mapuche? Pienso también en el caso de este peñi que fue tomado preso acusado de quemar camiones en Pitrufquén.

-Él (Francisco Painevilo) ya había vivido un episodio de violencia en su niñez.

-Él fue tomado por la policía, subido a un helicóptero y torturado. Fue colgado del helicóptero, le decían que lo iban a lanzar. ¿Esperabas que esa persona no luchara hoy día por sus derechos colectivos? Muchos que vivieron esa niñez mapuche violentada son quienes  irrumpen como actores políticos, como el caso de Mijael Carbone, a quien se le vio en 2009 corriendo detrás del auto donde va su abuela prisionera. Mijael es hoy día uno de los rostros públicos del movimiento mapuche.

-¿Cómo se explica la persecución que ha vivido la machi Francisca, considerando su figura como autoridad ancestral, y qué piensas de la violencia que comienzan a experimentar de forma directa las mujeres mapuche activistas, como ocurrió con el reciente asesinato de Macarena Valdés?

– A la machi se le vulnera su derecho como mujer, y entiendo yo que el Sernam debe revertir o denunciar cualquier tipo de vulneración contra éstas y la ministra no se pronunció durante toda la huelga, sólo al final. Eso habla muy mal de ella. También hay una vulneración a su rol como autoridad tradicional, que los convenios internacionales lo plantean, ya que ella debe ser tratada de una manera particular.

Hemos visto una proliferación de violencia, en el último tiempo, contra la mujer indígena, aunque siempre la ha sufrido. En 2002, cuando se allanaban las comunidades, las mujeres eran abiertamente golpeadas, a patadas o bajo violencia verbal. Hoy, como el mundo de las mujeres mapuche también es activista, hay vulneraciones como la de Macarena Valdés, o el caso de la machi Francisca Linconao. Ella es emblemática, como adulta mayor te habla de la figura de las papay y los chachai en el mundo mapuche. Me recuerda también a las hermanas Quintreman y la importancia que ellas tuvieron en la forja, sin quererlo, de una identidad política de los jóvenes y niños que las miraban a ellas como parte fundamental de la lucha del pueblo.

-Han surgido muchas voces a opinar sobre el caso Luchsinger Mackay. Fernando Villegas y Soledad Bacarreza realizaron comentarios donde asumen culpable a la machi de lo que se le acusa. Hay una presión de la derecha también, ¿cómo crees que avanzará el juicio en medio de este escenario?

-Hay una mirada ideológica racial frente a lo indígena. Lo de Villegas responde a vociferar esa perspectiva, pero la contradicción que veo en él es que siempre habla de la República y sus derechos, por lo tanto sabrá que una persona a la que no se le ha comprobado una culpabilidad, no tiene por qué estar en prisión. No puede haber sentencia mediática frente a un tema en proceso de investigación.

Lo que enreda esto son justamente personas como ellos y cuando sacan abogados como Manuela Royo, cuando la jueza se auto invalida en el proceso de los Luchsinger Mackay, cuando hay fiscales que son amenazados por su forma de llevar adelante los procesos judiciales. Hay que ser honestos y plantear que la justicia querellante tampoco ha sido transparente frente a esta demanda y deja espacio para pensar que no hay pruebas suficientes ni garantías en los procesamientos judiciales y por lo tanto, que la aplicación de leyes de excepción, como la Ley Antiterrorista, a veces enreda mucho más un caso que ayudar a resolverlo.

El terrorismo sólo existe en la mente esquizofrénica de personas que ven a los indígenas como sujetos de dominación y que tienen que seguir viviendo como en el siglo XX, tratándolos de patroncitos o agachando la cabeza cuando aparecían. Esa es la historia que queremos modificar todos y todas las integrantes del pueblo mapuche.

-¿Qué factores explican la criminalización y persecución que vive actualmente el pueblo mapuche?

-Responde a una construcción histórica colonial donde han visto siempre a los mapuche como personas que se tienen que adaptar a la chilenidad y ser unos chilenos más. También hay un aspecto cultural, ya que La Araucanía se construyó en oposición a lo mapuche, como consecuencia de una conquista. Si viajas desde Los Ángeles hasta Villarrica, te encuentras con cruces y avenidas con los nombres de los principales conquistadores del Siglo XIX: Avenida General Urrutia, Avenida Cornelio Saavedra o el estadio Germán Becker. Es un país mapuche ocupado y colonizado que se encargan de recordarnos diariamente.

Otro aspecto tiene que ver con la idea de la Concertación de mantener la gobernabilidad, supeditando los derechos colectivos del pueblo indígena al desarrollo económico. La pregunta es, ¿por qué los indígenas tenemos que pagar siempre los costos del progreso de la sociedad no indígena? Pagamos los impuestos, pero no tenemos derecho a estudiar nuestro idioma en un colegio público, sobre nosotros siguen decidiendo personas no indígenas, entonces somos una ciudadanía incompleta, nos cobran todo, pero no tenemos derecho a decidir. Lo que ofrecen es multiculturalismo, como los baños en mapudungún o el Registro Civil, pero que en la práctica no cambian nuestra realidad social. Seguimos siendo sujetos sin derechos políticos y eso es inviable en una sociedad donde el 15% de la población es indígena.

-¿Hacia qué camino se puede vislumbrar una forma de empezar a enfrentar este problema? Gabriel Boric dijo que no se podía solucionar sin tocar los intereses de Matte y Angelini y que no pasaba por un tema de seguridad pública.

-Yo lo veo como una gran transición cultural; tiene que haber de parte de Chile una decisión de liberar a los presos políticos mapuche, ya que no puedes tener conversaciones de buena fe en la medida en que hayan prisioneros de conciencia en las cárceles chilenas. En segundo lugar, hay que incorporar el derecho a la autodeterminación. Chile se tiene que pensar desde una perspectiva plurinacional y ver cómo vamos a construir este país en conjunto con los espacios y autonomía para que el pueblo mapuche y otros pueblos indígenas puedan llevar a la práctica ese derecho humano fundamental. Hay que generar una política cultural desde el ámbito educacional para vivir esta transición, pasando de una sociedad criolla dominante a una sociedad de múltiples colores que nos permitan profundizar una democracia real para las personas que vivimos acá.

-En los colegios también nos enseñan acerca de la pacificación de La Araucanía, como si se tratara de un pueblo que hubo que someter y ese legado se hace sentir en nuestras visiones.

-Sin duda esto responde a los intereses asociados del capitalismo, ya que el movimiento mapuche cuestiona uno de los pilares fundamentales de la transición democrática y de los gobiernos post Pinochet, que es el modelo económico. Muchos empresarios son quienes han financiado por largo tiempo a la clase política y por tanto es cuestionar la asociación entre poder político y económico. El pueblo mapuche interpela a las salmoneras, a las forestales y te propone un nuevo modelo de extractivismo, que no vulnere la tierra y que la acumulación no tenga que ser a costa de destruir la biodiversidad que va quedando.

-En la última encuesta Cadem, un 78% de los consultados afirmó que existe una deuda histórica con el pueblo mapuche, que son discriminados y tienen derechos ancestrales sobre las tierras que reclaman. ¿Es una base para avanzar? ¿Pareciera haber un entendimiento a pesar de la criminalización del Estado y los medios?

-Honestamente, no me sorprende, porque pese a que hemos planteado que el racismo es transversal -que clases altas y populares son racistas- algo ha cambiado. El pueblo mapuche está sufriendo menos racismo por la llegada de los migrantes y el mundo afro, entonces los prejuicios raciales también han girado hacia ellos. Chile sigue siendo un país altamente racista y misógino.

Sin embargo, las personas comunes saben que hay una deuda con los mapuche y que los engañaron. No están de acuerdo con las quemas de camiones, pero sí con que recuperen sus tierras. La gente hace su lectura, especialmente desde el cambio cultural que se produjo en 2011 por las movilizaciones de los estudiantes. El movimiento mapuche ha explicado que hay una serie de demandas que son justas y creo que la gente lo entiende. Los nuevos jóvenes ven en la lucha mapuche dignidad y yo creo que Francisca Linconao simboliza eso también.

-Ella despertó gran solidaridad entre las organizaciones sociales chilenas y muestra una ruptura respecto a lo que han informado los medios.

-Los medios de contrainformación son una herramienta importante. Si bien Internet no llega necesariamente a las comunidades mapuche, los medios informativos independientes han cumplido un gran rol. También hay que darle espacio a los escritores mapuche, que han mantenido una producción cotidiana y creo es fundamental la solidaridad de género de las activistas feministas. Fue importante en hacer visible lo sucedido con la machi Francisca Linconao y te habla que en momentos de vulneraciones ambos movimientos se pueden unir para una lucha común, que vieron como un símbolo. Y creo que la machi es un símbolo, porque de ella se desprenden todas las vulneraciones que el pueblo mapuche vive en su conjunto.

Artículo publicado originalmente en el número 203 de nuestra edicíon impresa.

Por Vanessa Vargas Rojas
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