Foto: Daniel Labbé

Protagonista de la lucha de las mujeres chilenas por recuperar y ganar derechos esenciales, la economista feminista Gloria Maira (RD) conversa sobre el extenuante recorrido que ha debido atravesar en nuestro país el aborto y la cruda realidad de quienes enfrentan la causal más resistida, la de violación, entre otras aristas del debate. “Seguimos siendo las serpientes de la Biblia, las perversas”, apunta la también vocera de la Mesa de Acción por el Aborto en Chile.

Junto con ello, la ex subsecretaria del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) analiza la respuesta estatal ante la violencia de género y se refiere también a la situación de las mujeres al interior del Frente Amplio. “Cuando hablas con las militantes aparecen con mucha frecuencia las dificultades para llegar a espacios de poder”, destaca Maira.

¿A qué atribuye que a nuestro país le cueste tanto avanzar en un tema como el aborto? ¿Los grupos conservadores tienen de pronto un poder mucho más fuerte y subterráneo de lo que conocemos?

Efectivamente los sectores conservadores han estado en el poder desde siempre, desde la dictadura en adelante, sentados en la presidencia y en los espacios de poder. O sea, cuando en Chile durante años se habló de los poderes fácticos, uno de ellos tiene que ver con los sectores conservadores, con la Iglesia, que tuvo púlpito durante la dictadura -sectores como (Jorge) Medina, por ejemplo, no quienes defendieron a los perseguidos políticos- y que tuvieron directa relación con la prohibición total del aborto. Y una vez recuperada la democracia, durante los gobiernos de la Concertación -acuérdate que cada vez que hubo algún tipo de iniciativa, como las JOCAS (Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad) las tiraron para abajo rápidamente. La derecha económica y conservadora en lo moral, en torno a los derechos y libertades ha tenido poder y sigue teniéndolo.

¿Es distinto a lo que ocurre en otros países de América Latina?

No lo creo. La diferencia está en que como país veníamos en un proceso de profundización democrática, un avance en justicia social muy fuerte que se rompe con un golpe de Estado. Y durante todo el tiempo de la dictadura, el discurso fue “las mujeres en la casa y con muchos cabros chicos”. Fue un discurso que reafirmaba el lugar de las mujeres en lo doméstico, un jefe de hogar hombre, que se encargaba de la familia. Lo que intentaron hacer fue desmontar la planificación familiar que se había instalado con Frei Montalva y acentuado con el presidente Allende, ponerle coto a la distribución de anticonceptivos, a las prestaciones de salud reproductiva, salvo las que tuvieran que ver con la maternidad. Entonces, cuando el dictador nos deja como regalo a las mujeres la prohibición absoluta del aborto, revertir eso ha durado muchas décadas porque es algo que te queda en la impronta cultural. Puede que la gente no haya estado de acuerdo, pero es desde el miedo, desde el silencio, desde el estigma. Y ha sido el trabajo de las organizaciones de mujeres, de las feministas, que desde antes de la recuperación de la democracia exigimos al menos la recuperación de lo que existía en materia de aborto y después francamente aborto libre. Entonces, siento que ahí hay un momento histórico de impronta conservadora, neoliberal, que después no fue desmontado o no tuvo un contra-discurso desde el poder ya democrático por parte de los gobiernos de la Concertación.

¿Y cómo se entiende que antes del ‘89 no haya habido una prohibición absoluta del aborto?

Porque Chile tuvo desde comienzos del siglo pasado una postura muy de punta en lo que era la salud reproductiva y la preocupación por la “salud materna”, como se le llamaba en ese tiempo. De hecho, tuvimos aborto terapéutico a partir de la década de los `30 y eso coincidió con otros países de América Latina, no fuimos los primeros, pero estuvimos entre los primeros por una razón básicamente de mortalidad, porque la cantidad de gente que se moría por abortos provocados era brutal. Para las trabajadoras en ese tiempo no había ningún tipo de protección a la maternidad, quedaban embarazadas y chao, las despedían; hoy no con tanto descaro, pero sigue sucediendo. Y, por lo tanto, el aborto provocado era una epidemia con métodos absolutamente invasivos y destructores, como las sondas, el tallo de perejil, y habían sectores completos de los hospitales dedicados a la atención de los abortos provocados.

Entonces, por un problema de salud púbica Chile tuvo tempranamente un código terapéutico incluido en el Código Sanitario y hubo un desarrollo en planificación familiar interesante. Hay todo un desarrollo de la medicina social, que se va gestando al calor de lo que fueron las luchas populares. El Anillo de Zipper, que fue un antecesor de lo que después llegó a ser el diafragma en términos de métodos de anticoncepción, lo hizo un chileno. Después vino la Alianza para el Progreso en los `60 que también planteaba el control de la natalidad como una forma de salir de la pobreza, por lo tanto la planificación familiar entraba muy fuertemente, y eso se cortó abruptamente con la dictadura, se echó para atrás, “volvamos a la vida como es”; como la ideología de género que trata de instalar que los hombres son hombres y las mujeres en sus casas, con hartos niños, protegiendo la familia y el hombre proveedor del hogar, y eso se instaló muy fuertemente.

Como mujer vinculada a la política, ¿qué sensación le dejó el debate en torno al aborto que observó en el parlamento?

Lo voy a poner desde otro lado. Me parece que la rabia que manifestó Lily Pérez, que no es precisamente una mujer de izquierda, nos interpreta muy profundamente. Se dice que hay ignorancia… y no, hay una postura ideológica, mediocre y burda en sus argumentaciones, que recurre no solamente a la Biblia -lo que en realidad en un país laico no debería ser así para la fundamentación de una ley-, sino que también es denigrante para las mujeres, atentatoria contra nuestra dignidad. O sea, seguimos siendo las serpientes de la Biblia, las malas, las perversas; o somos la Virgen María, la imagen de la madre, o somos prostitutas. Nuestra palabra no vale, nuestra condición moral estuvo en entredicho todo el tiempo. Entonces, el personal de salud puede tener objeción de conciencia respecto de hacer un procedimiento, pero las mujeres no podemos tener el mismo nivel de conciencia a efectos de poder tomar una decisión tan determinante para nuestras vidas. Entonces fue un debate lamentable. Lo que sí quiero rescatar es que siento que durante esos dos años y medio hubo también de parte de algunos legisladores -porque las mujeres convencidas ya estaban, no estoy hablando del sector conservador- que fueron incorporando lenguaje y argumentaciones que no estaban al principio. Cuando yo escuché a Rabindranath Quinteros (PS) hablar del derecho de las mujeres a decidir, dije “algo logramos colocar, algo logramos hacer”. No te digo que se hayan deconstruido en su machismo, pero yo creo que a varios les entregó argumentaciones y visiones nuevas, lo que es súper importante para lo que venga de ahora en adelante.

Una de las tres causales más resistidas es la de violación. Cuando uno escucha a algunos parlamentarios decir que ellos sí estarían dispuestos a traer al mundo y hasta apoyar como padres la crianza, por ejemplo, de un nieto nacido producto de una violación, uno duda. ¿Usted les cree o piensa que hay mucha hipocresía en ese discurso?

Yo creo que en primer lugar hay una hipocresía. Me parece que en las decisiones en la vida la condición de clase pesa mucho. Pero a mí me parece que el problema no está en lo que diría el padre o la madre de esa joven violada, porque estamos hablando de niñas o de adolescentes, que son los grupos que mayormente son objeto de violencia sexual, reiterada, en el espacio de la familia, y de la violencia casual también. Entonces, en el caso de esas niñas que se ven enfrentadas a un embarazo forzado, a una gestación forzada, el hecho de que la familia presione por mantener el producto de esa gestación en contra de la voluntad de la niña, yo creo que esa es la agresión fundamental que se produce desde el entorno inmediato de la afectada. Hay una investigación de violencia sexual de la cual Lidia Casas habló en el Tribunal Constitucional (TC) cuando hizo el alegato, en donde se entrevistó a funcionarios públicos -yo participé de ese grupo interdisciplinario- y ellos te dicen que por ley lo que hacen es trabajar el apego. Y si el apego no resulta, trabajan la adopción; pero en ese orden de cosas. O sea, primero apego, apego, apego, y después adopción. Y que cuando se plantea la adopción, quienes se oponen a ella es el entorno inmediato de la niña afectada. Entonces hay una doble victimización o una reimposición de un embarazo forzado. Yo creo que ahí están las situaciones más complicadas de manejar. Es en la causal de violación donde se encarna la decisión de la mujer realmente, porque en las otras dos el peso de lo médico es muy grande; pero es en la violación donde una está en la titularidad plena de decidir o no si continúa con esa gestación.

Foto: Pablo Ovalle Isasmendi / Agencia Uno

En la disputa en el Tribunal Constitucional se señaló que había un choque de derechos entre el de la mujer a decidir sobre su cuerpo y el que planteó Chile Vamos, en cuanto a que se vulnera el derecho a la vida del que está por nacer. A su juicio, ¿por qué debe prevalecer el primero?

Aquí estamos hablando del primer trimestre de gestación, salvo en el caso de violación de las niñas que son 14 semanas, que es muy bajito, en el sentido que deberían haber sido al menos las 18 que planteó el proyecto original. Y en el primer trimestre de gestación -o sea, dentro de las 12 semanas- todas las legislaciones que permiten el aborto -ya sea en indicaciones o plazos- claramente establecen la prelación de los derechos de la persona nacida, en este caso la mujer, respecto del feto o el embrión. A medida que las legislaciones en el mundo establecen -sobre todo las que tienen plazos, las que hablan del aborto en el primer y segundo trimestre- que a medida que la gestación avanza -y hasta llegar al umbral de viabilidad, es decir, cuando ese ser fuera del cuerpo de la mujer pueda sobrevivir por sí mismo-, lo que va sucediendo es que el nivel de protección del derecho a la vida del que está por nacer va gradualmente aumentando porque estamos hablando de un ser que va ganando viabilidad, por lo tanto en el tercer trimestre del embarazo, cuando ya pasaste de las 20 semanas, nunca se habla de aborto, sino que de parto, porque vas a tener una persona, ahora sí, nacida.

Entonces, no es un conflicto de derechos en términos del que está por nacer y de la mujer gestante, porque el que está por nacer en un primer trimestre no está por nacer, es una gestación en donde la viabilidad humana es imposible fuera del cuerpo de la mujer y, por lo tanto, ahí lo que establece la jurisprudencia en casi todos los países del mundo -y por supuesto también de parte de los órganos de protección de los derechos humanos- es que lo que prevalece son los derechos de la mujer a decidir respecto a esa gestación, si la continúa o no. Y esas decisiones, que las tomamos las mujeres durante toda la vida -mi generación, las anteriores y las actuales, porque el aborto en el país es una realidad, las mujeres en este país abortamos- tienen que salir de la clandestinidad.

Usted renunció al Sernam a fines de 2015 por su disconformidad con cómo iba avanzando el proyecto del aborto…

Yo tuve una diferencia muy grande con el asunto de las niñas particularmente, porque los embarazos en las niñas -y te diría que en las menores de 18 años en general, pero sobre todo en las menores de 14 años- son embarazos que una debe entender susceptibles de que sean producto de la violencia sexual. Cierto es que hay relaciones sexuales consentidas, a los 12, a los 11, pero en general la prevalencia es que son embarazos producto de violencia sexual reiterada por parte de hombres de su entorno: el padre, el padrastro, el tío, el abuelo, el hermano… y resulta que esa violencia sexual se descubre cuando se descubre el embarazo, y eso a su vez ocurre cuando es visible, es decir, alrededor de la 12ava semana. Entonces, cuando el proyecto original planteó 18 semanas, que ya estaba por debajo de lo que plantean otras legislaciones, fue considerando que entre que descubres el embarazo, trabajas con la niña para ver si es producto de violencia sexual o no, y estableces un acompañamiento que le permita discernir si quiere o no continuar con la gestación, chuta, el tiempo pasa rápido… Y además de eso, como hay objeción de conciencia del equipo que haría la intervención, resulta que las 14 semanas se te hacen agua. Entonces, para mí la rebaja en el número de semanas…

Era algo esencial

{destacado-1} Claro, porque finalmente a quienes desprotegemos es específicamente al grupo que tiene mayor vulnerabilidad frente a la violencia sexual y el embarazo forzado. Porque -no todas- pero las jóvenes universitarias frente a un embarazo, o mujeres adultas, de alguna manera tienen redes, puedes acceder a información, conseguirte la plata, hacerte un aborto seguro con Miso, pero no es el caso de las niñas. El informe que te mencioné es contundente. Me acuerdo del caso de una niña de 11 años que llega de la mano del agresor, embarazada, con la madre al lado. Esa cabra chica no entiende nada.

¿Llega con alguien de su entorno?

Sí, era la pareja de su madre, que no le creía que había sido el padrastro que la había embarazado. Pero después, lo perverso es que, además, esos padres violadores ¡reclaman paternidad!… ¡Y visitas! Entonces es abyecto lo que se está creando en esos entornos. ¿Qué seres y qué dignidad salen de ahí? Estoy hablando de la niña embarazada de una violación, pero también de un cabro chico que a los 14 años empieza a preguntar cuál es su origen. Entonces fíjate que los propios funcionarios decían que las posibilidades de reparación del daño psicológico tanto de esa niña y adolescentes, como de esos cabros y cabras ya adolescentes, son muy pobres, precarias.

Se perpetúa una victimización

Se perpetúa, y además se perpetúa un trauma con el cual tú te encuentras todos los días. Había un funcionario que hablaba que en las mujeres adultas el gran problema que tienen es decirle a estos que son sus “hermanos”, que no son sus hermanos, que son sus hijos, porque su padre la violaba… Y todo esto en función del “derecho a la vida”… ¿A la vida de quién? ¿Qué tipo de vida es la que estás ofreciendo a todos los que están involucrados en esta perversión?

ABORTO LIBRE: “DE AQUÍ NI UN PASITO PARA ATRÁS”

Yo le preguntaba anteriormente por su salida del Sernam a raíz de las diferencias que tuvo respecto del proyecto de aborto. ¿Qué le parece el que tenemos hoy?

Creo que el proyecto es un hito. Que se apruebe es un hito en la historia de este país, porque llevamos muchas décadas exigiendo que esto suceda. Ha habido un activismo permanente de parte de las mujeres y las feministas por llegar acá. Esto no lo abre el proyecto de ley, esto cae en un terreno abonado de muchas décadas de trabajo, de sacar el aborto no de closet sino que de las catacumbas, porque el discurso en todas partes, en los medios de comunicación, en los colegios, era “crimen”, entonces yo me convertía inmediatamente en una asesina. Entonces es un hito porque al presentarse el proyecto de ley se abre una discusión en ciernes que ya la veníamos colocando y el país se abre a discutir no solo en el parlamento y no solo sobre las tres causales, sino que sobre el aborto. Y yo creo que eso es una gran ganancia para las mujeres de este país sobre lo cual hay que construir; de aquí ni un pasito para atrás, todo para adelante. Adimark sacó el 8 de marzo de este año en una especie de crisol, de estadísticas respecto de las mujeres, una sobre aborto, y el 52% de las mujeres en Chile considera que el aborto debiera ser un derecho. La estadística no volvió a aparecer -yo la busqué, pero no volvió a aparecer-. Eso es un cambio cultural que es necesario fortalecer.

Y también es un hito a nivel de región porque los países con legislación más restrictiva están en América Latina y por lo tanto es un proceso que está visto con mucho interés de parte del resto de la región, es como un efecto dominó. Y además porque el debate del proyecto en tres causales es un debate en donde se ha producido argumentación importante que nutre no solo la lucha en Chile de las feministas, sino que tiene mucho más trascendencia que eso. Ha habido un salto cualitativo y eso es desde cualquier punto de vista rescatable. La despenalización social del aborto es importante que se mantenga, y desde ese lugar me parece que el proyecto marca un hito. No hemos abierto la puerta, le sacamos la tranca.

Una suerte de “advertencia” que se realiza desde los opositores al aborto en tres causales es que este abriría la puerta a un aborto libre. Sin embargo, esa idea en un sector de la sociedad resulta totalmente legítima. ¿Piensa que luego de una aprobación de este proyecto ocurrirá eso y es usted partidaria del aborto libre?

Yo soy partidaria del aborto libre que yo traduzco como uno por decisión de la mujer. De eso he sido partidaria toda mi vida y moriré siéndolo. Para mí las mujeres tenemos todas las razones para interrumpir un embarazo o no hacerlo. Y en la experiencia personal, yo te diría que entre mujeres las razones que tenemos para abortar son infinitas, como dice la consigna. Porque estoy estudiando, porque fue por violación, porque en este momento no quiero ser madre, porque quiero pensar en más adelante, porque no tengo plata, porque estoy sola, cualquiera sea son todas muy legítimas. Pero se duda de eso y se piensa que el aborto es una cosa como que todas las mujeres son promiscuas, que saltan de cama en cama, y los jóvenes también. Entonces cuando se habla de aborto libre la imagen que quieren ellos vender es que nosotras vamos a ir como de hospital en hospital haciéndonos abortos.

Se caricaturiza

{destacado-2} Se caricaturiza y, además, es denigrante para nosotras. ¿Por qué razón nuevamente esa visión de “o la Virgen María, o la prostituta”? Nos volvemos a mover subjetivamente en esa dicotomía. Y sobre si se abre la puerta al aborto libre, creo el proyecto es absolutamente limitado, y en el debate parlamentario los sectores conservadores se encargaron de poner uno y otro obstáculo para que -de llegar una mujer a acceder a la prestación- sea una carrera contra el tiempo, hay que ponerse zapatillas de clavo, para ver con suerte llegar a acceder al aborto legal. Entonces que me digan que esto es una entrada al aborto libre, digo: ¿saben qué?, esto va a ir en beneficio de un 3% o un 5% de las mujeres que van a verse en estas condiciones y el resto va a seguir abortando de manera clandestina.

Ahora, que la lucha por el aborto libre continúa, por supuesto que continúa. El próximo paso es demandar una ley de plazos. Es decir, una que permita en el primer trimestre de embarazo que la mujer tenga libertad de decisión sobre continuar o no una gestación. Y eso en todos los países en donde existe se hace con conserjería. Si tú estás embarazada, por protocolo hablas con un asistente social o con una psicóloga que mira el grado de certeza que tienes en esta decisión, cómo llegaste a tomarla -sobre todo para mirar si no es una decisión que está siendo coaccionada, obligada por otra persona- y si hay una reafirmación, se hace. Eso es aborto libre y creo que es importante resignificar la palabra libre en este caso. Los sectores conservadores son muy dados a decir que defienden la libertad a toda costa -la libertad de competencia, de mercado- pero eso tiene un límite cuando hay otra vida en camino. Pero a ver, perdón, la libertad es la autonomía que tenemos las personas de poder decidir sobre nuestras vidas. Eso es una noción de libertad.

NO MÁS FONDOS PÚBLICOS

De pronto ha habido un enfoque en la discusión del aborto en cuanto a hacer también justicia en términos de clase, pensando en la diferencia de condiciones de una persona de clase alta con una de escasos recursos para poder acceder a un aborto seguro. ¿Cree que ese enfoque ha estado ausente en esta discusión, desde el mismo Gobierno?
No creo que haya estado ausente. Precisamente una de las discusiones que han puesto los sectores conservadores es decir que no solo se despenaliza, sino que además se otorga la prestación. Y obvio que tiene que otorgarse la prestación porque estamos en un país profundamente desigual, y el sustento de eso es justicia social. Eso -traducido en términos de clase- tiene una noción de clase, porque quienes llegan al servicio público -que es el 80% de la población- no están en condiciones de poder pagar un procedimiento, libremente, a opción, en una Isapre. Además que las isapres no sé hasta dónde estarían dispuestas, ese va a ser otro gallito. Por lo tanto, cuando se dice que tiene que existir la prestación y que tiene que ser de acceso universal se está apunando exactamente a la gran parte de la población de mujeres que no tiene recursos para acceder a una interrupción privada. Y yo creo que precisamente es ahí donde el trabajo de seguimiento a la implementación de la ley va a tener que ser tan fiero.

Claro, porque tenemos el ejemplo de lo que ocurrió con la píldora del día después, donde hubo consultorios, farmacias, que se negaron a entregarla

Y todavía hay centros de salud en la (Universidad) Católica que no entregan la anticoncepción de emergencia y siguen recibiendo financiamiento público. Eso no puede ser. Hay un mandato del Ministerio de Salud en la anticoncepción de emergencia que es una prestación a la que deben acceder las mujeres y, al mismo tiempo, ese es un mandato universal. Si hay alguna clínica, un centro de salud privado que no lo quiera hacer no puede recibir fondos públicos. Qué dice la Católica: “no, es que vamos a tercerizar, vamos a derivar a quien le haga el procedimiento de aborto”. Después de que hagan pasar a esa persona por la tortura de “pero cómo vas a hacer esto”. No, simplemente no debe haber fondos públicos. O sea, tiene que ser en la red pública, y si no es ahí, sino que se auspician algunos centros privados que tengan la acreditación del Ministerio de Salud, tienen que ser centros privados que respeten la decisión de las mujeres, que no hagan un acompañamiento disuasivo, y eso es algo que nos va a tocar vigilar.

VIOLENCIA DE GÉNERO: “FINALMENTE SIEMPRE COMO QUE LA RESPONSABILIDAD CAE EN LA MUJER GOLPEADA”

Podemos decir que uno observa que el tema de la violencia de género está instalado, vemos movilizaciones masivas, a organizaciones mucho más empoderadas, pero aún seguimos permanentemente encontrándonos con casos de violencia contra la mujer. ¿Qué falta para atacar más urgentemente ese tema?

Foto: Daniel Labbé

La pregunta es amplia porque la violencia contra las mujeres está amalgamada en nuestra construcción como sociedad machista, patriarcal, donde la violencia está justificada desde un lugar de supremacía de los varones, cultural y socialmente hablando. “Yo te dejo trabajar”, “yo te dejo que salgas con tus amigas”, yo dejo que hagas esto”… Sigue siendo un lenguaje cotidiano.

Naturalizado…

Absolutamente naturalizado. Cuando se dice “¡no! a las mujeres no hay que pagarles”, todavía suena un dejo de eso de “ni con el pétalo de una rosa”, ¿entiendes? Como el “sexo débil”. “A las mujeres no se les pega”, eso te decían a ti cuando eras cabro chico. “¿No ves que ellas son debiluchas?, son como el sexo débil, péguense entre los hombres, a las mujeres no”. No es esa la noción de no violencia que nosotras queremos, sino que desde el respeto hacia otra persona, de una relación igualitaria entre hombres y mujeres, y para eso es necesario muchas cosas. Yo creo que, en primer lugar, de parte del Estado, campañas muchísimo más agresivas en contra de la violencia hacia las mujeres; en la educación, por supuesto, pero también en el hoy, porque en la educación estás apuntando a las nuevas generaciones. Porque estamos hablando de décadas, y también tienes un trabajo que hacer en el hoy. ¿No has escuchado a tus congéneres que te dicen: “no, yo soy machista porque mi mamá me crio así”? Eso es una falacia, porque la socialización pasa por la familia, por la escuela, por la iglesia, por el partido de fútbol, por todo. O sea, aquí la construcción machista todo el mundo apoya, pero si tú te dices a ti mismo: “yo tengo una construcción machista porque mi mamá o porque mi entorno era así, mi familia”… bueno, te cabe una responsabilidad personal por deconstruir, por desmontar esa construcción…

Desde el momento en que uno se hace consciente

Claro, desde que te haces consciente. Y yo no tengo para qué esperar que tú eduques a tus hijos en otra mentalidad, sino que para ti como ciudadano eso debiera ser una interpelación. Entonces siento que también hay una necesidad de campañas permanentes que reafirme una sociedad no tolerante con la violencia hacia la mujer.

Y lo otro es que la oferta institucional de atención a la violencia contra las mujeres tiene que mejorar sustancialmente de calidad. Tenemos un esfuerzo importante de parte del Estado, a partir de la recuperación de la democracia; apareció la primera ley, después se reformuló, pero quedó todavía con bastantes vacíos. Ahora el Ministerio de la Mujer metió una nueva ley de violencia contra las mujeres que está en debate en el parlamento, que amplía los rangos a otros espacios y no los deja solamente al nivel de la familia. Y se ha construido una oferta institucional: tienes los centros de la mujer, las casas de acogida, y tienes un montón de centros de atención a víctimas de violencia en el Ministerio de Justicia, en Interior, dependiente de la PDI. O sea, hay un enjambre pero esa oferta está disgregada, no construye integralidad, y hace que la mujer tenga una especie de ruta crítica entre instituciones que no ayuda a sostenerla en su decisión de salir de las relaciones de violencia. Incluso, por ahí alguien hablaba de la “desesperanza aprendida”. Y por lo tanto siento que ahí se requiere un salto cualitativo en políticas de igualdad, y en particular en políticas que atiendan la violencia contra las mujeres.

Este no es solamente un problema del Ministerio de la Mujer, es un problema del Estado en su conjunto. Entonces hay que darle una vuelta de tuerca para buscar una mayor coordinación entre entidades, una no revictimización, Desde el aparto de Justicia a las mujeres le dan las cautelares, pero ¿quién vigila las medidas cautelares?… nadie. Carabineros hace un par de rondas porque le avisan, pero tú no involucras al lugar de trabajo de la mujer, a nadie más, entonces ahí está ella sola con su papelito. Y todavía existe de parte de la respuesta pública esto de “qué habrá hecho”, “váyase para la casa tranquila”; hay todavía una negación o una no tomada en serio de las cosas. Eso de “bueno, pero si le pegó no más” o “no le pegó, solo la insultó”… No hay una dimensión de a lo que te está llevando eso. Entonces es necesario un salto cualitativo: reingeniería de la política pública, campañas mucho más agresivas para el hoy y lo que puedas hacer a nivel de educación.

¿Qué rol le asigna a los medios de comunicación?

{destacado-3} Es atroz. A ver, cada vez que se habla de aborto ponen a un feto de 8 meses con las manitos formadas y no sé qué. Cada vez que se habla de violencia contra las mujeres entonces es la foto atroz del morbo. Y si tú analizas las noticias hay mucho de eso de “dicen los vecinos que era un buen hombre” y seguramente esa era la percepción que había, pero el medio de comunicación de lo único que habla es de “iba a la junta de vecinos”, “nunca llegaba tarde al trabajo”, “¡era tan buen padre!”, y eso es toda la noticia. “Se dice que ella tenía por ahí su enredo”, entonces estás construyendo sobre un hombre impoluto y sobre una mujer respecto de la cual hay un punto de interrogación. Estás reafirmando permanentemente imaginarios que de una u otra manera te llevan a decir: “Bueno, pero es que ella se puso en ese lugar”; o “no, si ellos siempre tenían peleas, nosotros le decíamos, pero ella no quería denunciar”. Entonces, finalmente siempre como que la responsabilidad cae en la mujer golpeada y yo siento que los medios de comunicación ahí no han hecho una relectura de su lugar como una institución en construcción de la democracia y la justicia social que lleve a establecer discursos distintos, no porque vas a tergiversar los hechos, pero sí a colocar esto como un problema donde no hay justificación posible y donde el hecho de que el tipo haya sido un buen vecino no es un atenuante respecto de lo que está haciendo. Yo siento que ahí hay algo muy muy potente. Y te lo digo no solo respeto de los medios, sino que también de las autoridades. Para mí de las imágenes más violentas que hubo este año fue la imagen de la muñeca.

Lo de Asexma, con el ministro de Economía

Yo cuando vi esa cosa, dije: a lo menos le cuesta la cabeza al ministro, pero no pasó nada. Entonces, fíjate el mensaje que en lo simbólico tú estás dando. Yo, además, pensé en las prisioneras políticas durante la dictadura, desnudas, piernas abiertas y con la boca tapada, y cinco o seis machos detrás muertos de la risa. A mí, como mujer, te juro que me caló hasta los huesos.

Para terminar. ¿Qué le pareció que se haya argumentado para bajar a Alberto Mayol, una supuesta agresión verbal, violencia de género contra Natalia Castillo?

Yo no me voy a meter en la contingencia -como dicen los políticos y las políticas, en este caso en particular- porque lo he seguido por la prensa y no he estado en las discusiones directas de este tema. Pero de lo que ha salido sí tengo una opinión y es que aquí erupciona la misoginia y el machismo. La verdad de Mayol, la verdad de Natalia, la verdad de Jackson, la verdad de Boric, o sea juntemos las verdades que salen, no creo que vaya por ahí la cosa. Lo que sí me parece es que denota misoginia y denota machismo porque nosotras somos invitadas como candidatas no por nuestra trayectoria ni por nuestra voluntad, sino por la cuota de género, fíjate. Va fulano y zutano y entras tú por la cuota de género. O sea, invítame de mejor forma para pololear en este cuento. Siento que ahí hay algo que, a pesar de que son fuerzas nuevas y a pesar de que se habla de una renovación de la política, hay artes -o malas artes machistas de la vieja política- que están muy presentes y que es necesario deconstruir. Misoginia y machismo.
Cuando tú hablas con las militantes del Frente Amplio aparecen con mucha frecuencia las dificultades para llegar a espacios de poder. Y yo no te digo que no haya más mujeres, efectivamente las hay -y eso es un buen augurio-, pero eso no significa que esos espacios políticos estén exentos de misoginia machista. Y en todo este evento, para mí, como lectora de medios -porque, como te digo, no he estado metida directamente en las discusiones- esa es la sensación que me queda, y creo que ahí hay mucha tarea pendiente.

Entrevista publicada en la edición nº 215 de la revista El Ciudadano.

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