Gonzalo Winter es militante de Movimiento Autonomista, egresado de Derecho de la Universidad de Chile y el 19 de noviembre pasado fue electo diputado por el conflictivo distrito 10 (Santiago, Ñuñoa, Providencia, Macul, La Granja y San Joaquín), integrando de esta forma la naciente bancada del Frente Amplio. 

Pasados los días, luego de la primera vuelta presidencial, el FA debió asumir el protagonismo en la agenda ante un posible apoyo al candidato de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, y la proyección del conglomerado en el próximo período. En conversación con El Ciudadano, Winter plantea que los resultados electorales verifican “una crisis en el diagnóstico de la derecha sobre Chile y queda en veremos la evaluación ciudadana del gobierno de Michelle Bachelet, ya que la que entrega la élite mercurial no cuadra con las votaciones”.

Al mismo tiempo, sostiene que en estos días el Frente Amplio ha “quebrado esquemas en la izquierda respecto a lo electoral, aceptando las contradicciones porque tenemos ganas de ganar, que no significa tener solo diputados, sino que es la implementación del programa”. 

Han pasado ya dos semanas desde la primera vuelta y se nota que el Frente Amplio se metió en la agenda. ¿Cuál es tu análisis al respecto? 

Los resultados dan cuenta de la emergencia de una tercera fuerza y es un hecho insoslayable. Verifica también una crisis en el diagnóstico de la derecha sobre Chile, que responde a la tesis de que el pueblo estaría satisfecho con el modelo capitalista, lo que se desfonda y queda en veremos la evaluación ciudadana del gobierno de Michelle Bachelet, ya que la que entrega la élite mercurial no cuadra con las votaciones. Tampoco creo que haya que pasarse películas porque los diputados no hacen revoluciones y las candidaturas que no pasan a segunda vuelta tampoco. Los parlamentarios del Frente Amplio son una expresión política de lo que había sido una lucha social en alza y nuestra perdición sería no entender eso, creyendo que nos eligieron porque somos inteligentes o más jóvenes. Nuestra elección viene con un mandato de cambio y transformaciones. 

¿Este proceso de diez meses del FA puede entenderse como el inicio del fin de la transición?

Yo creo que sí. Aunque podríamos preguntarnos qué entendemos por transición, que fue un concepto de la Concertación para establecer que sus conceptos políticos e ideológicos estaban limitados por las condiciones de un país que venía de una dictadura. Esta vez los chilenos y chilenas dicen que discutamos todo y que el límite es la realidad, no las condiciones políticas. Decir No+AFP hace un tiempo era imposible, pero ahora hay un pueblo organizado para decir “yo quiero discutir estos temas”. 

¿El proceso de maduración del FA se reflejó en estos días de reflexión para definirse en segunda vuelta?

Lo lindo que ha tenido el proceso del Frente Amplio es que ya no nos sentimos ni con los militares arriba ni con el gran empresariado marcando de manera absoluta lo que podemos soñar. Entonces podemos decir: “estamos libres y somos creadores” y eso se vio reflejado. Hemos quebrado esquemas en la izquierda respecto a lo electoral, aceptando las contradicciones porque tenemos ganas de ganar, que no significa tener solo diputados, sino que es la implementación del programa. 

¿El programa es la gran bandera de la bancada frenteamplista? 

La gracia del programa es que trazamos un horizonte posicionándonos en el presente y eso lo habíamos hecho muchas veces. El programa no está hecho para un país imaginario o una ciudadanía imaginaria, sino que está pensado para los recursos del Chile actual, con los recursos del Chile actual y con el Estado. El programa ordena la discusión. 

¿Cómo se traslada la ciudadanía al debate en el Parlamento? 

Es el gran desafío, porque como dije antes ni los diputados ni los presidentes hacen las revoluciones, las hacen los pueblos organizados. Los parlamentarios frenteamplistas  lo que tenemos que hacer es ser herramientas para llevar adelante la reconstrucción del tejido social destruido por la dictadura y el neoliberalismo. Es un trabajo difícil, pero la clave está en la construcción de un Frente Amplio que sea capaz de dialogar e incorporar en su quehacer al movimiento social y territoriales, porque si no vamos a quedar desanclados del quehacer político material, lo que puede ser muy peligroso y destructivo para el FA.

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