María Riot, trabajadora sexual: “Soy puta y Feminista”

Tiene 25 y es trabajadora sexual desde los 21 años, además de vegana y activista por los derechos de los animales. Vive entre Buenos Aires y Barcelona. Comenzó trabajando en webcams y hoy la prostitución y la pornografía le proporcionan el tiempo que necesita para militar en la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR).

Foto: Lorna Remmele

María Riot tiene un discurso apasionado y valiente, rompe mitos. “Nos deshumanizan y hablan por nosotras: o somos víctimas o malas mujeres. Desarmar los feminismos excluyentes es primordial. Al abolicionismo le molesta que digamos que elegimos ser trabajadores sexuales, que vemos más libertad o autonomía en la prostitución que en otros trabajos, pero para muchísimas mujeres es una realidad, así que no se puede negar. Lo peor, además del abuso policial que sufre la mayoría, es el estigma y los prejuicios que la sociedad tiene hacia nosotras”, agrega.

“No es relevante cómo empecé en el trabajo sexual. Si cuando trabajo solo tengo sexo, si muchas veces solo converso con mis clientes, qué prácticas hacemos o cómo son ellos. No es relevante la manera en la que decidí trabajar, cuánto cobro o si me gusta. Si ‘elegí libremente’, porque nadie elige ‘libremente’. Lo que sí es relevante es que a pesar de que el trabajo sexual es un trabajo, muchas personas quieren negar la realidad en pos de defender una ideología contraria a aceptar que hay personas que decidimos usar nuestra sexualidad como una herramienta laboral. Que a pesar de que empezamos a ejercer el trabajo sexual porque necesitamos dinero, como les sucede a todos los demás trabajadores, se sigue cuestionando el por qué, cuando a ningún otro trabajador, haga trabajos de mierda o no, se le cuestione nada. No se le pregunta si lo elige, si lo disfruta, si se lo desearía a su hija. Es relevante y preocupante que muchas personas confundan problemáticas que atraviesan a la sociedad como desigualdad, pobreza, machismo, políticas de migración, condiciones de vida o de trabajo deplorable y violencia y culpabilicen a la prostitución de cosas que de todas maneras sucederían si el trabajo sexual no existiera. La prostitución no es la que genera la pobreza”, publicó recientemente en su cuenta de Facebook, con más de 20 mil seguidores.

-¿De dónde viene “María Riot”?

“Riot por Riot Grrrl, un movimiento feminista de los 90. En mi adolescencia, descubrirlo me hizo apreciar cosas que no conocía, tanto del mundo como de mí, y fue lo que me llevó al feminismo, y así a empezar a pensar sobre la perspectiva que tenía de muchas cosas. A la hora de elegir un nombre, decidí ‘María’ que me lo había sugerido mi jefe en la época que trabajaba en una oficina de transmisión de webcams. Lo encontré simple y además me gustaba el juego que se da al asociar ‘María’ a lo virginal y sagrado, y luego el ‘Riot’, que significa disturbios, que rompe con todo eso. Un juego de palabras. No lo pensé tanto la verdad, simplemente lo elegí”.

-¿Eres parte del movimiento de “putas feministas”?  

“Sí, pero no lo veo tanto como un movimiento en sí, sino como la posición e identidad política que tenemos muchas trabajadoras sexuales. El ‘Puta Feminista’ empezó con compañeras en España, y nosotras lo repetimos en Argentina, principalmente porque queremos quitarle la carga peyorativa y negativa a la palabra ‘puta’, y reivindicarla para que quienes la usan como insulto hacia las mujeres -que en general es hacia todas las mujeres, más allá de si sean trabajadoras sexuales o no-, no tenga ningún sentido negativo. Es apropiarnos de ser putas, ponerle nuestro propio significado y además, agregarle el ‘feminista’ para ya posicionarnos y romper con eso de que el feminismo está en contra del trabajo sexual cuando no es así. Lamentablemente, sí ha sido de esa manera en el feminismo más masificado y conocido, pero dentro del movimiento siempre estuvieron quienes están a favor del trabajo sexual y quienes no. El puta feminista nos posiciona y además disputa espacios y palabras”.

Foto: Priscila Villarreal

-Las abolicionistas insisten en que la prostitución es “trata de mujeres”, que los clientes son siempre malos, que hay explotación… y eso es verdad en muchos casos, pero también existe lo contrario…

“Sí, en el feminismo hay muchas posturas y corrientes, pero la que más se ha masificado ha sido el que se autodenomina abolicionista, que son quienes creen que la prostitución no es un trabajo legítimo y que por lo tanto debe abolirse. En Argentina por ejemplo, como en otras partes del mundo, han hecho una campaña muy fuerte confundiendo a la sociedad en general, poniendo en el mismo lugar a la prostitución con la trata; entonces cada vez que hablamos de prostitución, la gente piensa que estamos validando la trata o que alguien trabaje coaccionado o bajo malas condiciones, y la verdad es que por supuesto jamás querríamos o apoyaríamos eso. La trata, las malas condiciones laborales, la explotación laboral, existen en todos los trabajos, e incluso mucho más y en mayor medida que en la prostitución, en los talleres textiles, en los campos de cultivo o en las minas: hay trata, niñas, niños y adolescentes trabajando, sin embargo, no hay nadie haciendo militancia o activismo contra eso. Nadie está pidiendo que se cierren los talleres de indumentaria o que se deje de usar esa ropa, ¿no? Lo que se dice es: ‘Mejoremos las condiciones de los trabajadores, démosles derechos, que cada vez haya menos explotación, más capacidad de elección sobre donde quieren trabajar’. Por supuesto que también queremos eso para quienes ejercen la prostitución”.

-¿Hay cifras sobre cuántas personas ejerciendo prostitución viven explotación, trata?

“No hay estadísticas serias, porque como se confunde trata con prostitución en general, como no se distingue quiénes lo están haciendo con buenas condiciones laborales o bajo un proxeneta o autónomas, se mezcla todo y se dice que todas son víctimas. Se confunde proxenetismo con esclavitud o se le culpa a la prostitución de la pobreza o de la misma vulnerabilidad que la marginalidad de nuestro trabajo nos da. Siguen metiendo a todas las trabajadoras sexuales en la misma bolsa y diciendo que somos víctimas de trata, que quienes decimos que no lo somos estamos ‘alienadas’ o somos ‘proxenetas’.

-Ustedes formaron AMMAR, ¿cómo surgió, qué han hecho?

“Nació en 1994. Al principio eran trabajadoras sexuales que trabajaban en la calle, que estaban organizándose para que la policía dejara de molestarlas, de cobrarles actas contravencionales, cansadas de ir detenidas por solo ejercer su trabajo. Se organizaron primero para debatir cómo hacer para que pare la violencia institucional, y luego con el tiempo fue creciendo y la organización también. Se cambiaron varios lineamientos, la lucha se expandió y hoy en día AMMAR está cada vez más fuerte y más organizadas que nunca. La primera vez que fui a AMMAR fue en 2014, y empecé a militar el año pasado. Gracias a los medios y a las redes sociales, la visibilidad que hemos tenido, especialmente en estos últimos años, ha sido increíble, y cada vez hay más personas que se unen para apoyar, o que se acercan y nos dicen que gracias a la organización se han dado cuenta de que ellos también repetían un discurso moral o con estadísticas o datos que cuando buscas las evidencias no existen, ya que son inventados o manipulados… La presencia de la organización en las calles sigue en pie porque AMMAR nunca dejó de hacer territorio, de hablar cara a cara con las trabajadoras sexuales de la calle..

Nuestra primera y más urgente pelea es derogar las actas contravencionales que siguen presentes en 18 provincias, donde las trabajadoras sexuales de la calle pueden ir detenidas y hace que el hostigamiento policial sea algo que sucede a diario y que con el gobierno actual, que ha dado más poder a la fuerza policial, sea cada vez peor. También estamos debatiendo para crear una Ley de Protección de Derechos para las Trabajadoras Sexuales, para que el Estado nos reconozca como trabajadoras que somos y así podamos contar con derechos como cualquier otro trabajador, descriminalizando nuestra actividad”.

-Han sufrido en carne propia la represión, una dirigenta de AMMAR fue asesinada…

“Sí, hace 13 años Sandra Cabrera fue asesinada. Era la referente de AMMAR en Rosario y fue asesinada por la policía de un tiro en la nuca, ya que ella no solo estaba organizada y ayudaba a las demás a organizarse y a plantarse frente a la policía, sino que también denunció la complicidad de una comisaría de Rosario con la trata de menores. La misma policía la mandó a matar. Es un crimen que sigue impune porque los testigos que dieron sus testimonios fueron trabajadoras sexuales y por ello no se tomaron en cuenta. Es totalmente claro que fue por el estigma que tiene el trabajo sexual: la sociedad en general cree que una trabajadora sexual vale menos, que su opinión no importa, que su vida da igual si no está”.

-¿Cómo debiese el Estado enfrentar el trabajo sexual? ¿Haciendo una ley? ¿Qué debiese incluir?

“Mi ideal es que el Estado debe intervenir lo mínimo posible en las decisiones de nuestras vidas. Exigimos la descriminalización de la prostitución, es decir, que la policía deje de entrometerse en nuestro trabajo haciendo allanamientos, hostigando en las calles, persiguiendo o cobrando coimas, que pasa muchísimo. Es legal ejercer el trabajo sexual pero todas las maneras que tenés de hacerlo, ya sea ofertando o ejerciéndolo, son criminalizadas. Cada grupo de trabajadoras sexuales debe pensar qué es lo que va a exigirle al Estado y cómo. No es lo mismo lo que necesitan las trabajadoras sexuales en Holanda, por ejemplo, que en Argentina o en China, porque estamos en contextos distintos, depende de la situación y la realidad del país; uno tiene que también adaptarse y buscar cuáles son las posibilidades y realidades que enfrentamos.

-También eres activista vegana y animalista…

“Soy vegana hace cuatro años y para mí está totalmente conectado con el feminismo y con luchar porque cada una haga lo que desee con su cuerpo. Yo quiero que toda mujer tenga derecho a vivir su vida plenamente, y quiero lo mismo para los animales, que no haya nadie que crea que su vida vale menos o que interfiera y perjudique a sus intereses. He sido activista en Animal Libre, que empezó en Chile y que con otros compañeros llevamos a Argentina. Creo importante y necesario que la gente empiece a replantearse sus hábitos, que pensemos por qué esta discriminación hacia los demás animales solo por ser de otras especies y plantearnos qué podemos ir modificando para que la vida de los animales sea cada vez mejor. Queremos que cada vez haya menos animales sufriendo, que el número de ellos que hoy están en granjas, mataderos, zoológicos o perreras, sea cada vez menos hasta poder lograr que ningún animal tenga que sufrir a consecuencia del humano o la naturaleza. Hoy los animales sufren de manera inimaginable. Ningún humano podría imaginarse el sufrimiento que tiene que pasar un pollito cuando es triturado en la industria del huevo por ser desechado. Jamás podríamos imaginarnos cómo sería ser una vaca, un cerdo o un mono, encerrados y torturados toda su vida, y luego asesinados”.

Foto: Alejandra Rovira

Eres actriz y has participado en películas pornográficas, en lo que se ha llamado “porno feminista” o “porno ético”…

“Sí, pero la verdad es que las etiquetas como porno ético o feminista no me terminan de convencer. Creo que las etiquetas delimitan y muchas veces algunos se las adjudican de manera errónea, entonces, prefiero decir que hago porno. No existe un estilo de porno como piensa la mayoría, sino que hay uno que más se ha masificado y distribuido, y la gente tiene en su propio imaginario, pero la realidad es que la pornografía es muy amplia. Hay muchísimas prácticas y personas diversas trabajando. Lo que hace el porno con perspectiva feminista o quienes queremos hacer algo distinto a lo que se ha masificado, es visibilizar otros cuerpos, otras ideas, que hayan buenas condiciones laborales hacia quienes forman parte tanto actuando como detrás de las cámaras, que los contenidos no sean sexistas o racistas. Algunos también queremos darle importancia a lo estético y artístico, que es algo que con la masificación del porno se ha perdido. Al principio, quienes lo hacían, en general, eran directores de cine o personas relacionadas con el arte. Quienes siguieron luego fueron empresarios, y eso se ve también reflejado en la industria. El porno mainstream plantea la sexualidad desde la mirada de hombres blancos heterosexuales empresarios que principalmente quieren vender, pero hace varias décadas que eso se viene disputando para que haya otra forma de representar la sexualidad.

Lo que a mí me interesó del porno principalmente fue la autonomía sexual, la libertad de expresar que podemos hacer lo que queremos con nuestro cuerpo y representar diversos placeres y cuerpos que parece que quedan fuera del mercado por no ser los que cumplen con ciertos cánones y estereotipos”

-¿Quiénes están hoy creando porno feminista?

“Aunque mucha gente crea que es algo reciente, mujeres creando pornografía es algo que comenzó alrededor de los 80, época donde las sex wars, es decir, la discusión del trabajo sexual y de la pornografía en el feminismo era crucial. En ese momento quienes tomaron el mando fueron, entre otras, Candida Royalle y Annie Sprinkle, que creó un grupo llamado Club 90 con otras mujeres interesadas en dirigir. La apertura del primer sex shop feminista en Estados Unidos: Good Vibrations también marcó un antes y un después. Hoy en día hay cada vez más personas ofreciendo una mirada distinta de la pornografía: Four Chambers, Crash Pad Series, Trouble Films, Erika Lust, Buck Angel, Goodyn Green, Ersties y Poppy Sanchez, por nombrar algunos, y también tienen gran importancia los festivales donde se proyectan películas, como el Porn Film Festival, en Berlín, o La Fete Du Slip, en Suiza: eventos que buscan visibilizar los diversos proyectos de porno y post porno que se están creando alrededor del mundo.

Tanto en Argentina como en Chile, esto no existe: no hay industria del porno. En Chile solo duró un par de años y fracasó, y en Argentina, más allá de alguna productora que filma para afuera y algunos proyectos pequeños de post porno, solo hay dos directores que han trascendido y que siguen vigentes”.

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Arnaldo Pérez Guerra
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