De izquierda a derecha: Astrid, Mercedes, Juliette y Johana. Foto: Felipe Menares V.

Llevan cinco meses trabajando como Microsesiones Negras. Johana, Juliette, Astrid (colombianas) y Mercedes (afrochilena) conversaron con El Ciudadano sobre su colectivo abocado al desarrollo social afro y a la resignificación de la mujer negra.

En este tiempo han realizado charlas, un encuentro de mujeres por la afrodescendencia, negritud y la diáspora africana; y otro sobre el significado del turbante. Además se encuentran desarrollando un curso de creole para mujeres hispanohablantes. Aclaran, eso sí, que no componen una agrupación feminista, aun cuando el discurso del colectivo recoge elementos del feminismo negro.

En esta primera parte de la entrevista, nos cuentan de qué se trata Microsesiones Negras, entregan orientaciones para el debate sobre los feminismos y también abordan la muerte de Joane Florvil, en una conversación que tuvo lugar en el parque Quinta Normal.

¿Por qué deciden crear Microsesiones Negras?

Juliette: Nos dimos cuenta que hacían falta espacios para la visibilización de la mujer negra en Chile. Demás que hay en Arica, pero en Santiago no conocíamos. Igual nos conocimos en procesos culturales y empezamos a compartir experiencias. Ahí nos dimos cuenta que todas teníamos el mismo problema, la misma invisibilización y el mismo pensamiento, por lo que decidimos generar espacios de reconocimiento y etnoeducación sobre la diáspora africana.

Johana: Anteriormente habíamos trabajado cada una desde su punto, siempre en el tema de activismo y de la labor social, pero Microsesiones como tal, nació hace poco, cuando decidimos juntar como tal nuestros conocimientos y de ahí formar un grupo. Cada una tiene su historia de lucha y de activismo. Reconocemos que Chile tiene una búsqueda, de hace unos 20 años, de su negritud o su afrodescendencia, pero hay muchas mujeres que físicamente son negras y sufren extranjerización.

Mercedes: Sí, a mí me pasa mucho. Por ejemplo, hace poco fui a una fiesta de estudiantes de una universidad estatal. Estaba ahí y un chiquillo antes de preguntarme siquiera el nombre, me empezó a hacer preguntas muy incómodas, porque no me creía que yo era negra y era chilena. Fue muy desagradable. Me preguntó: “¿Tú eres de intercambio?”. Él asumió al verme que porque soy negra no era de Chile. Entonces, yo le dije: “¿Por qué me estás extranjerizando? ¿Porque soy negra?”. Ese tipo de cosas son súper incómodas, porque yo estaba en otro contexto, estaba en una fiesta. Entonces es súper fuerte, porque una no siempre quiere empezar a dar el discurso.

Juliette: Siendo mujeres negras, nos hemos preguntado ¿qué es ser afrodescendiente? Me di cuenta que estos conceptos eran totalmente diferentes –negritud y afrodescendencia– cuando llegué acá, porque acá hay mucha gente afrodescendiente, pero no negra.

¿Qué aspectos consideran importante precisar en esa diferencia entre afrodescendencia y negritud?

Johana: Principalmente, la afrodescendencia no necesariamente se ve en color, sino que puede venir de generaciones anteriores y que tú lo llevas dentro por una herencia. La negritud es algo claro: “Yo soy negra”. Tú puedes ser afrodescendiente, no porque tengas el color o rasgos físicos de negro, sino simplemente porque tus antepasados lo fueron y tú así te reconoces y lo sientes. Ser afrodescendiente viene de una lucha de antes, en cambio, el término negritud, no necesariamente tiene que ser en una persona empoderada, el negro se ve y se vive.

Astrid: Hay varias definiciones del concepto, porque es un tema que se ha tocado, sobre todo, en Brasil y Colombia, donde tú, como persona mestiza, naces con personas negras al lado. Allá no existe la  moda de ser negro; el afro mandingue o el afro tumbe no se vende en talleres masivos a barrios altos. No es una cuestión exótica y llamativa, porque yo nací siendo negra y crecí siendo negra en un contexto mestizo. En Colombia, por ejemplo, la negritud es sinónimo y sigue siendo sinónimo de pobreza.

Johana: Yo diría que en todo el mundo, no solo en Colombia.

Astrid: Entonces, hay hartas redefiniciones a la negritud, porque una cosa es ser negro y otra cosa es saberse negro. Cuando yo me sé negro o mujer negra –porque hay que darle un sustantivo al calificativo, no es solo negra, negro o los negros; sino pueblo negro, mujer negra, hombre negro, hay una responsabilidad de ser sujetos también, sustantivos, personas– políticamente estoy respondiendo a mi herencia africana. Bueno, hay un meollo en esta cuestión de qué es ser negro y qué es ser afrodescendiente, todavía.

Es una discusión viva, entonces…

Juliette: Sí, hay que buscar mucho, porque de ahí parte también un poco de la apropiación cultural, porque nosotras no somos quién para decir “tú eres negra”. No, para nada, pero está claro, es solo de ver y de saber una historia, de saber qué es la diáspora africana, de dónde viene y cómo se instaló en América. Han habido muchas personas que nos dicen después de una charla que hemos dado sobre estos mismos conceptos, “es que yo soy negra”. No, por último diga “soy afrodescendiente”, porque a mí se me hace como imposible estar preguntando: “¿Oye y tu papá? Ahh, entonces, eres afrodescendiente”.

Mercedes: Eso evidencia un vacío etnocultural muy grande que existe en Chile. Tengo una amiga mapuche y ella vive su cultura mapuche. Ella va a la ruca del Parque O’Higgins, va a tejer con las lamien y ésto es algo que he hablado con ella. Yo le preguntaba: “Ponte tú aquí en Chile, se dice que todas las personas tenemos sangre mapuche, pero ¿para ti eso significa que todos son mapuche?”. Y no po, es como que a mí alguien me pregunte: “Todos venimos genéticamente de África, ¿entonces somos todos negros?”. No, porque el ser negro es una cosa que se vive en el cotidiano, en la piel.

“Nunca va a poder ser un solo feminismo”

¿Dónde se sitúa el feminismo negro en el mapa de luchas sociales?

Johana: Para nosotras el feminismo negro lo vivimos. La mujer negra vive el feminismo negro, quiera o no, considérese o no feminista. El feminismo negro nace en el siglo XIX, en la época de la esclavitud y surgió directamente, porque ellas sin saber leer ni escribir, se dieron cuenta que mientras las mujeres blancas luchaban y peleaban por cosas tan básicas como “no quiero casarme” o “no quiero hacer las obligaciones de mi casa”, las mujeres negras se organizaban y se empezaron a dar cuenta que lo que ellas hacían era feminismo, sin saberlo: “nosotras estamos haciendo algo, que básicamente es querer cambiar el pensamiento del otro y hacernos notar”. El feminismo negro se consolidó efectivamente sobre el siglo XIX y comenzó una lucha social y cultural y comenzaron a darse cuenta de que se empezaban a mover de la mano de los hombres. El feminismo negro nunca ha destituido la labor importante de los hombres, porque fue así cuando ellas se dieron cuenta que estaban haciendo feminismo, donde nació y surgió la palabra feminismo negro. Gracias a esa consolidación que tuvieron, tanto mujeres como hombres, fue que empezaron a liberar los pueblos y a luchar juntos. Pero básicamente se hacía mirando y aprendiendo un poco de lo que hacía la mujer blanca, de cómo se movían. “Si ellas se reúnen para hablar y para marchar, nosotras efectivamente no podemos marchar, no sabemos leer, no podemos investigar acerca de lo que está pasando, pero por el contrario, sí podemos organizarnos y podemos empezar a crear rutas de escape inteligentes para poder ser libres y generar así un feminismo negro”.

Créditos foto: Campaña El Pacífico se Respeta. Dirección Juliette Micolta. Fotografia: Valentina Jara

Ya que se habla de un feminismo negro, ¿existe, por tanto, un feminismo blanco? ¿Qué realidades ignora que hace necesario pensar un feminismo negro?

Juliette: En principio, las mujeres blancas omitieron que las mujeres negras lo primero que necesitaban era libertad. Esa es y fue una realidad que no observan hoy, por ejemplo, al discreparnos que si aún luchamos por un tema de color. Nos lo han dicho feministas: “¿Pero ustedes todavía se están preocupando por el color?” Ahí nos damos cuenta que el feminismo que ellas tienen es un feminismo automáticamente blanco y occidental. La experiencia de la mujer negra es una marca de color. Siempre seremos mucho más segregadas. El simple hecho de ser profesionales y diariamente casi andar con el título profesional para que nos crean. Por ejemplo, tenemos una compañera que es artista plástica y como es negra, no le creen, porque se basan en que la mujer negra tiene que saber bailar y mover el culo. Desde el punto de vista de algunas feministas, no se han preguntado si la mujer negra sufre más y, si nos ponemos en el contexto de Chile, sufre por ser migrante, por ser negra y ahora nos llegó un nuevo problema, que es porque no saben hablar el idioma. Las mujeres blancas marchaban en EEUU y en sus arengas decían que el matrimonio era casi o igual que la esclavitud. Entonces, creo que hay una brecha gigante o una invisibilización súper extensa para comparar el matrimonio con lo que sufren las mujeres negras. Violaciones, abusos, torturas, muertes, porque muchas de esas mujeres, cuando se escapaban y las volvían a agarrar, mataban a sus hijas, porque no querían eso para sus mujeres. Esas situaciones, tan reales y potentes, (compararlas) con el matrimonio, delatan de que no tienen presente a la mujer negra y sus luchas.

Mercedes: Basta con ver las películas. Si uno ve Sufragistas (2015) o las típicas películas sobre ese tiempo, que son siempre desarrolladas en Europa, nunca está la mujer negra presente. O en el tiempo de las cacerías de brujas –que en verdad muchas eran curanderas– mientras las mujeres blancas se organizaban para defenderse de la cacería, las mujeres negras estaban de esclavas en la cocina de esa misma mujer blanca que se estaba organizando para defenderse. Entonces, es heavy cómo ha sido la representación que se le ha dado a la historia.

Astrid: Las luchas, en cierto sentido, no tienen que ir tan separadas, porque todos estamos luchando contra el colonialismo de occidente y todo tipo de discriminación, pero hay necesidades y urgencias de las mujeres negras que no necesariamente son las mismas de las mujeres no negras. Conozco medianamente el contexto de la mujer mapuche y es un contexto que poco se relaciona con el de la mujer en la ciudad que no es mapuche. Ellas tienen otras luchas y hay que reconocerlas, porque es la forma de incluir esas luchas dentro de un movimiento consciente global, que no solo sea un feminismo de ciudad. Las mujeres en el Pacífico de Colombia no están luchando porque las silben en la calle, y no estoy queriendo decir que no es una lucha que sea importante, sino que ellas están luchando porque las FARC, ELN, Ejército, trasnacionales y demás, que trabajan con la minería en esa zona del Pacífico, les están matando a sus familias, a los hombres de sus familias. Aparte, a ellas las están matando internamente, porque en el Pacífico colombiano se extrae el oro de las minas en los ríos, entonces, tienen el agua hasta aquí (cadera) las mujeres, en una batea y ahí en la arena extraen el oro desde las 5 de la mañana hasta que cae el sol, metiéndosele plomo y una cantidad de químicos dentro de su vagina, perdiendo hijos, quedando estériles, causándoles cáncer. Esas son sus luchas. Sus luchas son porque las están matando en el campo. No sé qué tanto está revisando eso el feminismo de ciudad que no sea negro. Yo creo que el feminismo se tiene que revisar, como se revisa cualquier ideología.

Joane Florvil

Juliette: Desgraciadamente, se vinieron a dar cuenta con todo esto respecto a lo de Joane (Florvil), porque se generaron algunas acciones, porque era migrante, pero antes de ser migrante era mujer y negra. Nadie verificó, por último preguntó, qué es lo que están haciendo las mujeres negras, por qué le pasó esto a ella. No fue porque ella era migrante, fue porque era mujer, negra y pobre. Qué triste que tengan que pasar estas acciones para que los otros feminismos verifiquen que habemos mujeres negras, que acá hay mujeres afrochilenas y que sufrimos una necesidad mucho más fuerte, a veces, que la de ellas. Muchas no saben ni siquiera cuáles son las necesidades de la mujer negra, porque aún no se han relacionado con ellas. Desgraciadamente, hasta que llegó la migración, se dieron cuenta que la mujer negra existía y aquí (en Chile) ya habían mujeres negras.

Mercedes: Por eso es súper importante el tema de la interseccionalidad en el feminismo y en cualquier otra lucha. Si no se aborda la interseccionalidad, no está siendo un agente de cambio. Yo comprendo mucho lo que plantea el feminismo, pero a la vez, yo tampoco me siento incluida en el feminismo blanco occidental. Revisando el caso de Joane Florvil, nunca me creí la versión oficial. Siempre dije que se murió porque los pacos le pegaron y no porque fuera migrante, sino que porque era mujer, negra y no hispanohablante. Porque si se tratase de una alemana migrante, no hubiese sido para nada el mismo caso. Ahí es donde yo digo, ya… si somos feministas, entonces, ¿dónde estábamos? Porque no basta con ir a llorar una lágrima a una velatón, tiene que ser un trabajo constante.

Johana: Pienso que el feminismo, en definitiva, no puede ser un solo feminismo, siempre y cuando todas no hablemos de cosas tan básicas como la raza, la condición y la clase, que son cosas tan exageradamente básicas al hablar de feminismo, que acá en Chile, en la mayoría de discursos, no se toca ni siquiera. Pienso que desde ahí no podemos hablar de un solo feminismo, cuando una hermana negra habla de su experiencia y le dicen “Ah, pero que usted se está victimizando”, “Supere la época de la esclavitud”, “Es que usted no ha superado su color”. Es que no es algo que yo pueda superar, porque yo no decidí ser esclava, porque yo no decidí llevar a mi pueblo a la liberación y tener que escapar y tener que matar a mis hijas para que no fueran esclavas. Yo no lo decidí. Lo decidió el hombre blanco. Fueron ellos los que fueron a África, nos sacaron y nos repartieron por todo el mundo. El feminismo blanco no habla de esas cosas, no las tiene presente, por eso nunca va a poder ser un solo feminismo.

Aquí puedes leer la segunda parte de esta entrevista

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