Phil Buck

¿Qué diferencia a la pasión de la locura? Casi nada, quizás ni siquiera distan, sino que se complementan. Una puede prescindir de la otra, pero cuando están juntas se borran los límites de lo posible y surge algo monstruoso, irrepetible y desbordado. La pasión direcciona la creatividad como las bridas al caballo desbocado. En eso pensaba cuando conocí a Phil Buck en el English Pub de La Paz. Hacía frío pero en ese lugar se calientan los corazones de los apátridas, hombres de Bélgica ingeniosos con el corazón roto, galeses bonachones, noruegos con la brújula extraviada, mujeres “caza gringos”, alemanas, suizas y bolivianos, la amistad y la vida: Un paraíso, una familia para alguien como yo.

Una noche cualquiera en ese lugar, Phil Buck (53) me contó de su expedición con la balsa de totora Viracocha III. Si existieran registros de las cámaras de seguridad, pagaría por vernos hablando de nuevo acerca de Thor Heyerdahl y sobre viajes que solo podrían existir en mis delirios más afiebrados.

Ahora, nos encontramos en Arica terminando la balsa y soy parte de la tripulación que se embarcará durante el mes de julio de 2017 en una aventura que pretende cruzar el Océano Pacífico desde “la Ciudad de la Eterna Primavera” hasta Sídney. Casi 20 mil kilómetros de mar abierto e islas paradisíacas, viaje con una duración estimada de 5 o 6 meses en el que se surcará el azul en una balsa precolombina construida igual que hace miles de años atrás, comiendo pescado, quinua y bebiendo agua de lluvia.

En estos momentos ya falta poco para que se cumpla un año de este primer encuentro y cuando faltan pocas semanas para hacernos a la mar, me doy la libertad de hacerle una entrevista a mi capitán. ¿Cómo resumir la vida de este explorador de Massachusetts? Podría decir que tiene más de 30 años viajando por el mundo, que es camarógrafo, fotógrafo, que ha sido la primera persona en escalar las cumbres más altas de los 23 países de América. También podría contar que le gusta Eddie Vedder y Neil Young pero todo esto sería poco. Acá va la entrevista.

-¿Quién es Phil Buck?

-Soy una persona mucho más simple de lo que tú piensas. Creo que es muy importante que la gente chupe la vida. Hay que hacer lo que tú quieres porque la vida es muy corta. Ahora tengo 53 y para mí es como ayer cuando tenía 20. ¿Cómo es posible? Ahora cada año pasa para mí como si solo tuviera tres meses. Otro año, luego otro, cada vez más rápido. Entonces tengo que hacer cosas, realizar mis sueños y de la gente que me rodea. Mañana voy a tener 70 años y no podré escalar más las montañas.

-¿Eras igual de niño?

-Siempre me ha gustado explorar o descubrir las cosas. Cuando fui al kínder que estaba a dos kilómetros de mi casa mi mamá me fue a dejar el primer día. Pero el segundo día ella me llevó nuevamente y me dijo que iba a llegar a buscarme a las 12.30 y cuando llegó esa hora yo bajé las escaleras pero ella no estaba. Entonces tuve que irme caminando hasta mi casa y ahí le dije por qué me dejaste solo si tengo seis años, pero ella me dijo “de a poquito vas a aprender”. Entonces empecé a irme a la escuela por una ruta en el bosque completamente solo, caminando cada día tres kilómetros, en un lugar donde había osos y todo. Nunca tomé un bus.

-¿En qué tipo de pueblo vivías?

-En uno chiquito llamado Ashfield, que en ese entonces tenía cerca de dos mil personas y que hoy en día tiene cerca de cinco mil. Es la parte más campestre de Massachusetts, a dos horas de Boston, 3,5 de Nueva York y cinco de Montreal.

-¿Cuál fue tu primera aventura?

-Depende de lo que consideres como una aventura, pero crucé a los 17 años Estados Unidos en bicicleta desde un lado hasta el otro con un amigo mío del colegio. Mi mamá tenía mucho miedo de que yo fuera a hacer este viaje. Yo no quería usar casco, pero mis padres me dijeron que me iban a comprar uno, lo que era mucho dinero, en ese tiempo como diez dólares. Les dije OK, lo voy a usar, pero pasado el primer kilómetro me lo saqué y nunca más lo usé.

-¿Qué te pasó después de ese viaje?

-No quería parar, quería seguir haciendo cosas. Entonces crucé Estados Unidos de Oeste a Este en canoa durante siete meses a los 23 años siguiendo la ruta inversa de los exploradores Louis y Clark, descansando solo un día; fue la primera vez que busqué auspicios. En ese tiempo traté de estudiar algo, pero tomé cerca de 22 asignaturas cuando lo normal era solo 12 o 15, así que no pude terminar (lo que haría años después). Además estaba planeando la primera expedición grande de mi vida.

-¿Tuviste alguna dificultad en la expedición?

-Realmente no, solo la exigencia mental de tener que remar cerca de 16 horas diarias, todos los días. Vi unas fotos en la revista Life de que alguien había cruzado todo Estados Unidos haciendo esto, pero él había partido en Colorado, por lo que le faltaba un cuarto del país por recorrer, entonces me propuse que yo iba a hacer el viaje completo. Luego comencé a escalar montañas.

-¿Cómo llegaste a escalar las cumbres más altas de los 23 países de América?

-Comencé escalando montañas en Estados Unidos, pero a mi mejor amigo, Mark Fogarty, se le ocurrió la idea de ir a escalar la montaña más grande en todo Sudamérica. Así que decidimos escalar el Aconcagua: queríamos ir en bicicleta desde Estados Unidos y subir la cumbre, pero era mucho tiempo y era muy caro, así que finalmente viajamos en avión a Santiago. Primero recorrimos un poco, estábamos en una fiesta en Osorno, yo me volví temprano al hotel pero mi amigo no. Cerraron el hotel y él se quedó afuera. Se puso a gritar, yo trataba de taparme los oídos, se subió al segundo piso y tratando de alcanzar la ventana se cayó y se quebró parte del talón y la muñeca. Estaba en el suelo gritando Phil Ayúdame y yo gritaba No, mierda, conchetumadre pero en inglés. No tenía idea de que estaba todo quebrado abajo. Fui a verlo y claro, por eso no pudo subir la montaña en esa ocasión, pero el otro año él llegó a la cumbre y un año después murió, pero esa es otra historia.

-¿Cómo murió Mark?

-Escalando conmigo la montaña más alta del estado de Washington, que se llama Rainier, él la había escalado varias veces en verano, pero queríamos hacerlo en invierno porque era más grande con la nieve. Lo intentamos seis veces en esta época pero nunca llegamos a la cumbre, porque hay que esperar una ventana. Si solo vas por un fin de semana tienes que tener mucha suerte de que justo te toque buen clima para subir. Se me ocurrió que podíamos esperar tres semanas. Solo teníamos que comprar mucha comida. Entonces apareció una tormenta grande y luego de que pasó llegamos a la cumbre, él estaba con su novia, éramos solo tres. Pero sucedió que él quiso bajar la montaña esquiando y de un momento a otro desapareció. Había hielo y cayó por un acantilado de forma vertical hasta un glaciar, murió ahí. Nosotros no sabíamos nada, bajamos caminando hasta llegar al auto, pero él no estaba, entonces supimos que había pasado algo. Mark no estaba y él siempre quería ir adelante cuando escalábamos, más cerca del cielo que todos. Esto ocurrió el 3 de enero de 1991 y fue algo muy fuerte. En ese momento yo tenía 26 y fue su inspiración el seguir subiendo las montañas, solo quería seguir no sé si para él o para mí y escalé la montaña más grande de cada país de América, demorándome diez años en hacerlo.

-¿Cuál de las 23 fue la cumbre más difícil?

-Fue una pequeña en Surinam que se llama Juliana Top, está sin exploración, sin ruta, llegamos primero en canoa, luego fuimos subiendo a machete por la selva. Fue muy peligroso, porque en este tiempo no usé GPS ni nada. La cumbre solo tenía 1800 metros o algo así. En sí la montaña no fue difícil, pero sí el camino hasta ella.

-Pero no podías parar, ¿qué fue lo siguiente que hiciste una vez lograda tu meta?

-La balsa Viracocha I, el año 1998 me vine a La Paz, al lago Titicaca. Empecé cortando la totora, en el año 1999 el casco estaba listo y en el año 2000 llegamos a Arica. Salimos el 28 de febrero y 44 días después ya estaba en Isla de Pascua. Después vino la Viracocha II, hicimos la balsa en el año 2002 y ya el 2003 salimos. Mi intención era ir desde Viña del Mar hasta el norte de Australia.

-¿Te frustraste mucho con el zarpe de la Viracocha II después de lo que sucedió?

-Exactamente, fue un desastre la botadura y la balsa estaba en muy malas condiciones y ahora 14 años después estoy tratando de hacer lo mismo.

-¿Por qué te demoraste tanto?

-Por la vida, porque además necesitaba un montón de plata y de energía. Además no estaba con la gente indicada. Pero conocí a una mujer en Viña del Mar en el 2015, le conté de la expedición en balsa y ella me impulsó a que siguiera intentándolo. Entonces comenzamos a editar la película del Viracocha II y gracias a la energía de ella pudimos terminarla.

-¿Durante esos 14 años pensaste en hacer otra cosa?

-Solo pensaba en hacer este proyecto de la Viracocha III, si hacía algo grande iba a ser esto, quería tener otra oportunidad de llegar a Australia, porque la Viracocha II se dañó tanto el primer día y sentí un infortunio tan grande, que me dije que iba a hacer otra, pero necesitaba plata, gente y energía.

-¿Cuál es la diferencia en términos constructivos entre esta balsa y la anterior?

-Tiene las mismas dimensiones que la anterior, pero es más alta lo que aumenta su vida en alta mar y además tiene 8 palos en el corazón central que atraviesa a la balsa de proa a popa, porque el centro se necesita reforzar. Me di cuenta de eso después de mi primer viaje, porque el 70% de las veces el viento lo recibíamos por la popa, lo que debilitaba a la embarcación. Siempre he tenido el viento en contra, pero nunca por atrás por tanto tiempo. Además ahora estamos usando un sistema de vela muy diferente que nadie ha probado en tiempos modernos que yo sepa. Nadie lo ha hecho por lo menos en balsas ancestrales. Eso lo he visto en museos, en dibujos. No sé qué va a pasar, pero vamos a probar. Si no resulta tengo otras opciones para cambiar.

-¿Tienes miedo respecto de esta expedición?

-Siempre tienes que tener miedo, si no lo tienes puedes morir muy fácilmente. El secreto es utilizarlo y no paralizarse. Tengo algunas dudas respecto de este sistema de velas, pero yo sé cómo arreglarlo si llegara a fallar y hacer otro sistema.

-¿Si se rompe un mástil?

-También puedo cambiarlo, arreglarlo, cambiar todo el sistema de velas.

-¿Llegas a Australia?

-Esa es mi intención. No es seguro porque este casco dura 10 mil millas náuticas. Pero podemos detenernos y secar el casco, ahí vamos a ir viendo, podemos reparar la balsa con palos. Personalmente te digo que voy a salir de Arica en esta balsa y me voy a bajar de esta balsa en Australia.

-¿Te has soñado llegando a Australia?

-Hace dos días atrás estuve soñando que salía de la balsa en Sídney. Es necesario soñar así, porque para tener éxito primero hay que visualizar las cosas. Voy a quedar satisfecho, es un desafío importante no solo para mí sino que también para la tripulación.

-¿Has pensado en después?

-Seguiré editando el material audiovisual después en Australia y un libro también.

-¿No has pensado en otra expedición aparte de los subproductos de la Viracocha III?

-Sí, quiero seguir el atardecer, ir en dirección oeste para dar la vuelta al mundo y volver a la ciudad de La Paz. Me explico, en balsa de totora hasta Australia, en Australia sigo hacia Asia pero viajando de otra forma. Puede ser en avión, puede ser caminando, puede ser en auto.

-¿Crees que tu vida será una inspiración para otras personas?

-Esa es una esperanza, pero no es nada seguro, no es mi decisión, depende de otras personas, aunque también de nuestra expedición y de nuestras vidas, pero no depende de mí. Lo más importante es seguir tus sueños sin que nada más te importe.

-¿Tienes miedo a la muerte?

-Sí, tengo, porque tengo muchas ganas de hacer más cosas, pero cuando pasa, pasa. Es tu destino, creo que todo ya está planeado, que está todo escrito. Con Viracocha III vamos a llegar donde vamos a llegar, pero pasarlo bien en el camino es muy importante. A veces no soy tan bueno, pero la mayoría del tiempo trato de ser bueno, no me gusta ser mala onda con nadie.

-¿Cómo reclutaste a tu tripulación?

-Son amigos, conocidos, pero tienen su rol. Quiero una mezcla de diferentes talentos. Tienen que ser tranquilos, chistosos, no ser peleadores. Hay mucha gente fuerte y mucha gente inteligente, pero no mezcló bien. Si hay problemas con las velas, el mástil o el timón debemos resolverlo entre nosotros, simplemente, porque no tenemos otra opción.

-¿Qué le dirías a la gente actual?

-Es chistoso, porque hace 20 minutos atrás todos estaban mirando el teléfono, viendo películas, conectados con una pantalla, entonces estoy pensando en desenchufar internet en la balsa. Recuerdo cuando empezamos este campamento y no teníamos nada, no teníamos luz ni agua, no teníamos baño. Es bueno tener internet, pero es igual de bueno poder desconectarse, descansar y hablar, porque nadie habla, todos hacen sus cosas y yo entiendo.

-¿Crees que vas a aprender algo con este viaje?

-Me voy a relajar, tú vas a ir en este viaje y vas a ver cuando subas al mástil y mires en las olas cosas increíbles, vas  a ver olas por todos lados y nada más, solo olas, cielo y mar. Cuando estemos a mil millas de distancia ¿puedes pensar en eso? Mil millas es lejos. Me gusta sentirme solo, en el centro de la soledad.

-¿Te gusta mucho la soledad?

-Sí, por supuesto, porque es más sano. Vamos a tener wi-fi pero poco. Tenemos que escribir, hablar, cocinar, trabajar. Todos los que iremos vamos a cambiar nuestras vidas. Me siento responsable si pasa algo con alguien, es el miedo más grande que tengo, si alguien muere prefiero ser yo antes que otra persona, porque soy el responsable de esta expedición y esa es realmente mi misión.

 

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