Tadzio Mueller, editor de Turbulence: “Tenemos que construir nuevos lugares comunes”


7 December, 2010 22:12
#Entrevistas, #Portada

Como un espacio para pensar, debatir y articular teorías políticas, sociales y económicas del movimiento mundial antiglobalización surgió el 2007 la revista Turbulence. Este año sacó su primera edición en español, luego de 5 ediciones dedicadas a construir una tribuna para el pensamiento de izquierda del Norte Global.

El Ciudadano conversó con Tadzio Mueller, editor de la revista, activista y teórico antiglobalización. Tadzio es cientista político y ha ejercido la docencia en la Universidad de Kassel; es de la generación que salió a las calles de Seattle en 1999 para mostrar al mundo que había resistencia al neoliberalismo triunfante reunido en la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC); también participó en la gestión de contracumbres a los encuentros de la OMC, el Banco Mundial o el FMI, y hoy integra Acción por la Justicia Climática.

-¿Por qué surge Turbulence?

– La revista emerge porque no existía un espacio para discutir sobre las teorías y tácticas del movimiento antiglobalización que sale a escena en Seattle. Como a mediados de la década pasada estuvimos en reflujo, faltos de ideas o de algún programa, nos planteamos el sentido de seguir con este movimiento altermundialista y el cómo. Por eso comenzamos a editar Turbulence, para discutir acerca de lo que íbamos a hacer en el futuro.

-¿Podríamos decir que en neoliberalismo es una ideología del siglo pasado?

– La ideología neoliberal extrema está dejando de moldear el espacio de la política, como lo hizo en los últimos años. Si bien, aún asistimos a políticas de ese tipo, están en franca retirada, que lo vemos como un modo de entrampar por un tiempo al sistema político antes que tengan que renunciar a su control. Aunque ideológicamente el proyecto neoliberal está roto luego de la crisis económica del 2008, en la práctica sigue existiendo porque no hay otro proyecto social que lo reemplace en la escena global. O sea, sigue existiendo, pero sin vida y si un fin.

-¿En qué se expresa ese fracaso del neoliberalismo?

– Si en 1999 las doctrinas neoliberales eran la receta para las diversas economías del planeta, la crisis económica del 2008 y la subyacente crisis ambiental, da cuenta de que los neoliberales ya no tienen programa. Las certezas incólumes del neoliberalismo han fracasado y se produjo un desplazamiento en la ‘zona media’ (middle ground), que es el espacio de discursos y prácticas que definen el centro político. Así, tenemos que articular más positivamente nuestras ideas para la conformación de otros modelos de sociedad.

-Si bien el neoliberalismo a nivel ideológico ha fracasado, ocurre que luego de más de 2 décadas de dicho modelo las subjetividades han sido entrenadas bajo dicho régimen de intercambio, siendo el individualismo y la competencia la tónica de las relaciones cotidianas.

– Los últimos 30 años hemos practicado como seres neoliberales. El mercado entró a todas las relaciones sociales, generando una funcionalidad económica. Pero funcionó con la promesa de felicidad luego del ataque a las clases trabajadoras del Norte Global, dado a través de créditos accesibles y mayor disponibilidad de mercancías de bajo costo masivamente producidas en regiones donde se pagan los salarios más bajos del planeta. En tanto, en el Sur Global la promesa desarrollista de alcanzar el nivel de vida del norte hizo funcionar el modelo. El ‘yo puedo comprar muchas cosas’ o ‘con lo que gano puedo comprar lo que quiero’ es parte de la subjetividad neoliberal.

-¿Cómo opera esta a nivel de las subjetividades?

– Las personas han sido entrenadas para verse a si mismas como esas elusivas criaturas que pueblan las teorías económicas liberales, pero vemos hoy que dicha subjetividad, pese al fracaso ideológico, se mantienen como si fuesen un zombi hasta que surjan nuevas propuestas con la suficiente consistencia que reemplacen esta situación. La crisis económica terminó con esa falacia del consumo ilimitado. Vemos un rompimiento de dicha subjetividad neoliberal en su base económica y ahora se trata de ver qué tipo de subjetividades se pueden construir.

ESPACIOS COMUNES

-Pareciera que la izquierda global aún no consensúa un programa de acción.

– En Turbulence creemos que hay preguntas importantes que plantearse: La primera es acerca de qué es lo común, de ver cómo defendemos los espacios comunes que aún tenemos y los ampliamos, para que podamos reproducir nuestras vidas afuera de los círculos del capital. Otra cosa es la biocrisis. Por ello creemos que la propuesta de justicia climática, el salir de los combustibles fósiles, de la locura de la agricultura industrial y reparar la deuda climática del norte del mundo con el sur, son aspectos que generan convergencia para construir una agenda común de los distintos movimientos y construir esos mundos.

–Seattle ocurrió hace más de una década y vemos emerger el movimiento antiglobalización en las reuniones del poder político y económico. ¿En qué momento dejaremos de convocarnos en contra de dichas instancias de poder y cómo visualizas el próximo estadio del movimiento social?

– Creo que se acabó el tiempo de las contracumbres. Claro que seguiremos yendo a manifestarnos cada vez que se junten los que gobiernan. Hace 10 años fue importante hacerlo, fue el momento de mostrar que había resistencia, que ocurrían alternativas y que otros mundos eran posibles, pero después de 1999 hemos visto el fracaso del neoliberalismo. Si al principio del movimiento antiglobalización, el lugar común que tuvimos fue nuestra resistencia, ahora tenemos que construir nuevos lugares comunes, nuevos acuerdos para ofrecer a la sociedad.

-¿Qué condiciones favorables ves hoy para edificar estos lugares comunes?

– Hoy existen en Latinoamérica gobiernos declarados no neoliberales. Eso es un cambio muy importante 10 años después de Seattle y del primer Foro Social. Vemos ahora una nueva relación entre movimientos y gobiernos como los de Venezuela y Bolivia. La pregunta que me hago es la relación entre los movimientos sociales y estas instituciones, ya que es un proceso que surge recién. Se trata de una problemática a dilucidar.

-Luego de la crisis económica del 2008, muchas salidas vuelven al modelo  keynesiano y la vuelta al Estado de bienestar ¿te sumas a ellas?

– A mí me parece más importante apostar por potenciar los movimientos de abajo, desde  las bases sociales. Que estos sean más fuertes, para que si vamos a tener una política estatal diferente tengamos influencias sobre lo que hace el Estado. Creo que la articulación de los espacios comunes tiene un mejor tono si son hechos desde abajo para que avancemos en una nueva subjetividad.

-En la edición Nº 5 de Turbulence habla de recuperar el ‘terreno común’ ¿A qué se refieren con aquello?

– Necesitamos crear, identificar y nombrar nuevos terrenos comunes, lo que requiere de un esfuerzo activo y densidad analítica, que sean capaces de incidir en las salidas a las actuales crisis globales. Lo llamamos estrategias de comunización (commoning), que implica la expansión de lo público, cosa que sea accesible a todos, sea el acceso a la salud, garantizar una renta básica o el cuidado de los espacios comunes. Se trata de crear espacios fuera de los circuitos del capital.

-¿Qué experiencias rescatas de sacar formas de relación de la lógica del capital?

– Empezaré con mis propias experiencias en Seattle cuando nos tomamos las calles liberándolas del neoliberalismo. Fue un momento de exceso muy breve en abrir esos espacios en el pensamiento del cuerpo, en la subjetividad. Hoy tenemos las economías de solidaridad que están muy fuertes en Latinoamérica o los movimientos rurales como Vía Campesina, que entraron muy fuerte con la idea de la Soberanía Alimentaria, algo muy importante. Si en América hay avances importantes, en Europa tenemos muy pocos espacios liberados de la lógica del capital, por lo que tenemos que comenzar a hacerlos.

-Muchos sectores de la izquierda, ya sea por desencanto o por antagonismo a las instituciones, han dejado los espacios de poder vacantes, los que luego son cooptados ¿Qué problemas vez en esa postura?

– El antagonismo hacia las instituciones como un fin en sí mismo es un callejón sin salida. En Alemania tuvimos un movimiento muy fuerte en los años ’70 y ’80, luchando por espacios liberados en ciudades y el campo. Quizás nos automarginalizamos, ya que luchar por espacios autónomos del Estado muchas veces termina atomizando la sociedad. El efecto de esta marginalización ha sido que para el Estado romper dichos espacios es muy fácil. Bueno, hoy en Alemania e Italia estamos hablando de movimientos post autónomos, o sea, quedarse con una política antiautoritaria y anticapitalista, pero sin marginarse y trabajar con partidos de izquierda, los verdes o  movimientos sociales para concordar alianzas. Rechazar las instituciones tal como las conocemos no necesariamente implica rechazar las instituciones en sí.

Por Mauricio Becerra R.

La revista se puede descargar en www.turbulence.org.uk

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