Mauricio Macri, presidente de Argentina

Las pasadas elecciones parlamentarias argentinas, donde se renovó parte del parlamento trasandino, significaron un nuevo triunfo para coalición macrista Cambiemos y un espaldarazo a la gestión de Mauricio Macri a la cabeza del gobierno, a pesar de oposición a sus políticas económicas y a la represión aplicada al movimiento social.

A pesar que la desaparición de Santiago Maldonado durante dos meses, cuyo cuerpo fue encontrado durante la semana previa a los comicios, ha sido eje de intensas y masivas movilizaciones contra el gobierno del empresario y ex dirigente deportivo, en repudio a la represión aplicada a diferentes demandas y organizaciones sociales, la administración de Mauricio Macri no ha visto mermada su votación, incluso logró fortalecer su presencia a nivel nacional.

El caso del joven artesano se une a la situación de la dirigente social Milagro Sala, quien se encuentra enjuiciada tras un acampe organizado a principios de la administración macrista. En ambos casos, el gobierno trasandino ha dado cuenta de su perfil represivo.

En este escenario, la tensión política es patente allende los andes lo que grafica, en conversación con El Ciudadano, José Schulman, vocero de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, quien sostiene que en Argentina se está viviendo un momento que se puede resumir en elementos: “lleva al máximo el proyecto económico de la dictadura; segundo, otro elemento es la represión aplicada y, tercero, el estallido del sistema político argentino”.

Ante esto, Schulman sostiene que el movimiento social argentino tiene un enorme desafío por delante ya que “si logra entender el contexto tiene un enorme poderío porque el movimiento popular es fuerte y hoy no tiene una referencia política”.

José Schulman, Liga Argentina por los Derechos del Hombre

El escenario en Argentina se percibe complejo por el triunfo macrista y la situación política-social ¿Cuál son los ejes del análisis post-electoral? 

Nosotros consideramos que en Argentina no existe un ajuste o un plan regresivo sino que es un cambio de régimen. Estamos pasando de un gobierno democracia más o menos formal, más o menos representativa a un gobierno autoritario con mascaras democráticas. Este es un gobierno que encarna a los grupos económicos más concentrados y a los grupos que están subordinados a las grandes trasnacionales de los distintos sectores.

¿Cómo se evalúa desde la perspectiva de los Derechos Humanos? 

Nos hemos planteado dos cosas: enfrentar el proceso de arrasamiento que estamos sufriendo del Estado de Derecho como hemos visto con la renuncia obligada de la Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, el sometimiento de Milagro Sala en condiciones ilegales de detención y el aumento de la agresividad de las fuerzas policiales con la población. El otro objetivo, es defender nuestra unidad ya que este año hemos realizado cinco convocatorias a marchar y ha sido en unidad de casi todas las fuerzas que no apoyan a Cambiemos.

Tratamos de mantener lo que conquistamos y cuestionar el discurso que intenta borrar todas las garantías sociales.

A pesar de las muestras de rechazo a las medidas del macrismo no se traslada eso a lo electoral ¿Cómo se puede explicar dicho fenómeno? 

Debemos entender que vamos encaminados a una sociedad de “mitad y mitad”, porque no es cierto que la mayoría de Macri es absoluta ni mucho menos. Una parte del voto de Macri lo hace contra el kirchnerismo. El gobierno logró que la elección fuese peronismo o antiperonismo y, ahí, consiguió una leve mayoría. Sin embargo, no se pierde el ánimo ya que desde que secuestraron a Santiago (Maldonado) aumento la movilización en todas las regiones y hay una juventud que se identifica mucho con los valores de la libertad y respeto por los pueblos originarios.

¿Se puede entender este proceso como revival de lo que pasó en los noventas?

No soy amigo de realizar comparaciones históricas. Hoy estamos en un momento mundial de un virjae a un capitalismo sin orden jurídico y en ese marco hay una ofensiva en América Latina que no puede derrotar ni a Cuba, Venezuela o Bolivia -lo que no hay que dejar de mencionar- y en Argentina se está viviendo un momento nuevo donde tenemos un gobierno de nuevo tipo que, primero, resume y lleva al máximo el proyecto económico de la dictadura, de hecho nunca un presidente de la sociedad rural (Patronal agraria) había sido ministro de Agricultura, otro elemento es la represión aplicada y, tercero, el estallidos del sistema político argentino, lo que genera una oportunidad para que desde la movilización se pueda hacer frente a este escenario, ya que desde la ética podemos hacer un aporte importante.

Desde las organizaciones de izquierda o grupos alternativos al oficialismo, ¿Hay opciones de concretar una fuerza que haga frente a Cambiemos?

Tenemos la siguiente idea: construir acciones de resistencia real, sin límites. Creemos que debe nacer en Argentina una fuerza antiimperialista, que no la hay. Aquí está muy devaluada una mirada latinoamericana que de se proclamó pero que no se practica. Si el movimiento popular logra entender el contexto tiene un enorme poderío porque el movimiento popular es fuerte y hoy no tiene una referencia política. Ante la ausencia de una fuerza creíble, el movimiento de DDHH está entrando al debates desde donde podemos.

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