Testigo del careo entre Cheyre y profesor que lo acusa de torturas: “El ex general estaba nervioso pero negó todo”

A pesar de haber dado su testimonio ante la Comisión Valech, el ex dirigente del Partido Socialista, Luis Ravanal Martínez, tuvo que declarar ante el ministro Vicente Hormazábal en el cuartel de la brigada de derechos humanos de la PDI para colaborar en la investigación por el caso de Nicolás Barrantes.

Este viernes 4 de agosto Luis Ravanal Martínez hizo un esfuerzo importante y tuvo que revivir el episodio de torturas vivido el 18 de octubre de 1973 a manos del entonces teniente y hoy ex comandante en jefe del Ejército, general (r) Juan Emilio Cheyre.

La trágica experiencia fue vivida al interior del regimiento ‘Arica’ de la ciudad de La Serena, recinto al cual fue llevado junto a su esposa embarazada y 15 otros dirigentes, que luego fueron fusilados. Debido al agotamiento propio del recordar tan traumático episodio, por el momento no quiere dar más entrevistas, aparte de lo que ya expuso cuando fue a declarar ante el ministro Vicente Hormazábal, manteniendo los dichos expresados ante los profesionales que recabaron los antecedentes que conformaron el informe Valech dos décadas atrás.

Pese a ello, Luis Ravanal Zepeda, hijo del ex dirigente, conversó con El Ciudadano, a propósito de la emotiva experiencia y lo complicado que es volver a revivir un conocimiento que, como familia, resguardan desde el día que sucedieron los hechos.

Don Luis, ¿usted recuerda algo de los hechos que fueron ratificados por su padre?

“Siempre fue conocido el nombre de este individuo en el ámbito familiar. Yo lo tengo en mis registros, tenía 8 años en esa época. Yo recuerdo cuando mi padre llegó a casa, desde el regimiento, por las marcas de las esposas: lo hacían dormir esposado. El nombre de Cheyre lo tengo desde niño en mi memoria. Por eso me sorprendió cuando lo nombraron Comandante en Jefe, en la época de Lagos. Era una contraposición a lo que uno podía haber imaginado, en un régimen, entre comillas, democrático.

¿A lo largo de todos estos años, su padre pudo recordar algún otro detalle, alguna nueva información?

“Esto es algo que no es nuevo, está en la historia pública del país. Él se mantuvo en todos sus dichos, entregó información detallada respecto a lo que había experimentado. Lo que relató es algo que había escrito décadas atrás. Lo que vino a ratificar ante el ministro es lo ya declarado ante la Comisión Valech y, como era de esperar, Cheyre negó todo. Comentó que no lo conocía. Afortunadamente, mi padre ha sido muy cuidadoso en guardar los documentos, tenía los registros de toda la situación que vivió, datos y fechas exactas del período que estuvo detenido. Simplemente hoy tiene la oportunidad de exponerlo ante un tribunal. Parecía una causa que nunca se iba a investigar, considerando todas las limitaciones que constituyeron el informe Valech y Rettig, respecto al ocultamiento de información por 50 años, a través de acuerdos políticos.”

¿El recordar implica un sufrimiento que se transmite, en este caso, a ustedes como familia?

“Es una historia muy dura, muy fuerte. La historia completa sería un gran texto, por todos los detalles: las formas en que torturaron a sus colegas -personas que yo conocí- que fueron fusiladas en La Serena. Son datos de la intimidad personal que para mí fueron muy difíciles, no pude terminar de leer las escabrosas situaciones y torturas a las que fueron sometidos. Es muy complicado.

“Mi padre fue el único de los 16 personas de la lista, que iban a ser ejecutadas, que sobrevivió. A partir de ahí, en el año 1974, comenzó el exilio a New York, hasta que se acabó la dictadura. Y eso implica un sufrimiento de años, como lo manifestó él, de alejamiento de la familia, que se mantiene hasta el día de hoy. Esas secuelas y traumas son permanentes. De La Serena a Nueva York fue un cambio brutal.

Sus padres fallecieron sin siquiera poder asistir a su funeral. Es un daño irrecuperable, permanente, más allá de la esperanza de la entrecomillas justicia. Nunca se va recuperar lo que se perdió, incluyendo a mi hermano. Ambos fueron acusados, mi padre y mi madre. Ellos eran militantes del PS, formaban parte de la dirigencia, eran profesores de la Universidad Técnica. Por eso estaban en la lista. Mi madre  también fue llevada al regimiento ‘Arica’, estando embarazada. A consecuencia de eso, falleció mi hermano. Es una historia que no está contemplada.”

¿Cheyre se comportó de manera humana durante el careo?

“El único rasgo que manifestó es que se le veía nervioso. El ex general estaba nervioso pero negó todo, desconoció lo que se le señalaba. Mi padre mantuvo su tranquilidad, entregó su testimonio. Lo miraba, fue cortés con él, lo saludó, mantuvo su postura.”

¿Ustedes han tenido apoyo para la contención física, psicológica?

“No, absolutamente nada. El Estado de Chile ha sido absolutamente inconsecuente con las personas que volvieron. El retorno fue difícil, desde el punto de vista social, laboral. El único reconocimiento es la credencial PRAIS para la salud. Nada más. Nunca hubo apoyo ni siquiera contacto de algún organismo para ofrecer algún tipo de ayuda.”

¿Pretenden cerrar el ciclo?

“El tema nunca se va a cerrar, perdí a mi hermano. La esperanza – me comenta mi padre- es que terminemos con el ciclo del tema judicial. Es un estrés tremendo. Ellos están mayores, mi madre está enferma del corazón. Esto puede implicar un perjuicio físico y psicológico. Por eso me manifestó que no tenía interés en dar más entrevistas, por lo que significa.

La justicia verá qué pasa con el caso. Él no se querelló, viene a colaborar con la investigación que se lleva por el caso de Nicolás Barrantes. Manifestó todo lo que tenía que decir ante la Comisión Valech, ahí está todo acreditado. Lo mismo que dijo hace dos décadas fue dicho ahora, nuevamente. El resto es ajeno a su voluntad . Tribunales decidirá qué es lo que pasa y si alguna vez se logrará hacer justicia en este país.”

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