La venta de automóviles nuevos continúa aumentando en Chile. De enero a julio de este año, se vendieron 190.755 unidades. Según datos de la Asociación Nacional Automotriz de Chile, solo en julio se registraron 28.092 ventas de coches sin uso, un 24,7% más que el mismo mes de 2016.

La Región Metropolitana (RM) lideró el listado de regiones con más autos vendidos durante julio, con 16.736. Una cifra preocupante, si consideramos que solo en este año se han reportado 60 episodios de contaminación del aire en la RM (4 en abril, 9 en mayo, 19 en junio y 28 en julio), de acuerdo a la información contenida en los registros mensuales del estado de la calidad del aire, elaborados por el Ministerio del Medio Ambiente.

En conversación con El Ciudadano, el abogado ambientalista Luis Mariano Rendón (@lmrendon) plantea su preocupación por el sostenido aumento de vehículos motorizados en las calles de Chile y, en particular, en la región que alberga a su capital, Santiago.

Luis Mariano Rendón

«Eso que algunos pueden ver como tremendamente positivo es una expresión de la precariedad de los sistemas de transporte público y la falta de seguridad de los sistemas de transporte no motorizados», advierte.

Uno de los problemas observados por Rendón «tiene que ver con señales equívocas, como por ejemplo, las de legisladores que quieren buscar beneficios para los automovilistas, como que tengas estacionamientos gratis, porque el transporte habitual en automóvil no lo resiste nuestra ciudad. Nuestras calles están absolutamente colapsadas, es cosa de pasar por cualquiera de las arterias principales en las horas de flujo más alto y están completamente saturadas por transporte particular».

Un problema sistémico

Vale. Al parecer, una parte de la solución pasaría por fomentar la migración de pasajeros desde sus vehículos particulares hacia el sistema de transporte público. El problema es que la experiencia cotidiana en el Transantiago y Metro indica que un viaje en las horas de más alta demanda implica convertirse en atún enlatado.

Esto porque diariamente, en los 6.600 buses que conforman la flota de las 7 empresas concesionarias del Transantiago, se realizan más de 3 millones de viajes, de acuerdo a la información publicada en el sitio oficial del sistema de transporte público capitalino. El Metro, por su parte, traslada a 2 millones 200 mil pasajeros cada día.

Si estos números dicen poco, entonces, revisemos la evaluación de los usuarios según el Estudio de Satisfacción Operadores (noviembre 2016). En esa medición, los usuarios califican con nota 4,3 al sistema en su conjunto, mientras que el Metro obtiene un 5,0.

Algo dice que no basta con pasar a los usuarios del automóvil particular hacia los microbuses o los carros del tren subterráneo…

«Es un problema evidentemente sistémico y, por lo tanto, uno tiene que tocar varias teclas para buscar la solución. Una de ellas es el tema de la expansión de la ciudad», comenta Luis Mariano Rendón.

¿De qué está hablando el abogado? «Una ciudad que se expande horizontalmente, genera viajes motorizados más prolongados y, por lo tanto, mayores emisiones locales y globales. Se necesitan planes de ordenamiento territorial, que tengan un criterio de sustentabilidad como un eje central. Desgraciadamente, eso no ha ocurrido en nuestro país, más bien hemos visto que la planificación urbana ha estado al servicio de los grandes especuladores inmobiliarios, para hacer viables proyectos fuera del área urbana y continuar con esta expansión como mancha de aceite de las principales ciudades», explica.

Sin embargo, Rendón sostiene que «el transporte publico mejora automáticamente en la medida que tú sacas vehículos de las calles, porque éstas se vuelven más fluidas y por lo tanto, incluso con la misma cantidad de buses que tenemos hoy, se puede transportar a más pasajeros, porque los viajes se hacen más rápido».

«Otra tecla, evidentemente, es el mejoramiento del transporte público. Ahí queda mucho por hacer. Sin duda, algunas cosas se están haciendo y eso tenemos que reconocerlo. Las expansiones de las líneas de Metro en Santiago y el Transantiago, con todo y sus defectos, ha significado, por lo menos en algunos sectores, una mejoría en relación a lo que teníamos antes, pero tiene que seguir mejorando para que sea una opción cada vez mas viable y atractiva», advierte el activista por causas ambientales.

¿Y las bicis?

Rendón identifica otras medidas para estimular a las personas a dejar el auto en la casa. En este sentido menciona la tarificación urbana «y bien alta, de manera que efectivamente sea un lujo usar el automóvil para llegar a determinadas zonas céntricas de la ciudad o los anillos que se vayan estableciendo».

Además, se muestra partidario de incrementar los impuestos a los combustibles y a las emisiones. Sin embargo, su apuesta principal pasa por fortalecer las condiciones para que el transporte en bicicleta se convierta en una posibilidad cierta y masiva.

«En varios países del mundo, en Europa particularmente, se están estableciendo beneficios para las personas que se transportan habitualmente a sus trabajos en bicicleta. Esto no es ningún regalo, sino que simplemente es, en términos económicos, internalizar todas las externalidades positivas que los ciclistas le damos a la ciudad», argumenta.

En el año 2016, Francia echó a andar un plan para que por cada kilómetro pedaleado, los trabajadores reciban 25 centavos de euro (cerca de $191). En Sao Paulo se evaluó una medida similar, que entregaría 50 reales (poco más de $10 mil) a las personas que acudan a su trabajo en bicicleta por lo menos tres días a la semana.

«En el ámbito de las bicicletas, queda muchísimo por hacer. Hay cosas que se están haciendo y van en la buena dirección. Por ejemplo, la discusión sobre la reducción de la velocidad máxima en ciudad a 50 km/h. Eso es positivo, porque a menor velocidad de los automóviles, en caso de accidente, las posibilidades de sobrevivir de un ciclista son muchísimo mayores. Eso se debe combinar con una política de pistas seguras, además de los incentivos para el uso de la bicicleta», afirma Rendón.

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