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La situación podría mejorar un poco para los alicaídos elefantes, porque China, el mayor consumidor mundial de marfil, anunció que cerrará todo el mercado local de este material hacia fines de este año.

Los últimos no han sido buenos años para los grandes animales del planeta. El último gran censo encontró que el número de elefantes en África se desplomó en un 30% entre 2007 y 2014, con sólo 350.000 sobrevivientes en estado salvaje.

La prohibición del comercio internacional de marfil ha existido desde 1989, pero los mercados locales han seguido floreciendo. Esto ha permitido que el comercio ilegal de marfil tenga un fácil acceso a los mercados legales. Con un control tan escaso sobre los proveedores del material, la facilidad de falsificar documentos y la reticencia general –o indiferencia– de las agencias ejecutoras, China se ha vuelto el epicentro del mercado negro del marfil.

Hay quienes estiman que China representa alrededor del 70% del comercio global de marfil, con sindicatos criminales organizados e incluso centros de tallado autorizados por el estado, que se benefician de la matanza de elefantes en África. Sólo el año pasado, se cree que al menos 20.000 elefantes cayeron víctimas de cazadores ilegales, para satisfacer la demanda de marfil en oriente, donde un kilogramo del oro blanco puede llegar a costar US$1.100.

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En octubre de 2015, los delegados de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) votaron por extender la prohibición internacional, para que también aplicara a los comercios domésticos, una medida que en ese momento también fue apoyada por China. Aunque la propuesta no es obligatoria (Japón, por ejemplo, no se adscribió al acuerdo de prohibir el mercado de marfil en su región), parece que China se está tomando en serio el compromiso de cerrar sus puertas al mercado ilegal internacional.

El anuncio de las autoridades Chinas llegó el viernes 30 de enero, y en él se detalla que “parte de sus procesadoras de marfil dejarán de funcionar hacia el 31 de marzo de 2017 y todo el procesamiento y venta dejará de operar hacia el 31 de diciembre de 2017”. La ambiciosa meta, que se ha implementado rápidamente, ha sido celebrada por organizaciones de conservación en todo el mundo. World Wildlife Fund (WWF) alabó la gestión como un “anuncio histórico” que será “un gran aliciente para los esfuerzos internacionales por superar la crisis por la caza furtiva en África”.

“China y EEUU han demostrado lo rápido que se pueden abordar los mercados, y mientras más pronto, mejor para los elefantes de África”, declaró Lo Sze Ping, director de WWF en China.

Con la rápida precipitación de los elefantes hacia la extinción, esta noticia trae esperanza. Ahora, lo ideal será que otros países imiten la medida, y así se logre que esta esperanza de transforme en un desenlace feliz, antes de que sea tarde.

Fuente, IFLScience

El Ciudadano

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