Luego de Mataquito y el reciente desastre ecológico, Celco vuevle a mostrar sus garras a Valdivia. Esta vez comprando consciencias para que mantengan silencio, otra de sus oscuras costumbres.


celcomienteLos valdivianos se extrañaron cuando, a principios de mayo pasado, los Armadores Fluviales de Valdivia desistieron de la querella criminal presentada en contra de Celco por el daño producido al río Cruces y al santuario de la naturaleza “Carlos Andwanter”.
Según Jimmy Davis, presidente de la entidad: “El convenio consiste en que la empresa (Celco) se compromete por un período de tiempo determinado a colocar recursos para que nosotros (…) podamos realizar una campaña turística y además desarrollar una nueva estructura legal que nos permita actuar con fondos del Estado y privados”.
¡Bien por ambos!
Pero junto a lo anterior, el acuerdo notarial suscrito revela que Celco, representado por Matías Domeyko y Jorge Garnham, gerente general y gerente de área de celulosa respectivamente, pagó $614 millones, mediante depósitos, a los siguientes armadores:
Víctor Mediavilla, $186.953.400; Christian Davis, $62.798.400; Juan Albornoz, $53.453.400; Julio Cárcamo, $2.937.000; Gonzalo León, $6.408.000; José Marín $62.798.400; Germán Silva, $2.942.000; Fernando Liewald, $83.464.200; Eladio Garcés, $1.869.000; y Jimmy Davis, $143.539.200. ¿Eso vale la muerte de los cisnes?

RENUNCIAN A TODO
La falta de respeto a la ciudadanía y el atropello a la razón se ha hecho carne con este silencio pagado. Según consigna el documento notarial, con este dinero los armadores aludidos “vienen en renunciar expresa, formalmente y sin limitación alguna, a toda pretensión, derecho, acción y/o reclamación que les corresponda o pudiere corresponderle en contra de Celulosa Arauco y Constitución S.A., sus sociedades relacionadas, y/o de sus directores, ejecutivos y trabajadores, sea cual fuera su naturaleza, causa, motivo, fundamento o antecedente, sin limitación ni exclusión alguna, en razón de los hechos y las pretensiones mencionadas en la cláusula primera”. En ella, los empresarios turísticos, se consideraban directamente afectados por Celco, por lo que inician las acciones judiciales.
El acuerdo señala que los armadores que suscribieron el acuerdo se deben abstener “de los hechos allí indicados (en la cláusula primera) incluidos los perjuicios por daño emergente, lucro cesante y daño moral, pretensiones que se dan por extinguidas y satisfechas en todas sus partes, no subsistiendo en forma, calidad ni cantidad alguna, renuncia que hacen extensiva a cualquier sociedad que representen y que tengan relación con la actividad turística y de armadores fluviales y a toda otra querella, o acciones civiles, judiciales o extrajudiciales en que eventualmente sean sujetos activos”.
Celco ha violado reiteradamente la ley ambiental, ha contaminado el Río Cruces y el Santuario de la Naturaleza, ha faltado a la verdad ante los tribunales de Justicia, y ante la opinión pública reiterando que tienen la mejor tecnología del planeta. Ahora silenció a los armadores con $600 millones. La firma de Angelini se ufana de sus bajos costos gracias a la producción a gran escala de celulosa, pero ha concentrado efluentes tóxicos y perjudicado actividades productivas de los empresarios turísticos. Pero, el hecho de haber pagado el silencio de los armadores, no significa que se mitiga la muerte de los cisnes ni que mejoren los ingresos por el turismo. Más bien, reconoce –por fin- que tiene responsabilidad en la catástrofe ecológica ocurrida en Valdivia.

Mauricio San Cristóbal

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