Algo raro está pasando con los chimpancés y papiones de Uganda. Por varios años, los investigadores que trabajan en el Parque Nacional Kibale, en Uganda del norte, han notado un creciente número de primates que sufren de extrañas deformidades como extremidades ausentes, pelaje irregular, labio fisurado, rostro cóncavo o nariz plana.

En un nuevo estudio, publicado en la revista científica Science of The Total Environment, un grupo de investigadores reporta haber encontrado la causa: los pesticidas agrícolas.

En Sebitoli, un área del parque nacional, el equipo encontró que almenos 16 de 66 chimpancés monitoreados (25%) mostraron anomalías físicas, incluyendo fosas nasales reducidas, labio leporino, extremidades deformes, problemas reproductivos y pérdida de pigmento en la piel o el pelaje. Al menos 6 de 35 papiones (17%) fueron fotografiados con deformidades severas similares en sus narices. Ninguno de estos primates pareció mostrar signos de lesiones provocadas por infecciones.

En otro lugar del parque hubo dos reportes de primates salvajes con algún tipo de deformidad, uno de los cuales mostró tener un origen congénito.

Los investigadores se dirigieron a Sebitoli para encontrar la causa del problema, entonces constataron que los agricultores y trabajadores de dos grandes industrias de té, usaban ocho pesticidas: glifosato, cipermetrina, profenofos, mancozeb, acilalanina, dimetoato, clorpirifós y ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D).

Cuando continuaron con la investigación, descubrieron que los niveles de pesticidas en la tierra, las aguas y las plantas del área, excedían los límites de DDT y clorpirifós recomendados en semillas frescas de maíz y en peces. Los primates de Sebitoli comúnmente sacan alimento de las plantaciones de maíz en los campos y granjas adjacentes.

El pesticida DDT es el que más destaca entre los mencionados, porque a pesar de que fue prohibido bajo la Convención de Estocolmo de la ONU, debido a que sus efectos nocivos en el medio ambiente son bien conocidos, está permitido en países africanos donde la malaria sigue siendo uno de los mayores problemas de salud, como Uganda.

Los investigadores señalan que no encontraron una relación causal; es decir, no encontraron un nexo explícito entre los pesticidas y las anomalías. Para encontrar estas señales, tendrían que obtener muestras de orina de toda la población de primates del parque, expuestos a estas sustancias. Sin embargo, aseguran que hay bastante evidencia para respaldar la correlación observada.

“Al menos tres pesticidas (clorpirifós, mancozeb y DDT) usados en esta área afectan la señalización de la hormona tiroide (HT)”, escriben los autores en su estudio. “La HT está implicada en la organogénesis craneal y facial. Niveles anormales de HT en la madre o en neonatos, se han relacionado con displasia facial, incluyendo paladar y labio fisurado en recién nacidos humanos”.

Los autores aún no descartan que las causas de las anomalías puedan estar en otra parte, en el caso de la displasia, y que aunque “la naturaleza causal de la relación entre los pesticidas y las deformidades todavía debe ser verificada, hay razones para preocuparse”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en IFLScience. El medio The Verge contiene imágenes de los primates afectados.

El Ciudadano

 

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