Caridad por imitación está lejos de ser solidaridad. Constituye un acto reflejo sin impacto alguno en la conciencia ciudadana y menos aún en la calidad de vida de más de 3 millones de personas con discapacidad, quienes se baten en un contexto de grave discriminación y vulneración de derechos. Urge impulsar más y mejores políticas públicas para el sector para superar, por ejemplo, el 90% de cesantía. La caridad no ayuda al más grande conglomerado excluido de la sociedad chilena.

La campaña Teletón, herencia de la dictadura de Augusto Pinochet, ya fue cuestionada por la Organización de Naciones Unidas el 2014. La ONU instó a Chile el 2016 por medio de un informe especial, firmado por el Comité sobre los Derechos de las  Personas con Discapacidad, donde expresamente en el apartado Toma de Conciencia – Artículo 8 expone su preocupación ante la campaña que -argumenta- atenta contra la justicia y la dignidad por medio del uso de la lástima y el enfoque caritativo para recaudar miles de millones de pesos para unos pocos, dejando a millones de ciudadanos con discapacidad, fuera de alcanzar las anheladas prestaciones de salud. En lo concreto, más del 96% no tiene acceso a la Salud, según el Primer Estudio Nacional de la Discapacidad ENDISC.

Al comité, le preocupa, que los esfuerzos del Estado para combatir los prejuicios y estereotipos negativos de las personas con discapacidad continúan siendo insuficientes, dada la existencia de campañas públicas como Teletón, receptoras de fondos públicos, que refuerzan el modelo asistencialista hacia las personas con discapacidad. El Comité insta al Estado de Chile a combatir estereotipos y la discriminación en medios de comunicación, e impulsar campañas públicas de promoción de las personas con discapacidad como sujetos de derechos humanos y no como objetos de caridad y asegurar que los fondos públicos no se utilicen para propósitos contrarios”, estableció la ONU.

ONU hace referencia a los derechos esenciales que el Estado de Chile se comprometió a respetar a partir del año 1994 con la entrada en vigencia de la Ley de Integración Social de las Personas con Discapacidad (la Ley 19.284), primera legislación chilena en beneficio de las personas en esta condición, que tuve el gusto de redactar y entregar junto a mi padre, dirigente y persona con discapacidad en 1990 al MIDEPAN -actual Ministerio de Desarrollo Social-. Derechos que, además, el Estado ratificó en marzo de 2007 ante la ONU, haciéndose parte de la Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, de carácter vinculante a la legislación Nacional.

Alejandro Hernández

¿Es la rehabilitación una cuestión de caridad? La Salud es un derecho que el Estado de Chile tiene la obligación de brindar a todos los ciudadanos, pero que sin embargo niega sistemáticamente, especialmente a los niños con discapacidad, vulnerando a su vez tratados internacionales que dicen relación a la protección de la integridad física y mental de los niños y jóvenes. Especialmente en lo referido a la protección contra el abuso y la discriminación: A “no ser discriminados por el solo hecho de ser diferentes a los demás”.

La acción del Estado es diametralmente opuesta a la que se ha comprometido ante los ojos del mundo. Vemos nuevamente a Chile vulnerando los derechos esenciales, retrocediendo hacia la década de los ’70 y dando una nota discordante en el concierto internacional. La pregunta que cabe hacerse es ¿qué es lo que impide que Chile respete los derechos de las personas con discapacidad y que de una vez por todas ejecute las acciones que le demandan los organismos internacionales?

Lamentamos que aún existan personas que se dirijan al banco a regalar su dinero sin la mínima conciencia de todo lo que se ha avanzado y lo que falta en materia de derechos humanos en Chile; lo hacen, creemos, por falta de acceso a una debida información -porque el Estado se ha negado sistemáticamente, aduciendo falta de recursos, a informar a través de campañas sobre lo que es realmente la discapacidad y los estereotipos-; por una costumbre de casi 40 años o por complacer la presión del grupo; varios son los motivos.

Cabe agregar que los organizadores de esta campaña, que han recibido lluvia de críticas en todo el mundo, no han movido ni un milímetro los límites para cambiar la realidad en Chile, México o Colombia, por ejemplo. Muy por el contrario, las empresas donantes entregan en pantalla sus monedas sobrantes.  

Los que donan hace 40 años son los mismos que hoy buscan fórmulas para no incluir a técnicos, profesionales y administrativos con discapacidad a su staff de colaboradores; los que hoy vulneran los derechos de sus trabajadores y trabajadoras, inspirando huelgas por mejoras en las condiciones laborales y remuneraciones. Huelgas laborales a las que ha estado afecta este año la misma Teletón, por medio del sindicato que agrupa a más del 80% de sus trabajadores, los que al verse sobrepasados, reclamaron mejoras en su calidad de vida y sus sueldos.

En relación a esto mismo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dio a conocer en junio de este año el informe “Perspectivas de Empleo 2017”, donde Chile figura entre los países que integra el organismo, pero en el antepenúltimo puesto, como país más bajo en relación al sueldo por hora. El informe advierte que se sitúa sobre el nivel de inseguridad en el mercado del trabajo y la integración de “grupos desfavorecidos”, como madres de niños muy pequeños, inmigrantes y personas con discapacidad.

La “inclusión” que esperamos no es la que se hace contratando al “jovencito para servir el café” o “acomodar prendas en el retail”, sino que el que podría hacer, por ejemplo, el Ministerio de Justicia contratando en su equipo de abogados a profesionales ciegos. De estos casos hay cientos sin una sola oportunidad.

En resumen, la situación que viven las personas con discapacidad y sus familias en Chile -más de 9 millones de ciudadanos- es dramática, en medio de la enorme “discapacidad empática”. Performance de una sociedad de mercado que les niega sistemáticamente el derecho a la salud, transporte, trabajo, vivienda y seguridad social, entre otros.

Con la llegada de nuevas generaciones que están instalando e inspirando nuevas visiones en Chile y en el contexto de avance de conciencia en materia de derechos a nivel nacional e internacional, Teletón aparece como un atentado al despertar ciudadano. Un shock a los derechos humanos, dentro de un escenario político, social y mediático que hoy -a regañadientes- continúa aplaudiendo la Presidenta y los candidatos presidenciales. Esta es la gran “Fiesta de la Inconsciencia”.

En homenaje a los que aportan día a día, y muchos que dejaron sus vidas por más y mejores leyes, en beneficio de millones de personas con discapacidad; a horas del Día Internacional de la Discapacidad, y testigos de una nueva vulneración de derechos por parte de la campaña, es que nuevamente decimos al mundo: DISCAPACIDAD: + DERECHOS – CARIDAD.

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