Taller Periodismo e internet durante el Festival Gabo 2017. Foto: David Estrada L / FNPI

 

Carmen Rosa Pabón es una periodista de Saravena, el segundo municipio más importante del departamento colombiano del Arauca, donde fue amenazada y perseguida por la guerrilla de izquierda y los paramilitares de extrema izquierda.

En 2007 fue la primera periodista que ganó el premio Orlando Sierra al coraje periodístico, un importante reconocimiento para el periodismo de las regiones de Colombia.

“Los premios son importantes porque destacan a la persona que está haciendo su trabajo, le dan una vocería y visibiliza a la región. Eso ayuda a tocar y abrir puertas a nivel nacional e internacional”, dijo a IPS la periodista.

“En mi caso, el premio contó mi historia y lo que estaba pasando en mi región. Eso me blindó, porque los actores armados le temen a la visibilidad, se les quita la careta”, explicó.

Pabón forma parte de la red de corresponsales de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) que este año realizó su reunión anual en el marco del Festival Gabo, que desde 2013 organiza la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

El Festival, que acogió Medellín entre el 28 y 30 de septiembre, se ha convertido en un referente del periodismo de calidad en el continente y una ocasión única para que se conozcan entre sí los protagonistas de los proyectos periodísticos de la región y compartan experiencias, riesgos y logros.

Este año, el encuentro registró a 15.000 asistentes, de todas las regiones de Colombia y de prácticamente todos los países de habla castellana de América. “Es el Festival más grande que hemos tenido. Ya no podemos crecer más”, dijo Ricardo Corredor, el director ejecutivo de la FNPI.

“La visibilidad es importante en estos casos, pero no sólo basta con que se denuncie (una situación de agresiones a la libertad de expresión), es necesario que también se hable de las organizaciones que están trabajando en ello”, planteó.

Para Corredor, explicó, es imprescindible, “en un oficio con la industria en crisis, con amenazas, y con incertidumbre, que por lo menos que haya reconocimiento al trabajo”.

La FNPI fue creada en 1994 por García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982 y llamado Gabo por sus amigos y también por sus admiradores, con la idea de formar, inspirar y conectar a periodistas y medios en Iberoamérica.

Sus reconocimientos a lo mejor del periodismo en la región han tenido dos etapas.

La primera, de 2002 a 2010, fue financiada por la compañía Cementos Mexicanos, y la segunda, de 2013 a 2017, es apoyada por la alcaldía de Medellín y el Grupo Sura y va de la mano de un festival de tres días en los que hay foros, talleres, exposiciones y conciertos, todo en torno a la búsqueda de impulsar una comunicación ética y de calidad en la región.

Es el encuentro de periodismo más grande de la región, pero no el único.

En las últimas dos décadas, la multiplicación de iniciativas para promover la capacitación y la investigación periodística en América Latina han dado una ventana de salida al periodismo crítico e independiente que no encuentra cabida en los grandes medios de comunicación, cuyo modelo ha entrado en crisis con el surgimiento del Internet.

De esta crisis mundial ha surgido un periodismo emergente, nativo digital, que en esta parte del mundo se traduce en nombres alejados de la prensa tradicional, como El Faro, Nómadas, El Estornudo, Periodismo de Barrio, Efecto Cocuyo, Pie de Página o Lado B.

Estos nuevos medios están transformando la manera de hacer y consumir periodismo en América Latina, de acuerdo con el estudio “Punto de inflexión”, que analizó 100 medios de cuatro países latinoamericanos y fue realizado por la organización Sembramedia, en asociación con la fundación Omidyar Network.

Este año, por ejemplo, los ganadores del Premio Gabo fueron trabajos de estos medios emergentes, como El Estornudo (Cuba), Pie de Página (México) y El País (de la colombiana ciudad de Cali). O también proyectos personales, como el comic de casi 100 metros de largo que retrata el fenómeno de las pandillas en Honduras, de Germán Andino.

Sus materiales se impusieron a las propuestas de grandes medios convencionales como The New York Times, el argentino La Nación o el colombiano El Tiempo.

Y los jurados que participaron en la selección de los cuatro ganadores, de entre más de 1.300 trabajos postulados, coincidieron en que cada año se han presentado más y mejores trabajos y cada vez ha sido más difícil escoger.

“Fue muy difícil la selección, para nosotros todos los finalistas son ganadores”, dijo la periodista Ana Cristina Navarro, quien fue jurado en la categoría de imagen.

En este sentido, el fotógrafo español Javier Bauluz, quien quedó finalista en esa misma categoría con un trabajo de 250 imágenes, que muestra el éxodo de las familias de refugiados hacia Europa, a lo largo de seis países, reflexionó que uno de los criterios de desempate que debe prevalecer en todos estos reconocimientos es “la utilidad del premio”

Otro espacio de encuentro y de reconocimiento importante es el de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (Colpin), que este año se realizará en Buenos Aires y arrancará el 2 noviembre.

Ese es el día declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Día Internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas.

En la Colpin se reúnen los periodistas que hacen investigaciones sobre corrupción e impunidad en la región y se entrega un premio financiado por Open Society Fundations.

El brasileño Rosental Alves, académico y gurú del periodismo digital, dijo que hay una gran oportunidad para periodistas que buscan capacitación y ayuda para adaptarse al ambiente mediático en crisis.

Alves es director del Centro Knight para el Periodismo en las Américas de la estadounidense Universidad de Texas, un programa de entrenamiento profesional de largo alcance para periodistas de América Latina y el Caribe, que durante años organizó el Foro Austin para reunir a periodistas y organizaciones de libertad de expresión.

“Nunca fue tan importante que el periodista entienda la necesidad permanente de capacitarse”, evaluó Alves. “Ahora hay que reinventarse y asegurarse de que la ética y técnicas para investigar ayudan al periodismo a ser más efectivo en un momento en que está bajo fuego”, añadió.

Son muchas cosas las que se generan alrededor de estos encuentros. Este año, en Medellín, el Festival Gabo provocó actividades alternas de colectivos de periodistas, como la reunión anual de los corresponsales de la FLIP, que abrieron un espacio para el intercambio de experiencias con la organización mexicana de Periodistas de a Pie.

En ese encuentro, Pabón explicó uno de los secretos de la organización colombiana: el sentido de pertenencia a su región que tienen cada uno de los corresponsales.

“Tuve tres ofertas para salir del país, pero yo decía: ‘yo no sé hacer otra cosa que lo que ya hago y en mi región’. En Arauca la gente sabe quién soy y me va a cuidar”, dice sobre uno de los nuevos enfoques del periodismo comprometido.

“Hay que trabajar mucho. El premio y la corresponsalía de la FLIP me blindaron. Ahora, lo que se necesita es la plata (dinero) y capacidad de hacer proyectos”, dice esta periodista de Saravena.

Por Daniela Pastrana

Gentileza IPS

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