Agotamiento de un modelo

Crisis financiera en TVN: ¿Cuál es el fracaso de la TV “de servicio público”?

El multimillonario déficit financiero y la necesidad de financiar la estación pública parecen hablar por sí solos. Pero TVN es un modelo único en el mundo, propio de la transición chilena. Sin recursos públicos, dependiente del empresariado, condicionado por el rating, una estrecha editorialidad y administrado por fuera del debate público, los supuestos que sostuvieron la grandilocuencia de la TV han llegado a su fin. Juan Carlos Berner, de la Mesa de Ciudadanía y TV Digital, denuncia: "De este debate participan no más de 50 o 100 personas".

Durante las últimas jornadas las negociaciones han vuelto a subir de tono entre el Ejecutivo y el Parlamento. Esta vez se trata de la necesidad planteada por TVN de recapitalizarse. La iniciativa, que originalmente pretendía utilizarse en el proceso de digitalización de la señal pública, condición del advenimiento de la TV digital, se destinaría principalmente a tapar el enorme abismo financiero por el que la estación cae. US$ 47 millones a su caja y otros US$ 18 millones para crear una señal cultural.

La votación, que se realizaría el martes recién pasado, tuvo que ser pospuesta para este miércoles, quedando finalmente para el 7 de noviembre. La iniciativa no cuenta aún con todos los votos necesarios en el Senado, ni por el lado de la Derecha ni por el de la Nueva Mayoría. El consenso es que una capitalización no cambia el modelo que llevó a la crisis a la estación.

Los trabajadores de TVN hicieron circular por redes sociales una declaración en que sostenían que si el presente proyecto era rechazado, “TVN quedará sin plata para seguir operando”. “En este escenario, TVN será cerrado o vendido a privados. De esta forma la televisión pública habrá llegado a su fin, tras casi 50 años como patrimonio de Chile”, advierte la declaración.

Las presiones a los parlamentarios se han hecho sentir. De hecho, los dos presidenciables de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier y Carolina Goic, habían expresado sus reparos a la iniciativa, pues no proponía un nuevo modelo de televisión pública. Por el contrario, estira el elástico del actual modelo, motivo por el cual nadie asegura que en cuatro años más se llegue a exactamente la misma situación. Santiago Pavlovic, emblemático periodista de la estación, los tildó de “pastelines”.

Alejandro Guillier ya anunció que había dado vuelta su voto, a condición de aumentar la presencia regional y la paridad en los directorios.

EL TITANIC SE HUNDE: ¿VIEJO O NUEVO PROBLEMA?

La estridencia de las cifras pareciera hablar por sí misma. El Mostrador informó que mes a mes la estación aumentaría mil millones de pesos en déficit y que suman 51.354 millones de pesos de déficit acumulado. Y agregan que TVN ha incurrido en la figura de leasebacks de inmobiliario y equipos técnicos para financiarse, monto que suma UF 880.963,15 (más de 23 mil millones de pesos) durante los dos últimos años, según consta en sus Estados Financieros.

Sin embargo, no puede decirse que esta crisis comenzó de un momento a otro.

La televisión en general ha decrecido en su rating, primero en favor de la televisón por cable y, luego, por los diversos servicios de transmisión a través de Internet. Esto supone una menor tasa de avisaje privado disponible.

Además, debe contemplarse un entorno de competencia directa en manos de magnates de talla mundial que han recapitalizado todas las otras estaciones.

Si a eso se suman unos principios fundantes de TVN que le obligan a competir con tales canales y la prohibición de recibir recursos públicos mes a mes, se dibuja un poco mejor la camisa de fuerza que hoy viste la estación y que finalmente comienza a asfixiarla.

Juan Carlos Berner, miembro de la Mesa de Ciudadanía y TV Digital, en conversación con El Ciudadano considera que el modelo de la estación pública era, a la larga, inviable: “Exigir a TVN un modelo de autofinanciamiento y que compita con consorcios internacionales, como son Canal13, Mega (un porcentaje de sus acciones pertenecen a Discovery Channel) o Chilevisión (cuyo propietario es el grupo Turner), e incluso UCV (que acaba de ser comprada por Disney Channel), es sumamente difícil. Además, se le exige pluralismo y cultura. Es un modelo difícil”, declara.

Además, critica el concepto del rating como único instrumento de medición: “El rating está obsoleto. Las mediciones más avanzadas contemplan otros factores. Netflix, por ejemplo, apuesta porque sus productos sean visionados en largo plazo. Cuando lanza una serie, no le interesa que vean un capítulo hoy, mañana y pasado; sino a lo largo de cinco años”.

Por otra parte, el rating es una herramienta de medición muy sesgada: “Mide televisores encendidos. Y muchos ven TV en Facebook o en Youtube; el modelo va cambiando demasiado y el rating es un sistema muy poco fiable. Son 600 televisores con que se pretende representar a 17 millones de personas. Y 450 de esos televisores, están en Santiago”, remata Berner.

EL MODELO DE LA TELEVISIÓN DE SERVICIO PÚBLICO

Ya en el rol asignado a TVN a comienzo de la transición estaban sentadas sus condiciones de asfixia.

La Ley 19.132 creó la Empresa Televisión Nacional de Chile, única red estatal del país. El marco normativo exige a TVN desempeñarse en tres ámbitos: autonomía, pluralismo y objetividad. Se trata de “una persona jurídica de derecho público autónoma, dotada de un patrimonio propio, dirigida por un Directorio que representa al propietario, que es el Estado, y la administra con las más amplias facultades”, señala el documento jurídico. “Pese a ser una entidad del Estado, TVN no puede recibir crédito público, subsidios, aportes o ingresos que provengan del mismo. Su gestión financiera debe realizarse como la de cualquiera otra empresa privada de servicios de televisión, lo que la obliga a competir en el mercado en iguales condiciones que los demás canales”, agrega el documento “Orientaciones programáticas”, publicado dentro de la estación en 1997, proceso que encabezó René Cortázar.

Este modelo no tiene parangón en el mundo. Es único en su especie. En otros países existe la televisión pública y/o la privada. Pero no este híbrido. Juan Carlos Berner especifica que “otros canales públicos se financian a través del Estado o con impuestos que se pagan al momento de comprar una TV. Así se financia la BBC (canal público inglés)”.

El reconocido intelectual que ha trabajado sobre la fisonomía de TVN y, de algún modo, se ha vuelto uno de sus voceros durante las últimas décadas es Valerio Fuenzalida. Él, en su libro “Televisión y Cultura Cotidiana: la influencia social de la TV percibida desde la cultura cotidiana de la audiencia” se hace cargo de fundamentar la opción: Se trata de una “provocativa filosofía” en que “la competitividad en calidad profesional y la autonomía financiera de la empresa constituyen el fundamento material para su independencia política del Gobierno y de otras instituciones, y posibilitan el pluralismo ideológico-cultural y una información útil a los intereses nacionales; así mismo, son las condición para la modernización hacia la administración profesional y tecnificada”, señala el intelectual.

Es una visión en la que el garrote moviliza el trabajo.

Pero esto es solo parte de la ecuación. La editorialidad de TVN también es referencia obligada para entender la lógica del canal estatal. Fuenzalida señala en su texto que los ingredientes programáticos estratégicos de TVN corresponden a “una información útil al crecimiento del país; y un aporte educativo-cultural para el desarrollo de la calidad de vida”.

El documento de orientaciones de TVN es más específico y transparenta un enfoque muy propio del período transicional chileno. Se refiere al “equilibrio” como valor a resguardar, destacando que es el “principal instrumento de desarrollo de la concepción pluralista” de TVN, tanto “en el conjunto de su programación como al interior de cada programa o serie identificable de programas”.

TVN se propuso ser el medio oficial de la transición chilena, reflejando su vida orientada al mercado y el empate político. Esta visión también está en crisis.

DEBATE DE POCOS

Juan Carlos Berner se lamenta sobre lo cerrado que ha sido el debate en torno a la televisión pública. En definitiva, se trata de uno poco democrático en que el descrédito de la política aporta a la invisibilidad del problema.

Berner señala que “esta discusión es complicada porque la política está tan desprestigiada a nivel de la ciudadanía que la gente tiene necesidad de resolver los temas más inmediatos: salud, educación, delincuencia, etc. Pero cuando se habla de la necesidad de TV pública, se dice: ¿Para qué le vamos a sacar plata al Estado? ¿Para ver teleseries? Y el debate de fondo sobre la influencia de la tv en la educación y la cultura, es que es muy importante”. “Por ejemplo -añade- nadie puede decir que el virus hanta se erradicó por la influencia de los afiches en los consultorios. Sería absurdo. Fue la TV. Si la gente sabe que el Sida se evita usando condón, también. No se trata de ponerle plata a ‘Primer Plano’”.

Por otro lado, también es estrecho el conjunto de actores que discute y delibera al respecto, desde la sociedad civil. “De este debate participan no más de 50 o 100 personas. Nos conocemos los nombres y las posiciones de memoria. La discusión no es pública, como NO+AFP. Si no fuera porque TVN puede quebrar, no sería ni trending topic. Y hay mucha ignorancia al respecto”, sostiene Juan Carlos.

Javier Paredes Godoy @jparedesgodoy
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