Ante denuncia de vínculos con narcotraficantes en San Ramón

Edison Ortiz: El PS “no tiene relación alguna con el partido de Allende. Es un partido de funcionarios”

El académico y militante del PS describe cómo se impuso en su partido una generación “sin ninguna convicción, salvo la mantención de cuotas de poder”. Y denuncia que el subsecretario Mahmud Aleuy estaba al tanto de la vinculación del PS al mundo narco: “La complejidad para el subsecretario, es que ejercieron junto a Aguilera la vicepresidencia del PS en la misma lista, antes de asumir el gobierno”.

Los partidos políticos parecen un dolor de cabeza que escala a jaqueca para el sistema político. Carentes de legitimidad -según la última encuesta CEP las principales coaliciones mantienen una pobrísima aprobación de 16 y 10%-; dependientes del empresariado -según ha denunciado la investigación periodística y de la Fiscalía-; utilizando el Estado como base para asentar y administrar redes de favores y clientelismo; esta semana se sumó otra más.

Informe Especial formuló una contundente denuncia que señala la infiltración del mundo del narcotráfico en algunas bases partidarias. En específico, en el diverso partido que otrora condujera a las clases populares a realizar sus sueños durante la Unidad Popular: el Partido Socialista.

Campañas comunicacionales, procesos judiciales y reformas políticas han apostado a poner fin a la caída libre. El 2015, bajo la conducción del, entonces, ministro del Interior Rodrigo Peñailillo, se aprobó el fin al binominal, la ampliación del número de parlamentarios y el redistritaje de las zonas de elección. La controlada pluralización de la política pondría fin al descrédito de la política. Los escándalos de financiamiento todavía alcanzaban sólo a la derecha.

Cuando el agua le llegó a la Concertación, y al propio Peñailillo, a través del financiamiento de SQM -minera no metálica, cuyo presidente se hizo de ella en medio de la arbitrariedad de la Dictadura- hubo que redoblar la apuesta: la comisión designada por la Presidenta y encabezada por el académico Eduardo Engel realizó sendas propuestas para establecer un “nuevo estándar” a los partidos políticos. Estas recomendaciones se procesaron como una reforma a la democracia interna de los partidos, una regulación de su financiamiento y, por cierto, la obligación de refichar a sus militantes para actualizar tales datos.

La conclusión fue que el Partido Comunista se transformó en el nuevo partido más numeroso de Chile, pero ya no conducido por la figura de un Secretario General, sino  por un “presidente”. No medió un debate, tan propio de anteriores esfuerzos de construcción política en la cultura izquierdista, sobre cómo organizarse.

El Partido Socialista cumplió con el nuevo estándar. Pero pareciera que en la comuna de San Ramón lo alcanzó gracias a redes que reconocen, interlocutan y se entienden con los intereses del narcotráfico.

Edison Ortiz, académico de las universidades de Santiago y Alberto Hurtado y analista político de militancia PS, publicó una columna detallando algunos de los aspectos que han quedado fuera del debate sobre la organización del Partido Socialista, pero que finalmente han definido su forma. Desde la revisión de la correspondencia de compañeros como método de control, práctica en la que se habría involucrado Camilo Escalona y Michelle Bachelet, hasta el diálogo con el mundo narco para mover votos en poblaciones o inscribir fichas.

En conversación con El Ciudadano profundiza sobre ellos y agrega unos cuantos más.

¿Cuándo se descuida la dimensión partidaria del PS y se abre al puerta a que entren personas vinculadas al narcotráfico?

Mi impresión es que, en el cambio de giro, el exilio en la República Democrática Alemana (RDA) es muy fuerte para esta generación que pasa de la utopía socialista de Allende, la revolución con empanadas y vino tinto, a la experiencia del Estado burocrático. Entre otras cosas, el propio Altamirano ha confesado en sus memorias que habían equipos en la RDA del propio PS que le revisaban la correspondencia y las cartas privadas. Ahí estaba Camilo Escalona y la propia presidenta Michelle Bachelet

Creo que la experiencia del socialismo real es muy brutal para ellos; y que pierden la convicción, pero no la aspiración de poder. En el proceso de la Transición, pasan desde los socialismos reales a la aceptación absoluta del neoliberalismo; a las carreras personales, individuales, y a la pérdida del sentido colectivo, etc.

¿Cómo se gesta ese giro?

Uno de los militantes destacados de la Transición, que viene del MAPU, es Enrique Correa. Él, siendo secretario general del MAPU, y estando en el exilio en la Unión Soviética, respaldó la invasión soviética a Afganistán. Él es uno de los primeros que confiesa que se dedicaría a ganar dinero, casi textualmente. Entonces, siendo ministro Secretario General de Gobierno de Aylwin, es un ejemplo contundente para el resto.

Los primeros que entran en esta lógica son los socialistas renovados. Posteriormente, Camilo Escalona, la propia Michelle Bachelet, Ricardo Solari, que está convertido en un regalón de los empresarios. Esta es una gallá sin ninguna convicción. Salvo la mantención de las cuotas de poder.

Pero había una generación exiliada y otra movilizada en Chile…

Es la misma generación que oculta o echa para la casa a la combativa generación de los 80’, que luchó en las universidades, levantó el aparato poblacional, y que estuvo en las protestas. Ellos eran peligrosos. En cambio, se promueve el ingreso en masa de los Aguilera en el PS y de los Peñailillo en el PPD. Gente joven que no pregunta, no cuestiona, obedece y se especializan siendo jefes de gabinete y de operadores.

El caso de Aguilera y otros de extracción más popular, son reclutados por (José Miguel) Insulza, Escalona o Solari y, en alguna medida, son gente sin convicciones. Salvo por la idea de que para acceder a cuotas de poder, hay que trabajar para estos personajes.

“Los” Aguilera constatan que el poder del Estado es frágil, que se puede perder rápidamente. Entonces hacen algo distinto, que es asentarse en los territorios y desde ahí negociar con los caciques, caudillos, para no perder cuotas de poder. Esta historia que se cuenta de que, mientras Ángel Aguilera era jefe de campaña de Carmen Lazo, ella va a buscar apoyo a la comuna, y él le dice que sale 5 palos el proceso… Eso yo lo vi muchas veces.

En Rancagua, por ejemplo, hay poblaciones tomadas por los narcos y el alcalde nuestro no tiene problemas en entrar ahí y sacar los votos de esos barrios, a cambio de que a los narcos nadie los moleste.

¿Cómo definirías al Partido Socialista, en tanto aparato partidario, en la sociedad chilena. Media entre la sociedad y la política?

No. Se parece mucho más al PRI mexicano que a un partido popular. El PS vive de los cargos en el Estado. Si revisas los miembros del Comité Central, de 120, 115 trabajan en el Estado. Está absolutamente burocratizado y perdió su vínculo con la ciudadanía. Lo que mantiene es gracias a que, a través del Estado, clienteliza al electorado, sea vía subsidios o beneficios. No tiene relación alguna con el partido de Allende, de la vieja República. Es un partido de funcionarios.

¿Ves tú una línea de continuidad entre la acusada promoción de consumo de pasta base en las poblaciones, durante la Dictadura, y la vinculación del trabajo “de base” del PS vinculado al narcotráfico?

Claro. Era miembro del Comité Central de las Juventudes Socialistas el 94. Vivía en el barrio Portales, de extracción muy popular en Rancagua y percibí muy de cerca cómo esos años se instaló la pasta base. Tengo un afiche que sacamos con el diputado de la época, Anibal Pérez, que decía “no te hagas pasta”. No hay ninguno de nosotros que no tenga  un familiar hecho mierda por la pasta base en esos barrios. Hay una línea de continuidad entre esta política implementada por la dictadura y la realidad sobre la que se monta el PS.

Mahmud Aleuy

Lo más significativo de esta experiencia, sería, que los medios investiguen la política narco en los territorios. Es tierra de nadie. Es una relación que se lleva con naturalidad. ¿Cuáles son los dos actores que digitan los territorios? Los narcos que necesitan de ciertas condiciones de que no les mosquee la autoridad, y calzan votos de poblaciones enteras.

El caso de San Ramón es patético, a Aguilera se le pasó la mano y se confundió con ellos. Hay otros que se involucran a través de jefes de gabinete.

¿Por qué no hubo denuncia oportuna o una reacción más enérgica desde el Ministerio del Interior? Su subsecretario, Mahmud Aleuy es socialista.

Esto lo manejaba Interior desde hace mucho tiempo. La complejidad para el subsecretario, es que ejercieron junto a Aguilera la vicepresidecia del PS en la misma lista, antes de asumir el gobierno. Eran aliados en el Congreso de 2005, cuando se hace el golpe blanco a la directiva de Martner.

Javier Paredes Godoy @jparedesgodoy
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