La figura de Miguel Enríquez, junto con el legado ideológico, intelectual y de acción del MIR, han ido adquiriendo nuevamente relevancia tanto en el movimiento social que ha surgido en los últimos 20 años como en las nuevas organizaciones políticas de izquierda, los que han tomado -en parte o totalmente- su experiencia como pilar en la construcción de dichos espacios.

A 43 años de su muerte en combate con una brigada del Ejército encabezada por Miguel Krassnoff, que hoy cumple una serie de condenas por crímenes a los derechos humanos, el proyecto político que encabezaba Enríquez mantiene vigencia dado que las condiciones sociales, políticas y económicas actuales no difieren -empeoran en algunos casos-, lo que ha permitido convertirle en un referente a la hora de pensar los procesos de organización política y de transformación social.

En este sentido, el atractivo del legado del líder del MIR, según expresa a El Ciudadano el historiador y ex militante del movimiento, Gabriel Salazar, se fundamenta en que “la situación actual que es de incertidumbre y desconcierto, ya que no hay claridad ni propuestas políticas que entusiasmen a los sectores populares, hace que se venga a la memoria con fuerza“.

A pesar de esto, Salazar realiza la crítica respecto de la ruta militarista que asumió finalmente el MIR bajo la conducción de Enríquez y al respecto sostiene que “quienes conocimos a Miguel y su conducción, tenemos dudas respecto del proyecto, porque a pesar del nivel de su entrega e inteligencia su proyecto era militarista y crecientemente jerárquico” y, junto con eso, recalca: “El MIR no tuvo la capacidad de reflexionar al respecto y que fuera la clase popular la que impulsara el proyecto revolucionario”. 

Al mismo tiempo, Salazar cree que las condiciones para levantar un proyecto que retome las ideas de Enríquez están dadas, ya que de cierta forma el escenario es más crudo que hace 43 años atrás, y sostiene: “El neoliberalismo inventó los créditos de consumo y se lo dan a todo el mundo, por lo que consumimos mucho más y ‘no somos pobres’, lo que despista a mucha gente. La pobreza tiene otras características”.

Han pasado 43 años del asesinato de Miguel Enríquez y en este período se percibe un revival de su legado político y el del MIR ¿Cómo lo percibe usted y cómo el contexto actual beneficia a este proceso? 

La situación actual que es de incertidumbre y desconcierto, ya que no hay claridad ni propuestas políticas que entusiasmen a los sectores populares, hace que se venga a la memoria con fuerza. Si se mira hacia atrás y se buscan ejemplos en el pasado, no se encuentran ejemplos a seguir, entonces lo único rescatable es el ejemplo de lucha del MIR, con Miguel Enríquez a la cabeza. El problema está en que la situación hoy es muy distinta a la de los años 60 y, en esa medida, cualquier proyecto que implica desarrollar la lucha armada o proyectos de ese tipo se encontraran con dificultades enormes, porque es un proyecto que está derrotado.

Por otro lado, quienes conocimos a Miguel y su conducción, tenemos dudas respecto del proyecto, porque a pesar del nivel de su entrega e inteligencia su proyecto era militarista y crecientemente jerárquico. El MIR no tuvo la capacidad de reflexionar al respecto y que fuera la clase popular la que impulsara el proyecto revolucionario. En ese sentido, uno puede recordar y conmemorar la figura de Miguel y sus ideas, pero eso no significa que tengan validez plena, ni el ejemplo de liderazgo que estableció, porque hoy, sin lugar a dudas, se requieren otras características.

¿Cuáles son esas características o lecciones? 

No hay la menor duda que hoy la ciudadanía y la clase popular quieren ellos mismos tomar las decisiones, quieren asumir el poder popular desde lo más profundo de lo que eso significa: La soberanía popular, y eso implica deliberar en torno de los problemas, tomar decisiones para establecer mandatos ciudadanos, mandatos soberanos y elegir gente para ejecutar dichos mandatos no para que establezcan un liderazgo autoritarios tipo caudillo, sino que hoy se requiere una participación activa de toda la gente para realizar los proyectos que uno desarrolla. Naturalmente son etapas primarias, pero es lo que se está viendo en lo que llevamos del Siglo XXI.

¿Eso es un aprendizaje? 

No hay duda, el tiempo de los caudillos ya pasó. El caudillismo en Chile que apareció en los años 20 con Alessandri e Ibáñez, no fue una experiencia buena y reapareció de forma moderada con Frei y Allende, pero ambos fracasaron y el caudillismo de Pinochet era un anticaudillismo porque era un tirano. Entonces, estamos cansados de que nos dirijan o cansados de esperar que lleguen partidos que no trabajen para sí mismos sino que hagan nuestros mandatos y eso es lo que está surgiendo por todas partes, aunque esté aún en proceso de maduración.

¿Qué tan diferentes son las condiciones de Chile en los 60 y el actual, considerando que se sigue siendo un país subdesarrollado y, ahora, endeudado?

Antes hablábamos de las condiciones objetivas y subjetivas de la lucha, donde las condiciones objetivas eran que éramos un país subdesarrollado, no teníamos industria ni el nivel de ingreso para salir de la miseria y la condición subjetiva estaba dada por el afán de dar una lucha final, lanzar un proyecto revolucionario. Hoy, seguimos siendo un país subdesarrollado, no tenemos industria pero tenemos a Horst Paulmann como el gran capitalista pero en el fondo es un simple comerciante y eso no implica desarrollo. Las condiciones objetivas han empeorado. Lo que pasa es que el neoliberalismo inventó los créditos de consumo y se lo dan a todo el mundo, por lo que consumimos mucho más y “no somos pobres”, lo que despista a mucha gente. La pobreza tiene otras características.

La condición subjetiva, en cambio ha tenido gran desarrollo,  ya que antes ésta era actuar como masa para ser conducida por un líder o un partido o la ideología. Hoy, como ya decía, es que queremos hacer las cosas por nosotros mismos, lo que hace el escenario muy distinto. Incluso, la clase dirigente ha cambiado profundamente, por lo que debemos estudiar muy bien las condiciones para elaborar un proyecto de cambio realmente democrático, realmente popular y que no esté vanguardizado por gente que en última instancia trabaja para sí mismo y no para el pueblo.

¿Tendría el mismo impacto Miguel Enríquez hoy? 

No hay duda que se destacaría, porque era un hombre brillante, inteligente. Mucho más que su hijo, porque tenía ideas claras. ME-O ataca a todo el mundo pero no tiene ideas claras y no sabemos dónde va, perdiendo su capital político. Miguel Enríquez, sin duda, tendría otro discurso, probablemente estaría junto a Luis Mesina coordinando el movimiento No+AFP para proyectarlo más allá. Hace falta un hombre inteligente de las características de Miguel. Claramente, no predicaría la lucha armada sino que la ciudadanía tome la soberanía como eje de su acción y establezca mandatos, no peticiones.

¿Cuál es la gran lección de este legado de 43 años? 

Lo que el MIR practicó, pero no centralmente, es la construcción del poder popular, que sea la misma clase popular la que ejerciera poder en su entorno, en su localidad, en la industria. Pero es concepto no fue desarrollado completamente por el MIR, porque hubo muy poco tiempo para desarrollarlo ya que, finalmente, el “poder popular” fue más un hecho que una teoría y un concepto, por lo que como proyecto político no prosperó. Además de que la Unidad Popular, tanto el PC, el PS y Allende, se opusieron al poder popular, lo consideraron contrarrevolucionario, por lo que cuando el MIR apoyó este concepto abrió una veta. Por eso la tarea pendiente es retomar el camino del desarrollo del poder popular, hay ampliarlo, ya que no es solo eso sino que deber ser poder ciudadano.

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