Gonzalo Martner fue presidente del Partido Socialista en 2004 y dejó de ser militante de esa colectividad en 2016, en pleno gobierno de Michelle Bachelet, por considerar que el PS había “renunciado a su rol histórico”: “impulsar las transformaciones” y no boicotearlas, señala.

Luego fundó el Partido País junto al también ex socialista Alejandro Navarro. Al poco andar abandonó igualmente ese buque y hoy engrosa las filas de los “socialistas sin partido”, como el también ex figura del PS, Jorge Arrate.

Plantado en este escenario de reconfiguración del tablero de la política, que ha generado una serie de movimientos de alto impacto entre la primera y la segunda vuelta presidencial, apunta sus dardos a la derecha. A propósito de la sugerencia de “fraude electoral” de parte de Sebastián Piñera y la posterior insistencia de José Antonio Kast, el académico de la Usach dispara: “Este episodio da cuenta de que en la derecha política chilena no hay estrategia”.

Luego de salirte del Partido Socialista, formaste junto a Alejandro Navarro el Partido País. Después, en agosto, apoyaste a Guillier para la primera vuelta. ¿En qué estás políticamente?

Efectivamente, luego de salirme del Partido Socialista fundamos, junto a Navarro, País. Sin embargo, a lo largo del año Navarro fue radicalizando su discurso pro Maduro (presidente de Venezuela), lo que generó distancia. Ello implicó que yo anunciara mi respaldo al senador Alejandro Guillier en primera vuelta. No comparto los delirios autoritarios, mucho menos en las experiencias de los socialismos reales; he sido anti estalinista toda la vida, mucho menos voy a respaldar a alguien que se quiere eternizar en el poder.

No renuncié formalmente, porque ahora País se va a disolver.

¿Pretendes moverte hacia alguna de las alternativas que se van configurando?

Actualmente se puede observar una necesidad de renovación de liderazgos que tenemos que preocuparnos de estimular, y los que tuvimos roles en el pasado, tenemos que asumir esta nueva situación y no ponernos en la primera línea, sino más atrasito.

Creo que se puede producir una situación de colaboración entre la vieja y nueva izquierda. La vieja, conformada por los partidos que respaldaron a Alejandro Guillier en la primera vuelta y que, en conjunto de la elección parlamentaria, representan el 25%; y el Frente Amplio, que representa el 16,5% a nivel parlamentario. Esa suma, junto al resto de quienes no votaron por la derecha, resultan en un 45% del electorado que debe colaborar y no seguir confrontándose.

Gonzalo Martner

La primera vuelta ofreció una imagen, pero esa imagen no es estática y ha corrido mucha agua bajo el puente en muy poco tiempo, tanto por el lado derecho como el izquierdo. ¿Qué  impresiones tienes al respecto?

En primer lugar, hay un fracaso como nunca de las encuestas, que produjeron en los diversos campos políticos una gran sorpresa. La derecha no se esperaba estar bajo un 37% y que, sumado con Kast, no superara el 45%. Por otro lado, nadie esperaba el 20% presidencial del Frente Amplio, o el 16,5% a nivel parlamentario.

Por estos motivos, las respuestas han sido totalmente improvisadas. Piñera se ha dispuesto a operar una unificación de su campo con José Antonio y Felipe Kast, y Manuel José Ossandón. Tres figuras bastante incompatibles. Uno golpista, otro liberal y otro social. Eso ha generado confusión en el discurso y se ha ido mostrando desesperación en el sentido de que, además de juntar su 45% (Piñera+Kast), debe sumar un 5% más 1 voto para ganar. En ello ha trastabillado. Este episodio del fraude da cuenta de que en la derecha política chilena no hay estrategia. No han sabido manejar esta situación.

En el caso del diálogo entre Guillier y el Frente Amplio se ha ido dando un proceso interesante. La declaración del FA -que parece una adivinanza- era finalmente votar por Guillier. Yo hubiera pensado que tenía más sentido que se produjera una reunión formal y con quienes lo apoyan, y se hubiesen procesado convergencias y divergencias. Esto no se trata solo de entregar o no apoyo, sino que se trata también de cuatro años de gobierno. Esa reunión se va a producir igual, porque el Parlamento está así constituido. Son tres fuerzas que estarán procesando los temas. En el ámbito constitucional también.

El propio escenario político ha ido generando las confluencias para derrotar a la derecha, que es el primer objetivo; luego, el gobierno progresista y las transformaciones.

¿Cómo querrías que se proyectara la segunda vuelta, más allá de la definición de uno u otro candidato?

En vista de que Beatriz Sánchez ha tomado la opción de apoyo a Guillier, y que la mayoría de los liderazgos del Frente Amplio han hecho lo mismo, creo que una reunión que selle ese espíritu de colaboración sería útil. Si no es posible, me quedaría con la idea de que, en los hechos, Guillier está generando unidad al concitar apoyo.

También es interesante lo que pasa en la Democracia Cristiana. Se produjo una decisión de apoyo incondicional a Guillier, por supuesto que señalando sus propios puntos de propuesta. En el programa de Carolina Goic hay cuestiones interesantes desde el punto de vista progresista; creo que no hay impedimento para establecer una conversación. Favorecería un gobierno de coalición que incluya a la DC y al FA.

Ahí hay algo que no entiendo del Frente Amplio. Uno no puede decir que sí o sí se opondrá a un gobierno, a menos que fuese un gobierno de derecha. Si hay medidas positivas, por qué no apoyarlas. Si se avanza en gratuidad, en royalty, en un fondo universal para la salud primaria, no veo por qué oponerse. Y qué mejor que ser parte de la elaboración de esas políticas. Pero entiendo un apoyo parcial. No es lo que hicieron con Bachelet estando en un ministerio parcial. No se ha hecho una evaluación de eso. Creo que es mejor estar en el corazón de la elaboración de las políticas.

Tengo la impresión de que Guillier querría proponer una máxima amplitud. Y lo que no se logre hoy, quizás sí más adelante. Aquí se abre un proceso nuevo porque se termina de reconfigurar el escenario político.

Desde comienzo de año que se da la carrera ganada a Piñera, pero parece que la situación cambió…

Siento que el fin de semana pasado en todas las casas de Chile se dio vuelta una resignación: padres e hijos, amigos, amigas, me da la impresión de que mantuvieron una conversación favorecida porque Piñera dijo que iba a echar atrás la gratuidad, que iba a desarmar las reformas; pero, además, se acompaña de una derecha dura, cuasi golpista.

Cuando Piñera dice que hay fraude, que hay votos que favorecieron a Alejandro Guillier y a Beatriz Sánchez, y uno de sus voceros dice “es evidente que hubo fraude”, pareciera que están preparando un eventual desconocimiento de los resultados de la elección. Eso genera una sensación de que hay que ir a votar.

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