Existe consenso entre los historiadores de la filosofía política, en determinar el nacimiento del concepto de democracia  en Atenas en el siglo V a.C., expuesto magistralmente por Pericles en su famosa Oración Fúnebre,  pronunciada, según Tucídides, en honor a los soldados caídos en el primer año de la guerra del Peloponeso. Al referirse a los ideales políticos que inspiraban a las instituciones de la antigua Atenas, Sabine relata: “Afortunadamente, el historiador Tucídides ha expuesto, en un pasaje de incomparable brillantez, este significado que tenía la democracia para los atenienses reflexivos. Es la famosa Oración Fúnebre atribuida con fundamento a Pericles, que era el líder de la democracia y que Tucídides presenta como pronunciada en honor a los soldados caídos en el primer año de la guerra con Esparta. Probablemente no hay en la literatura histórica otra exposición de un ideal político que iguale a ésta. En todas y cada una de sus líneas se transparentan el  orgullo con que el ateniense contemplaba su ciudad, el amor con que miraba su participación en la vida cívica de aquella y la significación moral de la democracia ateniense.” (1)

¿Pero, realmente, el discurso de Pericles conlleva toda una concepción, una teoría de la democracia? Se podría pensar que sí, que la Oración Fúnebre  es un verdadero manifiesto de la democracia griega en su forma clásica e históricamente más avanzada. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que esta Oración  se da en un ambiente democrático que englobaba a toda la sociedad ateniense, como lo demuestran otras actividades desarrolladas en la polis.

El discurso de Pericles se ha considerado una teorización, incluso con cierta sistematización, de los principios, las aspiraciones y el propio modo de ser de la democracia. Y aquí es importante definir el campo de aplicación de esta teoría, campo que cuenta con las dos grandes categorías en las que se alínea toda la experiencia política y cultural griega: lo público y lo privado.

La afirmación de la democracia, es decir, lo que constituye la plena realización del Estado, el Estado de Derecho, consiste en la polarización y, por lo tanto, la consolidación de los dos aspectos: lo público, que consolida y evidencia como sistema de instituciones al tiempo que desvía lo grupal, privado, familiar e individual y lo privado, que se distingue y se sitúa en una relación equilibrada con lo público. El primero, es el reino de la igualdad y de la identidad; el segundo, el de la diversidad.

Por otra parte, y de acuerdo con Touchard, “los demócratas se refieren, en primer término, a la igualdad política. En Heródoto (III-80) la palabra ‘democracia’, conocida por el autor, no figura, siendo sus sustitutos  isegoria  e isonomia.  También Pericles invoca, en primer lugar, a la igualdad en la Oración Fúnebre. Los demás términos que constantemente se emplean para caracterizar a la democracia, tienen el mismo prefijo: isocratia,  etc. Así, un Estado democrático es aquel donde la ley es la misma para todos (isonomia)    y donde es igual también la participación en los negocios públicos (isegoria)  y en el poder (isocratia)”. (2)

En el terreno del poder político, los griegos tenían una noción trágica de éste, cuya primera y elemental manifestación, es la representación trágica de la tiranía, “el mal poder”, por eso, el tirano es un personaje del teatro trágico griego. Aristóteles refiere a la polis  en general, el principio que caracteriza el rol del ciudadano, pero es en la polis  democrática, fundamentada en grado máximo sobre el principio de libertad y los derechos del hombre libre, al que se refiere específicamente la solución del uso por turnos del derecho a gobernar (Polìtica,  VI, 1317). En Retórica  (I, 1365 b), el propio autor define la democracia como aquel régimen en el cual se distribuyen los cargos por sorteo, lo que comporta una duración breve, generalmente anual, de los cargos democráticos, y la rotación de los ciudadanos en el ejercicio de las funciones públicas.

Otras de las características de la forma democrática, que representa otro de los muchos ejemplos del control del poder ejercido por la democracia, es la rendición de cuentas, tanto en el terreno de la gestión financiera, como en el de la acción política en general, por parte de todo aquel que realiza funciones públicas: la transparencia.

Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela

Democracia y modernidad

La democracia, sin embargo, es algo más que un régimen político, es también una forma de organizar el espacio público, el espacio de la comunicación (communicare:  poner en común).  Su realidad, empero, no se agota en estos enunciados, que son apenas aproximaciones a ella; pronunciar la palabra democracia  supone hablar de una filosofía política, de una filosofía del hombre y de la sociedad, de una teoría de los valores, del conocimiento y de la vida misma, toda vez que no hay más vida que la que se vive en sociedad, en convivencia con los otros, con los que se tienen relaciones de conflicto y de cooperación.

Tal vez sea interesante recordar que la palabra democracia tuvo, durante dos mil años, un significado derogatorio. No hablaron de democracia, por ejemplo, los fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica, ni tampoco los revolucionarios franceses, salvo Robespierre, y sólo a partir del siglo XIX, la palabra adquiere un prestigio que no cesa hasta el día de hoy.

Sartori encuentra que la respuesta a ese cambio en la valoración de la democracia, está en que la democracia moderna poco tiene que ver con su pariente lejana, la democracia de los antiguos. Sartori distingue tres aspectos en la moderna democracia, en los que conviene reparar, antes de entrar en otros aspectos de la complejidad que encierra ese sistema político y los problemas que plantea en el momento actual.

Esos aspectos son los siguientes: la democracia es un principio de legitimidad; la democracia es un sistema político para resolver problemas relacionados con el ejercicio del poder; la democracia es un ideal. Como principio de legitimidad, es preciso distinguir un doble criterio: legitimidad de origen y una legitimidad de ejercicio.(3)

Democracia real

Con motivo de los acontecimientos en Venezuela, prácticamente en todo el mundo se han explicitado opiniones sobre dicho gobierno y se le ha catalogado, desde una democracia legítima (por lo menos en su origen), hasta una dictadura, pasando por un régimen que ha devenido en autoritario. Es curioso que un país de Iberoamérica sea causante de tanto interés de gobiernos y medios de comunicación de prácticamente todo el orbe. Todo el conflicto previo y su resultado, el golpe blando en Brasil, y que terminó con el gobierno de Dilma Rousseff, no causó tanto revuelo como el que se produce en la actualidad en el país caribeño. ¿Por qué? Se dice que por sus reservas minerales, especialmente petróleo, que serían codiciadas, por las grandes transnacionales norteamericanas.

Sin embargo, ¿por qué el ataque desmesurado y hasta violento contra el gobierno de Nicolás Maduro (que ya se había iniciado contra Hugo Chávez), de los países europeos y la mayoría de los gobiernos latinoamericanos? Pareciera ser que no es sólo una cuestión de codicia por sus riquezas minerales, sino que radica en toda una concepción ideológica que tiene que ver, justamente, con el concepto de democracia y de quiénes son los jueces que la identifican en cada caso.

En América Latina,  prácticamente todos los cambios bruscos de gobierno que se produjeron durante el siglo XX y lo que va del siglo XXI, han sido provocados por cruentos golpes de Estado, aupados por los Estados Unidos de Norteamérica, con  las excepciones de la Revolución Mexicana de 1910, con la Revolución Cubana de 1959 y la Revolución Nicaragüense de 1979. Y he aquí la gran diferencia: todos los golpes de Estado han sido contra gobiernos democráticos (que no eran del gusto del imperio), las tres revoluciones mencionadas, fueron organizadas y producidas por el pueblo combatiente contra regímenes dictatoriales: Porfirio Díaz, Fulgencio Batista y Anastasio Somoza, respectivamente.

Ninguno de los países con gobiernos dictatoriales, consecuencia de los golpes de Estado, fue expulsado de la OEA, sin embargo, casi inmediatamente producido el triunfo de la Revolución Cubana, los países que se dicen democráticos, expulsaron a Cuba del que Fidel nominó como el  Ministerio de Colonias de Estados Unidos.

El concepto de democracia que persiste actualmente es, indudablemente, el que devino luego de la Revolución Francesa, que no debemos olvidar, fue una revolución burguesa, por lo tanto, de tipo liberal, con su fuerte raigambre basada en la importancia de la propiedad privada que, obviamente, permea toda una concepción ideológica en su cosmovisión y las relaciones sociales que en ella se producen.

Y si nos atenemos a la idea de democracia que tenían los griegos, manifestada al principio de esta nota, podemos expresar, sin temor a equivocarnos, que este concepto de democracia liberal (actualmente podríamos decir neoliberal), es la antítesis de la democracia ateniense analizada por los autores citados más arriba. Entonces, lo que se ha producido, es el rapto, el secuestro, la rapiña de la palabra democracia, para adaptarla a sus propios designios e intereses y así, convertirse en jueces prevaricadores, en sus actos de repugnante injerencia y criminal intervención, para  cualificar el grado de democracia que ostenta  cada uno de los gobiernos que no son de su absoluto agrado u obsecuentes con el imperio.

¿Cuál de todos los gobiernos que han criticado al régimen de Nicolás Maduro, puede decir que cumple con un mínimo de democracia de la que detentaban los atenienses?, ¿cuál puede exponer que cumple con los derechos humanos?, ¿cuál puede decir que  su gobierno es realmente democrático donde la ley es la misma para todos (isonomia), es igual también, la participación en los negocios públicos (isegoria), y en el poder (isocratia)? Por supuesto, que ninguno, absolutamente ninguno de los gobiernos latinoamericanos. Que tengan el certificado de gobiernos democráticos, no significa que lo sean, pues ese certificado les ha sido entregado por sus pares, verdaderos bucaneros de la democracia. Chile, el peor de todos, pues no cumple ninguno de estos elementos sustanciales de la democracia: el país más desigual (sí el número 1) de la OCDE, ser un Estado ilegal e ilegítimo, pues no se ha constituido en Estado de Derecho después del término de una dictadura, como manda toda la jurisprudencia internacional.

Pero esta situación no se da sólo en los países de todo el continente americano, sino también en Europa: recientemente, Federica Mogherini, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y de  Política de Seguridad, ha expresado que la Unión Europea “no reconoce la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela”. ¿Nos podría explicar la señora Mogherini, con qué derecho mete sus narices la Unión Europea en los problemas internos de un país sudamericano?  Le recuerdo a la señora Mogherini, que cuando renunció Berlusconi, habría correspondido llamar a elecciones en Italia, pero la Unión Europea no se podía dar ese lujo, en un ambiente de caos y de corrupción que soportaba ese país. Solución: nombrar a dedo al señor Mario Monti, miembro de la Comisión Trilateral, miembro del grupo Bilderberg, asesor de Coca Cola y miembro del directorio de Goldman Sachs, cuando este banco  mintió respecto de las reservas del gobierno de Lukas Papadimos, impuesto  Primer Ministro de Grecia 2011-2012.  “Haber tenido elecciones, habría sido un desastre” (Fabio Basagni, presidente de Actiinvest).  “Así, eminentes banqueros habituados a todo tipo de trapacerías, fraudes, disimulaciones y estafas, vinieron desde la banca privada a ejercer sus talentos en el sector público. Nadie les eligió y ni falta que hacía: La Unión Europea se construye sobre el cadáver de la democracia”. (Polítika, 10-7-2016).

En un artículo con el título de “Inglaterra en el limbo”, publicado en Polítika (26-6-2016), Luis Casado analiza las continuas crisis que ha venido sufriendo Europa. Debido a problemas de espacio, tomo sólo un párrafo de tan enjundioso artículo:

“Como sugieren algunos economistas dignos de ese nombre, hay que hacer el balance de casi 40 años de neoliberalismo y sacar las conclusiones que se imponen. No podemos vivir de crisis en crisis, ni con 30 millones de parados, ni recluyendo al exterior de nuestras fronteras a millones de migrantes generados por nuestras propias agresiones militares, ni regalándole las riquezas de Europa a las multinacionales, ni acrecentando la masa de población que vive en la precariedad, ni dejando a decenas de millones de europeos en el umbral de la pobreza y la miseria”.

(1) George H. Sabine, Historia de la teoría política, F.C.E. México, 1992, p. 21.

(2) Jean Touchard, Historia de las ideas políticas, Teknos, Madrid, 1993, pp. 30 y 31.

(3) Giovanni Sartori, Elementos de teoría política, Alianza, Madrid, 1992, pp. 27 y 28.

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