Los mapuches fueron nuevamente víctimas de una feroz cacería ejercida por las fuerzas de seguridad en Argentina. Esta vez ocurrió contra la comunidad Lafken Winkul Mapu, ubicada en las inmediaciones de Lago Mascardi, Bariloche, provincia de Río Negro, en un territorio que había sido recuperado el pasado 14 de septiembre.

Durante la madrugada del jueves 23 de noviembre, un operativo conformado por más de un centenar de miembros de la Gendarmería transandina, el grupo GEOF de la Policía Federal y el grupo Albatros de la Prefectura ingresó a la zona y realizó un violento desalojo.

Acompañados de decenas de móviles y hasta un helicóptero, cortaron durante varias horas el tramo de la ruta 40 que une las ciudades de Bariloche y El Bolsón, que, como resultado, quedaron completamente incomunicadas.

De acuerdo a lo relatado por Página/12, fueron detenidos siete mujeres y cinco adolescentes, liberados recién durante la noche, cerca de las 21 hs. El resto de los integrantes de la comunidad se refugió en las montañas.

Cuando durante la tarde del 25 de noviembre intentaron descender para reencontrarse con sus familias, las fuerzas de seguridad que se encontraban en la zona les dispararon con balas de plomo. Una mujer y dos hombres resultaron heridos, entre ellos Rafael Nahuel, un joven mapuche de 22 años que ingresó muerto al Hospital Ramón Cerrillo.

De acuerdo a la Agencia de Noticias RedAcción (ANRed), se confirmó que otros dos miembros de la comunidad se encuentran detenidos e incomunicados en la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) de Bariloche: Fausto Jones Huala y Lautaro Alejandro González. Ayer por la noche, el juez Villanueva había negado la existencia de detenidos.

Aún se desconoce la cantidad de miembros de la comunidad que se encuentran refugiados y herido luego de la brutal represión. La militarización de la zona impidió que hasta el momento se garantizara atención médica.

En diálogo con Radio del Plata, María Nahuel vocera de la comunidad y tía de Rafael, relató: “los efectivos empezaron a los tiros, nosotros no teníamos armas, le dispararon a matarlo y después lo dejaron. (…) Lo tuvieron desde las 4 de la tarde tirado ahí, a mi sobrino y a dos que también los agarraron. Los tenían esposados en el piso y los maltrataban. Cuando yo fui a mí también me esposaron y me golpearon. Se ensañaron porque yo estaba sola, corrí para ver quién había muerto y me golpearon”.

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