Raúl Zibechi en el libro ‘Brasil Potencia‘ (Editorial Quimantú) analiza el surgimiento del gigante sudamericano a la luz de si se trata de un nuevo imperialismo o un importante factor de integración regional. Con profusión de datos, estadísticas y el análisis de procesos, el periodista uruguayo da cuenta del país que desde 2008 tiene al banco de inversión más grande del mundo, superando al BM y al FMI, está conquistando las economías de sus países vecinos y es dirigido por un consenso que integra a sindicalistas, empresarios y militares.

Asistimos a la emergencia de una potencia distante pocos kilómetros. El quinto país más grande del mundo, con una superficie que ocupa un 47% del territorio sudamericano, con una población de casi 200 millones de habitantes, una industria bien consolidada y con el mayor banco de fomento del mundo. Es Brasil, la potencia latinoamericana que está cambiando el panorama regional y tiñendo de verdeamarelho las economías de los países vecinos. Hace rato ya que los estamentos dirigentes de Brasil están pensando en grande. Es hora de poner los ojos sobre ese proceso.

Esa es la invitación del periodista uruguayo Raúl Zibechi, quien se propone analizar la tensión entre convertirse en un nuevo imperialismo o en un centro catalizador de la integración regional. Dicha pregunta que cruza su libro ‘Brasil Potencia’, editado por Quimantú, donde el autor hace una anatomía estructural de Brasil, sopesa las fuerzas en pugna y audita sus reservas económicas. Zibechi tiene la capacidad de inteligibilizar desde la perspectiva de los movimientos sociales un proceso que ocurre ante nuestras narices.

“En la transición que vivimos hacia un mundo multipolar, Brasil será una de las ocho potencias globales que jugarán un papel preponderante en las relaciones internacionales. Para la región latinoamericana, pero sobre todo para América del Sur, la emergencia de este gigante como primera potencia intrarregional en nuestra historia, representará un cambio de larga duración llamado a remodelar la geopolítica local y planetaria”- comenta Zibechi a poco de empezar el libro.

A partir de la tesis de Ruy Marini sobre la condición subimperalista de Brasil surgida en 1977, el autor se lanza a tomarle el pulso al nacimiento de la potencia latinoamericana. El libro de Zibechi es rico en la entrega de elementos de juicio, estadísticas, tendencias históricas y perspectivas de análisis. La ampliación de la elite en el poder que con los gobiernos de Lula da Silva que colocó a sindicalistas en el aparato estatal, el control de estos de los fondos de pensión, la construcción de una estrategia país diseñada por los militares y con consensos entre el empresariado y la actual clase dirigente, la estrategias de defensa y el nuevo complejo militar industrial, la reorganización del capitalismo, las multinacionales brasileñas y sus salidas de compras por el continente, la nueva conquista de la Amazonía, el Plan IIRSA y el rol de los movimientos sociales son tópicos que estructuran el análisis de Zibechi.

A fines de la década de los ’70 el coronel Golbery do Couto e Silva de la Escuela Superior de Guerra, pergeña el rol subimperialista de Brasil y la expansión interna hacia la Amazonía y externa hacia el Pacífico.

El Estado brasileño es el más grande de Latinoamérica. 80 mil cargos son de confianza política y de estos, 47.500 son de decisión discrecional del Poder Ejecutivo. El gobierno de Lula transformó la Casa Civil, la jefatura de gabinete, en el cerebro del rediseño de Brasil en manos del Partido de los Trabajadores (PT). Allí colocó a José Dirceu, recientemente condenado por el escándalo del mensalão, siendo sucedido por la actual mandataria, Dilma Rousseff, quien luego nombró allí al ex ministro de Hacienda de Lula, Antonio Palocci.

EL ROL DE LOS FONDOS DE PENSIONES Y EL BNDES

Un rol trascendental en las proyecciones de Brasil son los fondos de pensiones, administrados por las cúpulas sindicales. Fondo de Amparo al Trabajador (FAT) y el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES). El consejo directivo del primero está integrado por representantes de los trabajadores, los empleadores y del gobierno. Se estima que en los diferentes fondos hay unos 8 mil cargos ejecutivos. Ellos deciden donde invertir los recursos del FAT.

Zibechi destaca que “el patrimonio de los fondos de pensiones de las entidades brasileñas son los que más estaban creciendo en el mundo en la primera década del siglo”. Entre 2002 y 2010 los activos totales de los fondos crecieron del 12% al 17% del PIB. Es un proceso aún poco inteligibilizado por los analistas. Una de ellas, Virginia Fontes, cree que la fuerza motriz del agudo proceso de financierización de la economía brasileña fueron los fondos de pensiones que generaron un grado sin precedentes de acumulación”.

En 2010 los fondos de pensiones en Brasil llegaron a un patrimonio de 300.000 millones de dólares, que equivalían al 16% del PIB, una cifra similar al PIB de Argentina y mucho mayor al chileno, que se año fue de  US$ 203.925 millones. Son los mayores inversores institucionales del país. Y todo dice que seguirán creciendo. Ese año había 372 administradoras de fondos de pensiones, entre públicas, privadas, sindicales o cooperativas.

“Las inversiones del BNDES representan alrededor del 7% del PIB de Brasil, lo que le otorga la capacidad de orientar la economía”- destaca Zibechi. Otro dato: si sumamos en BNDES a los fondos de pensiones estatales, el gobierno tiene decisión en el capital invertido en 119 grandes empresas privadas.

Zibechi concluye que “la llegada de Lula al gobierno institucionalizó los fondos de pensiones para conseguir recursos para acelerar el crecimiento de la economía y como estrategia de inclusión social y moralización del capitalismo”.

João Bernardo y Luciano Pereira en el libro ‘Capitalismo Sindical’ acusan que en la transformación de los sindicatos en inversores capitalistas se registra otra modalidad de apropiación como la que realizan los gestores o la tecnoburocracia.

Los recursos del BNDES son la palanca de la economía brasileña. “Los fondos de pensiones están siendo utilizados para reorientar el capitalismo brasileño en función de los intereses estratégicos de la elite en el poder”- destaca Zibechi. Si en la primera década del siglo los fondos del BNDES crecieron un 470%, en 2010 alcanzaron los 100.000 millones de dólares.

La crisis económica del 2008 no hizo sino fortalecer al BNDES. Hoy es el mayor banco de fomento del mundo. Zibechi compara el año fiscal 2009-2010, cuando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) prestó 15.500 millones de dólares a 48 países; el Banco Mundial desembolsó menos de la mitad que el BNDES. “En diciembre de 2010, las inversiones directas brasileñas en el exterior sumaban 190.000 millones de dólares, una cifra que supera los PIB conjuntos anuales de Ecuador, Uruguay, Bolivia y Paraguay”. La inversión del BNDES se concentra en la industria e infraestructura.

UNA ESTRATEGIA COMPARTIDA

Desde mediados del siglo pasado que Brasil viene elaborando planes nacionales de desarrollo. El más efectivo fue el Plan Metas de Juscelino Kubitschek, diseñado a mediados de los ’50, que dio como tarea al Estado estimular sectores enteros de la economía, fundamentalmente obras de infraestructura e industria de base. La creación de Brasilia como capital corresponde  dicho plan. Lo siguió el Plan Trienal d Desarrollo Económico y Social elaborado por Celso Furtado en el gobierno de Joao Goulart, asfixiado por una crisis económica y el golpe de Estado de 1964.

La experiencia sirvió para constatar que cualquier desarrollo proyectado depende en gran medida de la paz social. La voluntad de convertir a Brasil en potencia global es consenso hoy entre el empresariado, los militares y la coalición gobernante.

Con la llegada del PT y Lula al gobierno se puso en marcha el Núcleo de Asuntos Estratégicos de la Presidencia (NAE), instancia que evacuó el Proyecto Brasil 3 Tiempos y las Metas Brasil 2022. En ambas iniciativas si bien le dan gran importancia a la empresa privada, las áreas estratégicas de crecimiento, la defensa y la alta tecnología jamás son entregadas al mercado.

A diferencia de los otros países llamados BRIC (India, China y Rusia), Brasil está en una región sin conflictos, posee la quinta mayor reserva de petróleo del mundo, es el primer productor de biocombustibles, y tres de sus bancos están entre los 10 más grandes del mundo. Además, el gran resultado de los gobiernos de Lula y Rousseff son el haber fomentado la cohesión interna a través de sus políticas de reducción de pobreza (no de focalización, como se acostumbra acá) y de neutralizar la conflictividad social.

Las similitudes con los países del BRIC es el “capitalismo burocrático”, modelo que implica que en el horizonte de desarrollo el Estado juega un papel determinante. “Este capitalismo inserta empresarios privados (tecnoburócratas) en la estructura estatal como lo hizo ya la dictadura militar y ahora lo hace el gobierno del PT. Se trata de un suerte de estatismo apoyado en empresas multinacionales”- señala Zibechi.

LA POLÍTICA EXTERIOR Y LA DEFENSA

Celso Amorín fue definido en 2009 como el mejor canciller del mundo por la revista Foreign Policy. La distinción refuerza el rol ofensivo que tomó la política exterior con Lula que puso fin a décadas de reproducción de la política exterior de Estados Unidos en la región, cuyo último representante fue el gobierno de Henrique Cardoso (gran amigo de Ricardo Lagos).

Desde Planalto se diseñó una política exterior con profundo énfasis en la integración Latinoamérica. El cálculo de los brasileños es simple: Brasil jamás podrá crecer como potencia en una región con profundas desigualdades económicas y sin ser parte de un  gran polo de países que tomen distancia de Estados Unidos. No en vano han apoyado a los gobiernos de Chávez en Venezuela, Fernández en Argentina y Morales en Bolivia.

Así nació la Unión de Naciones del Sur (Unasur), que integra a todos los países del continente con excepción de Estados Unidos y Canadá. “Los planificadores estratégicos brasileños vislumbran que hacia 2022 la Unasur será el centro de un polo sudamericano con proyección global”- destaca Zibechi. El Mercosur por su parte dejaría de ser una unión aduanera para transformarse en una  unión económica.

Brasil también impulsó la creación del G-20, fue activo participante de la Minustah en Haití, fomentó la Primera Cumbre de América del Sur – Países Árabes, el Consejo de Defensa Sudamericano y la creación del Banco del Sur en 2007, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en 2010 y fue frontal en el rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), promovida por Estados Unidos. “La creación de Unasur y del Consejo de Defensa Sudamericano ha motorizado el desacople político de la región respecto a Estados Unidos”- destaca Zibechi.

Los brasileños saben muy bien que para sostener esta integración la defensa es crucial, sobre todo considerando que el continente es rico en alimentos y agua dulce en un contexto de futuras crisis. Así en 2007 se allanaron a formular la Estrategia Nacional de Defensa, instalaron varias bases militares en la Amazonía y el 2010 realizaron las maniobras Atlántico II, en las que las tres ramas de las fuerzas armadas ensayaron la defensa de su infraestructura petrolera y portuaria, las centrales nucleares y participaron en ejercicios de desembarco en tierra. La compra de aviones a Francia, con la condición de que sean armados en Brasil; la construcción de submarinos nucleares; y el reciente apoyo a Argentina en su demanda por las Islas Malvinas, se incluye en esta nueva articulación defensiva regional.

ALIANZA CON GRANDES CAPITALES

Un fenómeno que observa Zibechi es el del crecimiento exponencial de las empresas brasileñas. Hoy 885 empresas brasileñas invierten en 52 países. Si las trasnacionales brasileñas iniciaron su rodaje en América del Sur, hoy las vemos en África, Portugal y Asia. Otro dato que entrega el periodista uruguayo dice que “entre 1995 y 2004 las empresas brasileñas realizaron fuera de fronteras 90 fusiones y adquisiciones”.

El autor destaca que la diferencia de Brasil respecto de los otros países de la región es que el Estado se ha propuesto apoyar a las empresas para que se vuelquen al exterior. “Sin firmas competitivas internacionalmente, un país no puede mejorar su performance económica”- concluyeron hace algún tiempo los analistas del BNDES.

Los resultados están a la vista: entre 2007 y 2011 las multinacionales brasileñas repatriaron 107.000 millones de dólares, destaca Zibechi.

Brasil es tercero en el ranking de las cien mayores empresas de los países emergentes, detrás de China e India, con 14 empresas como Petrobras, Vale, constructoras como Odebrecht y siderúrgicas.

Las empresas brasileñas son así la cabeza de playa del imperialismo verdeamarelo en la región. El diario Folha de São Paulo calculaba que en 2005, Brasil controlaba el 18% del PIB de Bolivia; hoy se calcula que el 80% de la producción de soja en Paraguay está en manos de brasileños; Petrobras controla desde hace ya más de una década el 12% del mercado de combustibles en Argentina, invirtiendo entre 1995-2006 casi 3.000 millones de dólares. Hoy “en Argentina los capitales brasileños controlan sectores estratégicos como el acero y tienen fuerte presencia en energía y petróleo”- destaca Zibechi.

LOS EXPLOTADOS DEL CRECIMIENTO

Las revueltas entre los trabajadores de las hidroeléctricas en el río Madeira, estado de Rondonia, y las de los indígenas del pueblo Xingú en rechazo  la construcción de Belo Monte, dan luz sobre parte de los afectados por el crecimiento del gigante sudamericano.

Frente a ellos, Zibechi destaca que las cúpulas sindicales y del PT se allanaron a apoyar a las grandes empresas. La conmemoración del día del trabajador en Brasil es única: empresas privadas y estatales financian espectáculos populares que llegan a sortear 20 autos a un costo millonario. El analista Francisco de Oliveira – citado por Zibechi – destaca que estamos ante “una revolución epistemológica para la cual aún no tenemos la herramienta teórica adecuada”.

Si bien las recientes elecciones dan cuenta del masivo respaldo al PT por parte de los brasileños, el ciclo vermelho petista algún día quizás tenga que entregar el poder a una socialdemocracia estilo Cardoso y Serra.

¿Brasil potencia imperialista o nuevo modelo de integración regional? La pregunta está abierta y el libro de Zibechi es prolijo en datos, análisis de procesos y enfoques para comprender el fenómeno. Una gigantesca tarea del tamaño de Brasil.

Mauricio Becerra R.

@kalidoscop

El Ciudadano

 VEA EL VIDEO CON ENTREVISTA A RAÚL ZIBECHI SOBRE BRASIL

 

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