En un artículo anterior -publicado en la edición 20- hicimos una revisión histórica de lo sucedido hasta 1881. En ese año se produce la anexión definitiva del territorio autónomo mapuche, episodio bautizado por el gobierno de la época como “Pacificación de la Araucanía”.


Ya dijimos que no fue una pacificación, sino una guerra, en donde el Estado invadió militarmente los territorios ancestrales de la “gente del mapu”, bajo la idea de constituir el territorio “nacional”. Ya en 1843, la goleta Ancud había anexado el Estrecho de Magallanes, por lo que con la Pacificación se terminaba de configurar la franja territorial que hoy conocemos como Chile. El paradigma del estado-nación se había impuesto y los mapuches ya eran chilenos.
Historia mapuche desclasificada Cabe entonces preguntarnos ¿qué pasó con este pueblo y cómo fue incorporado a la vida nacional? Quizá nuestros cuadernos no registren estas materias, pero eso no significa que los mapuches hubieran realmente desaparecido. Está claro que no.

LOS TÍTULOS DE MERCED

La forma en que el Gobierno chileno regularizó la propiedad en este nuevo territorio fueron los Títulos de Merced. Se denominaban así, por que se les daba gratuitamente una “merced” de tierra a los indígenas, reconociendo su dominio sobre ellas. Resulta curioso ver cómo el Estado dio tierras a los mapuches, como si no las hubieran tenido, como si recién hubieran llegado a estas latitudes.
Fue un proceso que se ejecutó entre los años 1883 y 1929, a través de la Comisión Radicadora de Indígenas. Esta institución levantaba un plano de la cantidad de territorios que poseía una familia o un grupo de familias. Luego, se extendía un Titulo de Merced sobre dichas tierras, a nombre del cacique principal.

Como la idea de la época era que aquellos territorios estaban deshabitados, la sorpresa fue grande cuando los gobernantes vieron que realmente no era así, pues todos los espacios pertenecían a un lonko o cacique. De ahí que naciera el concepto de “reducción” de las tierras indígenas, que dejó en un promedio de cinco hectáreas por persona los territorios mapuches, siendo el resto otorgada a colonos extranjeros.

En cifras, según el Informe del Comité Interamericano de Desarrollo agrícola (CIDA), la cantidad de títulos entregados fue de 3.078, repartiendo un total de 475 mil 194 hectáreas. Así, de los diez millones de hectáreas que poseían los mapuches antes de la llegada hispánica, en 1924 sólo quedaban 500 mil.

EL DURO TRÁNSITO A LA VIDA NACIONAL

Con todo lo anterior, se produjo un duro quiebre en la sociedad mapuche, que empezó a vivir diversos cambios producto de la escasez de territorio y riquezas. Pablo Marimán, historiador del Instituto de Estudios Indígenas de la Universidad de la Frontera, ha señalado en múltiples artículos los fenómenos que se dieron como consecuencia de esta política del Estado. El primero y más inmediato es la campesinización forzada del Mapuche, basada en cultivos de cereales, chacras y la crianza de ganadería menor. Surge así un campesino pobre, con una economía de subsistencia.

También ocurre la migración campo-ciudad. Muchos mapuches abandonaron sus lofche (comunidad mapuche) y se fueron a trabajar a las urbes como empleados. Su descendencia, nacida en sectores populares, conformará un nuevo grupo social, que Marimán denomina Mapuches Urbanos.
Por otra parte, como ya eran chilenos, tuvieron que incorporarse a una institucionalidad ajena, destruyendo de paso, parte importante de la suya. La justicia, la religión, los partidos políticos, la medicina y la educación contribuyeron a la pérdida de valores culturales importantísimos, como la cosmovisión, la organización social y, principalmente, el idioma: el mapuzungún.

En sintonía con esta realidad, la sociedad mapuche se coordinó para resistir la situación, naciendo así numerosas organizaciones a través de las cuales se canalizaron sus demandas. Éstas se concentraron en impedir la división de las comunidades en territorios particulares y la constante usurpación del Mapu (territorio).

LA DICTADURA Y LA VUELTA A LA “DEMOCRACIA”

Los mapuches también fueron víctimas de la represión tras el golpe militar de 1973. Más de 80 dirigentes indígenas aún figuran como detenidos desaparecidos y según cuentan los futakeche (ancianos), comunidades enteras fueron torturadas por las fuerzas armadas, inclusive los pichiche (niños).

Por otra parte, en 1974 se promulgó el decreto 701, que fomentó la actividad forestal en Chile, principalmente en las regiones Novena y Décima. Se sumó a éste la ley 2.568, que determinaba la división de las tierras mapuches, con el declarado propósito de terminar con el “problema mapuche”, convirtiéndolos en pequeños agricultores desvinculados de su ancestral posesión comunitaria de la tierra. La expoliación del territorio mapuche continuó y el poco que les quedó se vio contaminado por la introducción de especies exóticas (pino y eucalipto).

Con la vuelta a la democracia, en 1989, se posibilita la creación de una nueva relación entre el Estado chileno y el pueblo mapuche. En este sentido, jugaron un papel preponderante los Centros Culturales Mapuches.

Con la ascensión de Patricio Aylwin al poder, surge la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI), que crea un cuerpo legislativo posteriormente aprobado en el Congreso y que se transforma en la ley 19.253 o Ley Indígena. Ésta detiene la división de las tierras indígenas y crea la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI).

Sin embargo, se dejan fuera importantes demandas de los indígenas, como son el Reconocimiento Constitucional de los Pueblos Originarios y la ratificación del Convenio 169 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), que reconoce los derecho colectivos del Pueblo Mapuche, que desde siempre han sido negados.

Esto impidió que la demanda histórica de los mapuches -la autonomía- se concretara, creando al contrario una burocracia que sólo desarrolla programas “asistencialistas”, que no reconocen la legitimidad de los mapuches como pueblo y que sólo los ve como campesinos pobres.

Esta situación generó inmediatamente su organización. Nacieron así numerosos órganos que agrupaban zonas en conflictos territoriales, entre las que sobresale la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), el Consejo de Todas las Tierras, la Identidad Territorial Lafkenche y el Consejo de Loncos del Pikunwillimapu. Por otra parte, la lucha mapuche invadió a la juventud, que empezó a exigir que el Estado reconozca la deuda histórica que tiene con este pueblo. Ellos conforman el Choyun (nuevo brote) de este valiente pueblo.

Sin embargo, el Estado ha buscado las peores formas para reprimir el movimiento. En la actualidad, más de 100 peñis y lamgienes (hermanos y hermanas) se encuentran presos, muchos de ellos acusados de asociación ilícita terrorista.

Sí: “terroristas”, calificativo digno de Osama Bin Laden o su contraparte estadounidense, quienes han perpetrado numerosos ataques y muertes a seres humanos. Es curioso, por que en el conflicto mapuche los únicos muertos han sido dos konas (jóvenes) mapuches, a manos de Carabineros y guardias forestales. Entonces, si hablamos de terrorismo ¿quién es el que lo ejecuta verdaderamente?
Este ha sido un intento de capturar la historia desclasificada de un pueblo en lucha por sus derechos y por su propia existencia. Queda inconclusa, pues continuará en el tiempo y se nutrirá de muchos más hechos, que darán cuenta de la liberación de los mapuche. ¡WEUWAIÑ!

Dennys Salazar Ñirril

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