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    “¡La tierra para los campesinos!”. Más de un centenar de campesinos en Francia ocuparon esta semana, a bordo de tractores, una granja comprada por inversionistas chinos en el centro del país, para protestar contra la “especulación”.

    “La tierra está allí para que los campesinos sustenten a sus familias y produzcan comida. Aquí, los dueños vinieron para hacer negocios, para especular acaparando la tierra“, denuncia Laurent Pinatel, portavoz de la Confederación de campesinos de la localidad de Murs (centro).

    El consorcio chino Hongyang adquirió en 2016 en esta región de 1.700 hectáreas, en las que produce trigo para el mercado mundial.

    Los inversionistas chinos compraron las tierras de varios propietarios, adquirieron acciones o crearon empresas de una manera completamente legal”, lamenta Pinatel. Para él, el sistema de control de la venta de tierra resultó ser totalmente “ineficaz”.

    El ministro francés de Agricultura, Stéphane Travert, dijo a la AFP que una misión parlamentaria está trabajando sobre este tema y que está esperando “noticias de esta misión para hacer propuestas concretas”.

    Regular la tenencia de tierras

    La Confederación Campesina estima que para “organizar la regulación de la tierra”, el organismo semipúblico que maneja las tierras agrícolas debería “comprar las tierras y luego asignarlas en función de los diferentes proyectos de instalación”.

    “Muchas personas tienen proyectos de instalación y Francia importa más del 50% de su consumo de frutas y verduras”, apunta indignado Laurent Pinatel.

    Nicolas Calame, portavoz de la Confederación Campesina en Indre (centro) subraya que “el problema no es que los dueños sean chinos. Es igual de escandaloso cuando los franceses acaparan tierras en Ucrania o en Polonia“.

    “Pedimos simplemente que prime el derecho de uso de la tierra al derecho de propiedad. Los campesinos que viven de la tierra deben poder trabajarla, no los empleados de grandes fondos de pensión”, agregó.

    Problema nacional

    “Tenemos el mismo problema en el norte”, afirmó Jean-Luc Bardel, un productor de frutas que tuvo que batallar para lograr comprar un terreno de 3 hectáreas. “En las escuelas de agricultura muchos jóvenes neorurales aspiran a trabajar en el campo. Pero no encuentran terrenos o son demasiado caros porque los consorcios hacen que aumenten los precios”.

    Constata también que los agricultores en edad de jubilarse alquilan sus tierras a grandes compañías que les pagan más dinero.

    Aunque, según Safer, la adquisición de tierras por parte de empresas asiáticas (China, Singapur y Hong Kong) son “muy minoritarias”, éstas preocupan al mundo rural francés.

    El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció en febrero la creación de un sistema para controlar la compra de tierras agrícolas por parte de extranjeros.

    Los inversionistas chinos han invertido al menos 76.000 millones de euros desde 2010 en la compra de tierras agrícolas en el extranjero, según cifras publicadas a inicios de año por dos centros de reflexión neoconservadores estadounidenses, American Enterprise Institute y Heritage Foundation.

    Invierten principalmente en Latinoamérica, África y en países del sur de Asia. Pero, desde hace unos años, parece crecer su interés en Australia, Estados Unidos y Europa.

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