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    Los insectos son el grupo de organismos con mayor diversidad en el planeta: se conocen unas 900.000 especies diferentes y 2000 de estas son comestibles. Sí, una cifra alta y que amplía el abanico de posibilidades para la creatividad a la hora de preparar algo para comer.

    La Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), por ejemplo, dice que existen más de 1.900 especies de insectos que son consumidos como alimentos por los humanos, principalmente en los países tropicales, Ásia y África. También se calcula que en el planeta hay entre 5 y 7 veces más de especies por descubrir aún. Estos bichitos aportan tanta proteínas como la carne y su producción, además, es barata.

    Los nutricionistas recomiendan para una alimentación balanceada varias fórmulas en la distribución de los hidratos de carbono (pan, pasta, cereales, azúcar), proteínas (carne, pescado, huevos) y las grasas, que con el devenir ha ido mermando en su producción. Las recomendaciones sobre dosis alimentarias hechas por los especialistas aplican de maneras diferentes para cada persona, de su metabolismo y de sus objetivos.

    Pero, ¿cómo los insectos pueden ser una alternativa a la hora de comer?. Un análisis de más de 300 especies expone a saltamontes, grillos y langostas como los insectos con más porcentaje de proteínas en su masa (un 61,32%) y a las termitas como los que menos (un 34,35%). No obstante, las ventajas nutricionales de los insectos se limitan cuando buscamos hidratos de carbono.

    Lo más consumidos, según estudios, son los escarabajos (31%) orugas (18%) y abejas y hormigas (14%). Después les siguen los saltamontes, langostas y grillos (13%), cigarras, saltamontes, chicharritas, cochinillas y chinches (10%), libélulas (3%) y moscas (2%).

    Para los expertos de la FAO, los insectos son capaces de convertir 2 kilos de alimento en 1 kilo de masa de insecto, mientras que el ganado necesita unos 8 kilos para generar 1 kilo más de carne.

    Ya en 2014 el organismo señalaba ante representantes de 45 países del mundo que los insectos pueden ser una alternativa sostenible y respetuosa con el medio ambiente para la alimentación animal, además de formar ya parte de la dieta de 2 000 millones de personas en todo el mundo.

    Para 2050 la población mundial se proyecta sobre los 9000 millones de habitantes bajo la amenaza del cambio climático y la persistente desigualdad social. Muchas bocas para alimentar.

    La FAO destaca también que promover la alimentación con insectos supondrá un beneficio relacionado con salud pública: plantean un bajo riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas (por contacto entre animales y humanos) como la gripe aviar o la enfermedad de las vacas locas.

    Claro está, la FAO no estaría abogando por cambiar los patrones alimentarios de buena parte de las personas en el mundo, sino más bien ve una alternativa que contribuiría a palear, por ser modestos, el hambre y la desnutrición en algunas regiones del planeta.

    En estos esfuerzos, la comunidad científica internacional podría hacer “contribuciones importantes al generar el impulso adecuado para superar los cuellos de botella aún existentes y aprovechar todo el potencial de los insectos para la alimentación humana y animal”, señalaba en 2014 el entonces Subdirector General de la FAO, Eduardo Rojas-Briales.

    El objetivo concreto de las propuestas de la FAO, que fue publicado en el informe 2014 titulado Los insectos comestibles: Perspectivas de futuro de la seguridad alimentaria y la alimentación, es promover el uso de insectos como alimento humano y como pienso para garantizar la seguridad alimentaria.

    Los prejuicios, el tabú y la repulsión sobre esta propuesta alimentaria pareciera ya no tener cabida en alguna zona de Europa, pues la Unión Europea autorizó el 1 de enero de este año la venta de insectos para consumo humano, algo que ya es típico en Ásia pero para alguno es exótico y despierta, al menos, curiosidad.

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