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    Los consumidores venezolanos se quedaron atónitos el jueves 24 de enero, al hacer el habitual recorrido por automercados y abastos y encontrarse insólitos incrementos en los precios de 500% y más.

    Establecimientos que expenden víveres, productos no perecederos, frutas y hortalizas registraban unos precios el lunes 22, el día previo de la jornada de protesta convocada por la oposición para desconocer el gobierno del presidente Nicolás Maduro, y otros muy diferentes el jueves 24 de enero.

    Una habitual compradora de un local de víveres regentado por comerciantes de nacionalidad china, ubicado en el centro de la ciudad de Barquisimeto, ubicada a 365 kilómetros de Caracas, indicó que el lunes 21 compró un kilo de harina de trigo integral en ese local y su precio fue 780 bolívares soberanos.

    Comerciantes aprovechan situación política de Venezuela  y remarcan precios hasta en más de  500% Foto Web.

    El 24 de enero fue a buscar el mismo producto en el mismo local y lo consiguió en 3.800 bolívares. “Le recomiendo que lo compre”, le sugirió otro asiduo cliente del negocio de los asiáticos a la asombrada “ama de casa”. Agregó que “ese tipo de harina va a llegar a 30.000 bolívares soberanos y más. Imagínese el precio que va a tener el pan…”.

    Entre los anaqueles medio vacíos, destacaba ante los ojos de los potenciales compradores otro incremento exorbitante de un producto de primera necesidad: el jabón en polvo. Antes del 23 de enero su precio era de 2.800 bolívares la bolsa de 900 gramos y el 24 de enero ya el costo alcanzaba los 8.900 bolívares.

    El jabón de baño y la crema dental igualmente se exhibían en vitrinas bajo llave, cual producto de lujo, con precios inalcanzables para un trabajador común y corriente que vive de su salario: el jabón en 2.800 bolívares y la crema dental en 3.500 bolívares.

    Otros compradores presentes en el lugar comentaban impotentes la ausencia de los populares huevos de gallina, que se consiguen de manera clandestina y en locales de reventa entre 10.000 y 12.000  bolívares el cartón.

    Desabastecimiento, una de las estrategias de la “guerra económica” en Venezuela. Foto Web.

    La escalada inflacionaria que afecta el bolsillo y el poder adquisitivo de los venezolanos superó los límites. El último aumento de salario decretado por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llevó el ingreso mensual de los trabajadores a 18.000 mil bolívares soberanos, cantidad que se volvió “sal y agua”, cuando los comerciantes comenzaron a aumentar los precios a los cinco minutos de haber escuchado la noticia.

    Estos incrementos exagerados han hecho que en ese país caribeño muchos productos dupliquen el valor que tienen en Estado Unidos. Por ejemplo, un cereal puede conseguirse en Venezuela, en la actualidad, en 8.200 bolívares, lo equivalente a 10,5 dólares, mientras que en el país norteamericano se encuentra en 5,68 dólares, aseguró un informe de la agencia EFE.

    La ola especulativa que pareciera no tener freno se ha cocinado sobre la base de varios ingredientes: una persistente guerra económica con el manejo de un dólar paralelo, el acaparamiento y la reventa interna de productos, el “bachaqueo” (contrabando) de comestibles hacia Colombia, entre otros.

    Los incrementos exagerados en Venezuela han hecho que muchos productos dupliquen el valor que tienen en el propio EE.UU.  Foto Web.

    La autocrítica del gobierno venezolano los ha llevado a reconocer el fracaso de las políticas económicas, para promover e impulsar la producción interna, mediante medidas sostenidas de fomento a la agroindustria, la producción ganadera y alimentos diversos.

    Las medidas tomadas por el gobierno de Nicolás Maduro no han sido suficientes y el consumidor clama cada día por acciones de control de precios que frenen al aumento desmesurado que hacen los comerciantes a su antojo.

    Desafortunadamente el turbio ambiente político que se vive en el país desde el pasado miércoles 23 de enero, sirve como caldo de cultivo para que los comerciantes potencien la hiperinflación inducida y el consumidor se vea desprotegido ante un salario pulverizado.

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