Agregar 90 minutos adicionales a las horas de sueño nocturno puede no parecer la manera obvia de perder peso, pero según un nuevo estudio podría ser clave en este sentido.

Unos científicos del King’s College de Londres descubrieron que las personas que duermen durante más tiempo tienen menos probabilidades de caer en la tentación de las golosinas con azúcar o de reconfortarse con otros carbohidratos.

Ya se sabía que la falta de sueño es un factor de riesgo para la obesidad, porque altera los niveles de hormonas que controlan el apetito. Pero el nuevo estudio demostró que al dormir más, las personas eligen naturalmente alimentos más saludables en el plazo de una semana, comiendo 10 gramos menos de azúcar diaria en promedio.

“El hecho de que extender el sueño llevó a una reducción en la ingesta de azúcares libres –los azúcares que los fabricantes agregan a los alimentos o los que se cocinan en casa-, sugiere que un simple cambio en el estilo de vida realmente puede ayudar a las personas a consumir dietas más saludables”, dijo la investigadora principal, Dra. Wendy Hall, del Departamento de Ciencias Nutricionales dijo.

Para el estudio se trabajó con 21 voluntarios que dormían menos de las siete horas recomendadas, los que fueron enviados a un programa de consejería para aprender cómo cambiar sus hábitos y asó poder dormir más tiempo.

Se les pidió que mantuvieran regularidad en la hora de ir a la cama, que se resistieran a la cafeína y a la comida antes de acostarse y que trataran de relajarse por la noche. En promedio, los grupos pudieron agregar 90 minutos a sus patrones de sueño durante un periodo siete días.

Los participantes mantuvieron un diario donde registraron los alimentos que comieron durante todo el ensayo. Estos mostraron que al final de la semana estaban comiendo naturalmente menos azúcar y carbohidratos que al principio. En el grupo de control, en cambio, no se observó una mejora en los hábitos de comida.

La investigadora principal, Haya Al Khatib, también de King’s College de Londres, explicó que “la duración y la calidad del sueño es un área de creciente preocupación para la salud pública y se ha identificado como un factor de riesgo para diversas afecciones. Hemos demostrado que los hábitos de sueño se pueden cambiar con relativa facilidad en adultos sanos, utilizando un enfoque personalizado”.

“Esperamos seguir investigando este hallazgo con estudios a más largo plazo, que examinen la ingesta de nutrientes y la adherencia continua a las conductas de extensión del sueño con más detalle, especialmente en poblaciones con riesgo de obesidad o enfermedad cardiovascular”, agregó la científica, quien junto a sus colegas publicó el estudio en el American Journal of Clinical Nutrition.

El Ciudadano, vía The Telegraph

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