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    Envejecer con la misma pareja es una de las aspiraciones que desean las civilizaciones del mundo, aunque la pérdida de las costumbres y una vida cada vez más agitada hacen imposible cumplir el sueño. Aunque parezca extraño la monogamia existe en la naturaleza. Hay quienes buscan justificar sus anhelos de un amor por siempre, cuyo interés se mantiene entre los científicos para organizar las sociedades, humanas o animales.

    Al parecer, un grupo de científicos de la Universidad de Texas (Austin, Estados Unidos) identificaron la posible fórmula genética de la monogamia en animales vertebrados, señaló el informe publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

    Los estudiosos analizaron dos especies, una monógama y otra no, de varios tipos de animales como roedores, ranas, aves y peces, así como los hallazgos determinaron un patrón genético en sus cerebros. Más de una veintena de genes en las especies monógamas presentaban más propensión a activarse o a apagarse.

    Los cambios genéticos ocurren desde hace 450 millones de años, lo mismo ha sucedido con los humanos

    Entre los primeros elementos de los resultados de la investigación, sobresalen los relacionados con el desarrollo neuronal, el aprendizaje y la memoria. Los científicos sostienen que estos genes podrían ayudar a los animales a reconocer a sus parejas y a encontrar su presencia gratificante.

    De acuerdo con los estudiosos, los cambios genéticos se habrían mantenido durante un largo período evolutivo de 450 millones de años, reseñó la agencia Ansa. Sin embargo, esto no significa que hayan encontrado los genes concretos responsables de la monogamia y creen que este hallazgo permitirá dar un primer paso para posteriores investigaciones.

    Transición a la monogamia

    La publicación en la revista científica PNAS detalla que el estudio estuvo destinado a tratar de comprender la transición hacia la monogamia de tipos de animales muy distintos a lo largo de los últimos 450 millones de años.

    Los científicos, liderados por Rebecca Young, de la Universidad de Texas, en Austin (EE. UU.)  aseguran que las variaciones en un gen pueden hacer que un individuo de una especie tienda a la pareja estable o no.  Las hembras históricamente se emparejan al menos durante la temporada de apareamiento y compartían en alguna medida las tareas de alimentar a las crías y defenderlas. Estos animales se seguían considerando monógamos aunque tuviesen algún escarceo ocasional.

    Entre los polígamos, los machos trataban de difundir su esperma tanto como fuese posible, pero no se preocupaban de si sus vástagos sobrevivían o no. El análisis del cerebro de los machos reveló que la distinta expresión de una misma serie de genes se asociaba a un individuo polígamo o a uno monógamo.

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    Muchas especies pueden acabar teniendo un comportamiento monógamo

    Los resultados parecen indicar que la monogamia ha surgido de manera independiente muchas veces a lo largo de la historia debido al cambio de expresión de genes que están presentes tanto en monógamos como en promiscuos. En particular, los autores encontraron 24 genes cuya actividad en el cerebro tiene una relación más intensa con el comportamiento monógamo.

    Rebecca Young reconoce que no saben cómo se relaciona la función de estos genes con las inclinaciones monógamas, pero se atreve a dejar esta hipótesis: “Sabemos que algunos de estos 24 genes están relacionados con el aprendizaje o la memoria, y es posible que formar un vínculo de pareja o cuidar de las crías requiera un cambio en los procesos cognitivos que están detrás del comportamiento social”, explicó.

    Larry Young, también investigador manifestó que incluso en los animales con tendencias más monógamos es habitual que se produzcan escarceos puntuales aunque no se sabe de qué manera cambian el sistema relacionado con la monogamia de los genes identificados ,y esto es lo qué debería estudiarse.

    Recalcó la importancia de saber que hay un sistema común en biología por el que muchas especies pueden acabar teniendo un comportamiento monógamo. “Es la primera vez que veo algo así en lo que se refiere a comportamiento social”, expresó.

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    La monogamia aún o ha sido estudiado en los humanos por este estudio

    Para quienes buscan una respuesta clara sobre si nuestra propia especie es o no monógama por naturaleza este estudio no la tiene. “No hemos estudiado esta pauta de expresión genética en humanos”, apunta Rebecca Young, en parte porque no se puede tomar el cerebro de un humano para analizarlo como han hecho con el resto de los animales. Pero incluso si se hiciese, no se encontraría una pauta única.

    Aunque es fácil imaginar el potencial comercial de una aplicación que permitiese este tipo de análisis en humanos, incluso con ella, la certeza sería esquiva. El entorno también determina las decisiones sobre cómo organizar la vida en pareja, tanto en animales como en humanos.

    “Si hay pocas hembras o son difíciles de encontrar puede ser práctico evolutivamente quedarse con ella después de copular, porque el macho no sabe cuándo podría encontrar otra hembra”, apunta Rebecca Young, tras mencionar que lo mismo ocurre con la presión de los depredadores o si el entorno es muy impredecible. “En esos casos, tanto el macho como la hembra pueden beneficiarse de permanecer juntos y cooperar en el cuidado de sus crías”, acotó.

    La investigadora cree que una de las enseñanzas que podemos aplicar a nuestra vida de los estudios sobre la monogamia es saber “que también nosotros los humanos somos el producto de la evolución”, afirmó.

     

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