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    Un equipo de la Florida Atlantic University (Estados Unidos) ha cuantificado por primera vez los efectos del crudo en la función olfativa de un vertebrado marino: la raya del Atlántico (Hypanus sabinus).

    El estudio se realizó para conocer las consecuencias biológicas del derrame de crudo del 20 de abril de 2010, en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, perteneciente a la compañía BP, que explotó en aguas del Golfo de México.

    Los resultados, publicados en la revista Scientific Reports, demuestran que el vertido ha perjudicado el sistema sensorial de la manta raya, muy necesario para la supervivencia del pez.

    Los científicos afirman que, solo 48 horas después de la exposición al petróleo, la función olfativa de la raya se deterioró significativamente, lo que podría afectar negativamente su aptitud física, conducirla a una muerte prematura y provocar efectos en cascada adicionales.

    “Los elasmobranquios son famosos por sus sistemas sensoriales bien desarrollados, que son imprescindibles para alertarlos de la presencia de depredadores, presas, posibles parejas y condiciones ambientales desfavorables. Cualquier deterioro de estos sistemas sensoriales podría tener un efecto perjudicial en su supervivencia y condición física”, observa Stephen M. Kajiura, coautor del trabajo.

    Los investigadores realizaron un ensayo electrofisiológico para comprobar las respuestas olfativas de las rayas mantenidas en agua limpia y de otras en agua con petróleo. Las últimas mostraron una respuesta menor, con un inicio más lento y una duración más larga.

    “A diferencia de otros sistemas sensoriales en los que las células receptoras no están en contacto inmediato con el medio ambiente ―como el ojo, el oído interno, la línea lateral (que permiten detectar los movimientos y las vibraciones del agua en animales marinos) y los electrorreceptores―, las células quimiosensoriales del órgano olfativo están directamente expuestas, a través del moco, al agua de mar”, especifica.

    El resultado es que los contaminantes ambientales dañan las células receptoras y afectan la función olfativa.  “Incluso si el petróleo no causara la muerte inmediata, algunos efectos podrían reducir la aptitud física o llevar a la muerte prematura”, concluye Kajiura.

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