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    La Gran Mancha de Basura del Pacífico contiene entre 4 y 16 veces más plástico que lo que se creía. Investigadores de siete países calculan, en la revista Scientific Reports, que flotan entre California y Hawái unas 79.000 toneladas de plástico.

    Precisamente, el plástico es un material que está afectando la fauna marina, específicamente, a unas mil tortugas que mueren cada año enredadas en desechos.

    Además, a través de la cadena alimenticia, la carne de este animal puede llegar a nuestro organismo con consecuencias imprevisibles.

    Laurent Lebreton, de The Ocean Cleanup Foundation, y sus colaboradores, señalan que la producción mundial de plástico es de unos 320 millones de toneladas anuales, siendo la última década en la que se ha incrementado más que en años anteriores.

    Los autores del estudio señalan que se recicla e incinera una mínima parte, mientras que la mayoría va a parar al medio ambiente.

    El 60 % del plástico es menos denso que el agua y, si acaba en el mar, puede degradarse, romperse en minúsculos fragmentos y hundirse o quedar a flote a merced de las corrientes.

    La Gran Mancha de Basura del Pacífico es la más conocida de las cinco grandes zonas donde las corrientes marinas concentran la basura que tiramos al océano.

    “Las otras cuatro están en el Pacífico Sur, el Atlántico Norte, el Atlántico Sur y el Índico”, indica Javier Franco, biólogo de AZTI, quien no participó en la investigación.

    Positivo de microfibras en las tortugas

    Las pruebas realizadas en más de 100 tortugas marinas de los océanos Pacífico y Atlántico, y del mar Mediterráneo, revelaron que todas ellas tenían microplásticos en el estómago.

    “La ingestión de los plásticos no es la mayor amenaza en las especies, pero su presencia en cada una de las tortugas es preocupante”, dijo Mark Hamman, de la Universidad James Cook.

    Los científicos hallaron unas 800 partículas sintéticas en las 102 tortugas analizadas, pero su cantidad podría ser 20 veces mayor, ya que solamente analizaron una parte del estómago de estos animales, según un comunicado de la Universidad.

    Cada año se vierten a los mares y océanos más de ocho millones de toneladas de plástico, informa la Organización de las Naciones Unidas, citada por EFE.

    “Su tamaño diminuto supone que éstos entran en el estómago sin causar un bloqueo, como sucede con los trozos grandes”, explicó la líder del estudio, Emily Duncan, de la Universidad de Exeter, quien apuntó a un posible efecto más sutil de los microplásticos.

    “Puede que transporten contaminantes, bacterias o virus, o que afecten a la tortuga a nivel celular o subcelular”, añadió la bióloga.

    Los expertos y la ciencia aun no saben cómo estas partículas sintéticas entran en las tortugas, aunque consideran como vías probables la contaminación del agua del mar y de sedimentos, o a través de la ingesta de presas o plantas.

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