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    El declive de la fauna afecta al planeta entero, con regiones especialmente perjudicadas, como los Trópicos, según la 12ª edición del informe publicado por la World Wildlife Fundation y la Sociedad Zoológica de Londres, basado en el seguimiento de 16.700 poblaciones (4.000 especies). La Tierra perdió el 60% de sus animales salvajes en los últimos 44 años

    La región Caribe/América del Sur muestra un balance “aterrador”: -89% en 44 años, mientras América del Norte y Groenlandia salen mejor paradas, con una fauna en -23%. Asimismo la  zona de Europa, Norte de África y Medio Oriente presenta -31%.

    La primera explicación de esta pérdida progresiva de fauna sería la pérdida de los hábitats, debido a la agricultura intensiva, la extracción minera o la urbanización, y así conllevan a la deforestación, al agotamiento o la artificialización de los suelos.

    En Brasil, que acaba de elegir a un presidente cuyo programa no habla ni de la deforestación ni del calentamiento global, la selva amazónica se reduce cada vez más, como la sabana de la región del Cerrado, a favor de la soja y la ganadería. A esto se añade la sobrepesca, la caza furtiva, la contaminación, las especies invasoras, las enfermedades o el cambio climático.

    Nuestra oportunidad

    “La desaparición del capital natural es un problema ético, tiene también consecuencias en nuestro desarrollo, nuestros empleos, y empezamos a verlo”, señaló Pascal Canfin, director general de World Wildlife Fundation (WWF).

    “Pescamos menos que hace 20 años porque las reservas disminuyen. El rendimiento de algunos cultivos empieza a disminuir; en Francia, el de trigo está estancado desde los años 2000”, dijo. “Estamos tirando piedras a nuestro propio tejado“, avisó.

    Los economistas estimaron los “servicios devueltos por la naturaleza” (agua, polinización, estabilidad de los suelos, etc.) en 1,25 billones de dólares anuales. Cada año, el “día del rebasamiento” se mueve, ese día en el que mundo ha consumido todos los recursos que el planeta puede renovar en un año. En 2018 fue el 1 de agosto.

    Sin embargo, “el futuro de las especies no parece captar la suficiente atención de los dirigentes”, alertó WWF, para el que hay que “elevar el nivel de alerta”, provocar un amplio movimiento como se hizo por el clima. “Que todo el mundo comprenda que el statu quo no es una opción”.

    Somos la primera generación que tiene una visión clara del valor de la naturaleza y de nuestro impacto en ella. Podríamos también ser la última que pueda invertir la tendencia”, advirtió WWF, que llama a actuar antes de 2020, “un momento decisivo en la historia”, “una puerta sin precedentes que se cerrará rápido”.

    Este año, se instará a los Estados a reforzar sus compromisos para reducir los gases con efecto invernadero, y lograr un pacto para proteger la naturaleza durante una conferencia especial en Pekín.

    “Debemos pasar rápidamente a una sociedad neutra en CO2, reinvertir la pérdida de naturaleza -a través de la economía verde, las energías limpias, otra producción agroalimentaria-, restaurar suficientes suelos y océanos”, enumeró Marco Lambertini. “Poca gente ha tenido la ocasión de participar en verdaderas transformaciones históricas. Es nuestra oportunidad“.

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