“Es muy poco lo que uno puede determinar conscientemente sobre lo que quiere escribir”, afirma Carlos Chernov tras publicar y presentar en Argentina El sistema de las estrellas (Interzona, 2017). Este libro distópico, apoyado en la ciencia ficción, vuelve a poner en escena el talento narrativo del autor. “Yo creo que uno escribe lo que puede y no lo que quiere. Meterse dentro de una corriente empobrece a un autor”, señala al respecto a El Ciudadano.

¿Cómo surgió esta historia tan particular que se cuenta en El sistema de las estrellas?
Cómo se me ocurrió es la pregunta más difícil que me pueden hacer (risas). Es muy poco lo que uno puede determinar conscientemente sobre lo que quiere escribir. Por ejemplo, yo quisiera escribir novela policial y me sale esto. Por otra parte, yo no leo mucha ciencia ficción, me parece muy pueril. Hablo por supuesto de lo que leía en mi juventud, actualmente hay voces más poderosas. Una cosa básica en El sistema de las estrellas es lo descarnado: como si uno quitara el maquillaje de la sociedad. Asocio este libro con un imaginario de lo que eran los romanos, sin culpa o caridad cristiana. Me interesaba ir al hueso de la cuestión.

Yo creo que uno escribe lo que puede y no lo que quiere. Meterse dentro de una corriente empobrece a un autor. Por ejemplo, en Argentina sucede con César Aira: los que escriben como Aira no son él.

¿Te atraen las historias apocalípticas?
Sí, el fin del mundo es algo que me cautiva. El sistema de las estrellas es el segundo libro que escribo al respecto y estoy preparando otro. Estoy condenado a la distopía. El fin del mundo es algo que te permite liquidar este mundo o extremar lo que ves en el mundo actual.

En El sistema de las estrellas, el fin del mundo que se narra nace de adentro de la propia sociedad. ¿Fue tu idea hacer una suerte de crítica?
Yo creo que todas las distopías son libros políticos. En el sentido de la gran política humana. También son libros morales, como en Utopía de Tomas Moro. Ahora bien, si yo estuviera muy preocupado por como están las cosas, militaría en un partido ecologista o sería distinto. El como andan las cosas me sirve para escribir una catástrofe, no me interesa arreglar el mundo (risas).

Tu novela va un poco en una dirección contraria a la tendencia actual de la narrativa en Argentina, donde se utilizan capítulos muy breves.
Yo no sigo ninguna línea de lo que se hace acá o en ninguna otra parte. Yo creo que uno escribe lo que puede y no lo que quiere. Meterse dentro de una corriente empobrece a un autor. Por ejemplo, en Argentina sucede con César Aira: los que escriben como Aira no son él.

En tu caso particular, al ser un escritor que publicó a una edad avanzada, ¿sentís que eso te fue positivo?
No publiqué prematuramente, de hecho tengo un libro que escribí entre los 18 y 25 años y nunca lo publiqué. También me preguntan cómo fue cambiando mi estilo a lo largo de los años y no soy tan consciente de ese cambio. En un reportaje, Cortázar contaba que él también tardó en publicar, pero él había tenido una vida entera vinculada a las Letras. Yo durante 10 años, después de recibirme de psicólogo, ni siquiera leía ficción o poesía. En un momento me sentí muy infeliz, a pesar de que me iba muy bien con el psicoanálisis, empecé a escribir lateralmente y ahora empiezo a sentirme más escritor que psicoanalista. Ese proceso duró 25 años.

En un momento me sentí muy infeliz, a pesar de que me iba muy bien con el psicoanálisis, empecé a escribir lateralmente y ahora empiezo a sentirme más escritor que psicoanalista. Ese proceso duró 25 años.

¿Pudiste unir algunas facetas del psicoanálisis con la escritura?
Lo que te aporta el psicoanálisis es un saber sobre la conducta humana, te despierta un poco. Sistematiza algunas cosas que están en la literatura y, además, te llenás de historias. Además, el psicoanálisis apunta de forma más directa a algunas cuestiones que la literatura lo hace de manera más tímida: la sexualidad, la conducta. Lo que todavía no me sirvieron mucho fueron las historias de mis pacientes (risas).

¿Te sorprendió el buen recibimiento que tuvieron tus libros?
Sí, mucho, yo fui psicoanalista durante mucho tiempo y no esperaba nada de eso. Yo presenté Amores brutales al concurso Premio Quinto Centenario del Honorable Concejo Deliberante con un seudónimo medio jodón: Si supieras quién. No pensaba en nada, casi nadie había leído el libro. Una madrugada me llama Abelardo Castillo, que era jurado del premio, me llama intrigado para saber quién era. Después en 1993 gané el Premio Planeta y eso también me descolocó mucho.

¿Ese tiempo que te tomaste para pasar del psicoanálisis a la literatura te ayuda a ser más paciente a la hora de la escritura?
Sí, no soy un escritor muy rápido, pero tampoco muy lento. Sí quizás me demoro más en publicar. En ese sentido, liros como El sistema de las estrellas no es un libro fácil de publicar en Argentina. Además, trato de concursar los libros antes de publicarlos. Eso me genera una distancia crítica con los textos, porque pueden pasar años entre que escribí un libro y se publica. Eso está bueno que pase. Como decía el poeta Horacio: a los libros hay que dejarlos 9 años en remojo. Como te decía antes, yo no sé si escribo distinto, pero sí tengo más oficio. A la hora de la corrección y las reediciones, tengo otras posturas.

 

Por último, ¿qué consejos le darías a alguien que quiere comenzar a escribir?
Que lea mucho, inclusive entrevistas a escritores. También poesía, cualquier escritor debe leerla aunque no la escriba. Lo mismo con los ensayos.

Por Gustavo Yuste, desde Argentina
@gusyuste

 

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