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    Siempre que alguien ajeno a un determinado campo quiere incursionar en él, los ojos se posan con especial atención en esa suerte de intruso. Pasa en casi todos los ámbitos de la vida, desde el más íntimo al más masivo. Gonzalo Heredia, famoso actor trasandino, parece ser consciente de eso hace un tiempo y con la reciente publicación de la novela Construcción de la mentira (Alto pogo, 2018), deja en claro que su rol sigue siendo el mismo: ser el que pone el cuerpo para mostrar y esconder al mismo tiempo, el que deja que la línea que separa la ficción de la realidad sea difusa para el espectador, el que puede ser capaz de encontrarse siendo otro.

    Narrada en una primera persona que alimenta y se nutre de la cuirosidad del lector ante la búsqueda de elementos biográficos en la ficción, Heredia maneja un estilo fluido, descontracturado, que remite a la oralidad. Sin embargo, la historia que se cuenta no es para nada liviana, ya que ante la aparente superficialidad del mundo de la actuación en los prime time televisivos, hay una búsqueda real para encontrar la verdadera identidad de alguien que vive fingiendo adelante y detrás de cámara. Puede leerse: “Es hermoso decirle a la gente lo que necesita escuchar. Aunque saben que miento, no les importa”. Entonces, ¿cómo saber el verdadero color de piel debajo de tantas capas de maquillaje?

    Gonzalo Heredia

    Heredia juega a dar lo que se espera de él: la historia de un actor exitoso. Ahora bien, ese no es más que un truco para hablar de lo que realmente le interesa y bajo sus propias condiciones narrativas. Detrás de ese relato, asoman pequeñas quebraduras en la superficie que, como plantas en el asfalto, crecen con voluntad: las dudas constantes, la capacidad de amoldarse a distintas situaciones a tal punto de no saber cuál es lugar de origen, la vida propia como una representación de los deseos ajenos. El propio narrador lo confiesa: “justamente lo que busco es eso, saber qué es real, palpar texturas, diferenciar las capas”.

    El recurso de incluir sueños, recuerdos, pensamientos, el guión de la novela del prime time, generan la sensación de una novela polifónica, que no es más que el resultado de un narrador dueño de una voz potente, reconocible y versátil. Un ejemplo de esto, puede encontrarse descrito dentro de la propia historia, cuando el narrador confiesa: “Dentro del sueño, sueño que tengo un sueño y me digo: tratá de acordártelo cuando te despiertes. Me despierto y quiero escribirlo. Pero no me acuerdo de nada”. 

    Otro recurso que se puede apreciar en Construcción de la mentira es el de la ironía y el de la crítica hacia los estereotipos que se reproducen dentro del mundo artístico, donde cada cual inventa su propia máscara. Varios pasajes de la novela ponen en escena esos momentos: “La televisión se transformado en un lugar para hipnotizar y vender comida para perros. Que respuesta típica de un actor de teatro under resentido con el medio”; o también: “Me imagino que es de esos que se jactan de no tener televisor en la casa, desconocer personajes populares y meterse en reductos marginales a ver teatro off, más off que el off”. Esas mismas descripciones, tranquilamente, podrían aplicarse al ámbito literario y a los lugares comunes que construyen este endeble campo

    En cuanto a la recepción de la crítica, Gonzalo Heredia sabe que no se puede evitar los prejuicios ajenos, entonces decide divertirse dentro del libro. Después de todo, la ficción que se construye sobre la vida de alguien famoso es una responsabilidad compartida, aunque los residuos solo habiten en la persona a la que apuntan los flashes. La construcción de la mentira que es una vida sin sobresaltos, llena de confort y deseos cumplidos, queda expuesta en esta novela, con alguien que cambia la capa de actor por la de autor, que sigue buscando un símbolo de paz como diría Charly García y que hasta el momento no conoce otro método que el de mostrar para esconder.

    Por Gustavo Yuste, desde Argentina
    @gusyuste

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