Captura de pantalla, vídeo Al Jazeera. Imágenes sobre la desaparición de Santiago Maldonado

El pueblo Mapuche del sur de Argentina y Chile llevan mucho tiempo protestando por la pérdida de tierras ancestrales en manos de los colonizadores, quienes siguieron a los conquistadores españoles por la “espina dorsal” de América del Sur en el siglo XVI.

Actualmente esos territorios están dominados por predios privados y grandes plantaciones forestales. Los activistas afirman que los árboles exóticos han dejado a la región devastada en términos ambientales, dejando a los indígenas en la pobreza.

Pero estos largos abusos, que se han incubado como resentimiento, recientemente han salido a la luz convertidos en protesta, publica Al Jazeera.

El medio internacional habla de los activistas Mapuche como una fuerza creciente, determinados a establecer sus derechos a través de la acción directa y en conflicto con “beligerantes fuerzas policiales”, alentadas por gobiernos de derecha pro-empresas en ambos países del Cono Sur.

Luego de ocupaciones, demostraciones, redadas policiales, aislados ataques incendiarios en predios forestales y alegatos de asesinatos de activistas por parte de las policías, algunos temen que el asunto esté escalando y escapándose de control.

El programa People & Power, de Al Jazeera, envió a los realizadores Glenn Ellis y Guido Bilbao a investigar este conflicto. Este es su relato:

Los árboles de jacarandá estaban floreciendo en Buenos Aires, dando a la capital argentina un aire tranquilo, pero que de algún modo no correspondía con la historia que habíamos venido a cubrir. A las imágenes icónicas y pósters de Evita y el Che Guevara, que se dispersaban por la ciudad, se había unido otra cara igualmente golpeante, la de Santiago Maldonado, un joven que fue capturado trágicamente en agosto pasado, en la historia de los Mapuche, los habitantes indígenas de la Patagonia, un vasto territorio en el extremo de Sudamérica que abarca gran parte de Argentina y su vecino Chile.

Los Mapuche están tratando de reclamar su hogar ancestral, una táctica desesperada que los ha llevado hasta un conflicto creciente y amargo con las autoridades. Un hombre que ha estado abogando por su causa es Adolfo Pérez Esquivel, el ganador del Premio Nobel de la Paz en 1980. Habíamos acordado encontrarnos en un encuentro para recordar a los 30.000 desaparecidos en Argentina en la dictadura de los años 70. La ocasión era adecuada, porque Maldonado fue visto vivo, huyendo de la policía durante una redada en la comunidad Mapuche Pu-Lof, donde los comuneros están enfrascados en una disputa por territorio con el gigante italiano de la moda, Benetton, que posee un gran predio en el área. Maldonado había ido a apoyar a la comunidad que había ocupado un pequeña fracción del predio, gran parte de la cual se reclamaba como tierra ancestral, usurpada por la fuerza varias generaciones atrás. De acuerdo a Esquivel, “el gobierno privilegia a las grandes compañías extranjeras por sobre el pueblo indígena. Son discriminados, marginados, perseguidos… victimizados”.

Pu-Lof se ha vuelto un foco para la resistencia Mapuche, con sus habitantes soportando muchas redadas violentas. Emilio Jones nos describió el momento durante el cual una de esas redadas, en el pasado febrero, cuando recibió un disparo en la cara. “Un camión de policías llegó a las 5 pm. Hablaron por altavoz. Fuimos a mirar y se había ido. Más tarde volvieron, salieron y empezaron a disparar, ¡pum! ¡pum! Recibí un disparo que me quebró la mandíbula”.

Emilio sobrevivió gracias a un periodista empático que lo llevó urgentemente al hospital más cercano a unos 30 kilómetros, pero ahora tiene una fea cicatriz en su garganta. Durante una redada similar, Santiago Maldonado desapareció, traumatizando al país y despertando recuerdos dolorosos de la pasada dictadura.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, apareció en TV para negar que su gobierno estuviera involucrado en la desaparición. Luego, después de tres meses, El cuerpo de Maldonado apareció de repente en un río cerca de donde lo habían visto por última vez. De algún modo, siete búsquedas anteriores lo habían pasado por alto, llevando a algunos a especular que [el cuerpo] había sido implantado en el lugar. La versión oficial fue “muerte por ahogamiento”, pero muchos cuestionan esto, incluyendo Pérez Esquivel. “No puedo creer al gobierno”, nos dijo. “Intentan desviar las críticas en lugar de investigar a la policía. El gobierno es responsable de esto… y lo vemos en muchas otras políticas represivas”.

Si el caso Maldonado ha catapultado la causa de mapuche al protagonismo en Argentina, al otro de los Andes, en el vecino Chile, el conflicto Mapuche ha empujado a la región a un punto de quiebre. Lo que está en juego, dicen los mapuche, es su forma de vida, amenazada por un boom de explotación forestal y operaciones mineras que destruyen el medio ambiente. Los Mapuche, para quienes la naturaleza es sagrada, dicen que están luchando no solo para recuperar sus tierras sino para protegerlas. “Para nosotros, es cuestión de vida o muerte”, dice Ramón Llanquileo, quien hace poco reclamó tierras al interior de una concesión madedera, con la que su familia cultiva papas, maíz y porotos, como lo hicieron sus ancestros. “Si luchamos por la tierra, por recuperar los árboles, la naturaleza y los animales, hay una oportunidad. Si no, estamos condenados a desaparecer”.

La Coordinadora Arauco Malleco (CAM), está embarcado en una feroz campaña de sabotaje contra la industria forestal, causando daños de millones de dólares mediante la quema de camiones que transportan árboles talados. El gobierno de Chile ha respondido invocando una ley antiterrorista que fue creada durante el tiempo de Pinochet. Esto lleva, dicen los activistas, al castigo colectivo de montones de comunidades pacíficas, dejando a docenas con heridas de bala y varios muertos. Ana Piquer, Directora Nacional de Amnistía Internacional, dice que muchos Mapuche han sido erróneamente encarcelados con base en testimonios de testigos protegidos, muchas veces por años antes de ser absueltos; que los líderes mapuches han sido secuestrados y torturados y que incluso se ha disparado y herido a los niños.

“Afecta a la comunidad entera”, dijo. “Llegan violentamente; barren con todas las casas, arrojan gas… En un caso reciente fue afectada una escuela preescolar con todos sus niños pequeños, que tuvieron que ser llevados al hospital”.

En la Región de La Araucanía, designada como zona en conflicto, conocimos a muchas víctimas Mapuche -incluyendo un niño cuya pierna sigue acribillada con perdigones, seis meses después de que su comunidad fuera allanada por fuerzas de seguridad. Su madre nos dijo que el personal del hospital cercano se rehusó a tratarlo, diciendo que “ustedes queman nuestros camiones con madera; no esperen que ayudemos a su hijo”.

De hecho, los disparos a los jóvenes mapuches por parte de la policía no son poco comunes, aunque ningún oficial ha sido llevado a la justicia. En el pequeño pueblo de Collipulli, conocimos a Ada Huentecol, cuyo hijo Brandon fue herido de bala en la espalda el año pasado, mientras intentaba defender a su hermano de 12 años. Ada nos mostró una foto del sargento de policía supuestamente responsable. “Le disparó a quemarropa, por ninguna razón. Mi otro hijo, Isaías, estaba reducido a su lado, de rodillas, con sus armas apuntándole”. Ada ha buscado justicia a través de la corte, pero hasta ahora el sargento no ha asistido a ninguna de las tres audiencias”.

Este sentido de la impunidad, de que la policía puede asesinar sin consecuencias, sin duda echa más combustible a los activistas, quienes no ven otra salida en su lucha defensiva. Estábamos ansiosos por hablar con CAM, el principal grupo responsable por los ataques incendiarios más recientes. En las montañas, conocimos a Héctor Llaitul, su líder, quien nos ofreció esta sombría evaluación. “Estamos hablando de la muerte de militantes Mapuche, desapariciones, encarcelaciones políticas. Nos hallamos obligados a responder a esta violencia contra nuestro pueblo y a tomar cierto tipo de acción directa para oponernos a ella. Vemos que el conflicto no tiene solución en el corto plazo”.

Muchos sienten que la posibilidad de una resolución pacífica fue arruinada el pasado diciembre, cuando el multimillonario Sebastián Piñera fue elegido Presidente. Conocido por su postura intransigente ante los mapuches, Piñera ha prometido fortalecer las leyes de seguridad de la era Pinochet e incrementar el uso de testigos protegidos para aplastar a grupos que describe como “terroristas”. Muchos mapuches sienten que no tienen otra opción más que resistir; que ahora ocupan menos del cinco por ciento de sus antiguas tierras y que el tiempo se les está acabando. Pero ya sea en Chile o más allá de la frontera, en Argentina, ellos están oponiéndose a fuerzas que los han mantenido bajo control por siglos.

Al Jazeera. Traducción de El Ciudadano.

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