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    Descontracturada, divertida e impredecible, así es Magalí Tajes  y también lo es su trayectoria tanto dentro de la comedia como dentro del mundo editorial. Con una carrera en franco ascenso, su segundo libro Caos (Sudamericana, 2018) es un éxito de ventas, logrando agotar más de 10 mil ejemplares en una sola semana, algo que muy pocas veces pasa en el contexto actual de la industria en la región.

    Con este libro multifacético, que mezcla la autobiografía con la ficción, el humor con la poesía, la ilustración y hasta se permite utilizar lenguaje inclusivo en alguno de sus paisajes, algo que sin dudas representa toda una decisión política, Magalí Tajes fue una de las más vendidas de la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

    — ¿Cómo definirías a Caos? Puede ser visto como un libro de relatos, motivacional, y a la vez incluye versos poéticos. ¿Te sentís cómoda en la indefinición?
    — Caos lo dice en su título, y adentro también: Es un libro con muchos libros adentro, que cuenta historias que contienen otras historias, para personas que tienen varias personas conviviendo entre sí. Con Arde la vida me pasó algo similar, me costó encasillarlo. Quizás es un poco mi forma de vivir, y se reproduce en mi escritura. Caos tiene textos con lenguaje inclusivo, y textos que respetan el español tradicional. Tiene poesía, tiene pruebas en las que el lector tiene que hacer algo con el libro, al estilo “destroza este diario”, tiene ficción y relatos personales. Me gusta mucho como quedó, y me gusta que sea distinto, que sea caótico. Creo que Caos es un libro que incomoda a quien lo lea, o que por lo menos lo intenta.

    — ¿Qué diferencias ves con Arde la vida?
    — Arde la vida es absolutamente autobiográfico y tiene un estilo de escritura lineal, en caos juego con cuentos de ficción, y con estilos de escritura diferentes. Creo que es un libro más maduro, aparecen temáticas que en arde no, como el feminismo, la política, y hay mucho más de amor, también. Arde la vida lo escribí cuando todavía laburaba en una oficina, estudiaba psicología y quería ser analista lacaniana, recién empezaba con el stand up, estaba metida en una relación de amor bastante tortuosa. Arde la vida es combativo, por eso su bajada es “¿Hasta cuándo vas a tener miedo?”.  Caos nace en un momento en el que estoy viviendo de lo que me gusta, que es la comedia y la escritura, donde las preguntas por el amor y las relaciones aparecen con más fuerza, ¿qué es lo sano?, ¿qué es la soledad?, ¿qué espero de una relación?, ¿qué puedo dar?, y de esas preguntas salen otras, y muchas respuestas.

    —¿Qué respuestas por ejemplo? 
    — Algunas veces la respuesta es no saber, y asumir que no sé, y entender que quizás no es el momento de saber ahora, y que quizás hay algunas cosas que no voy a saber nunca. Creo que Caos defiende, en contraposición a Arde la vida, que el miedo va a estar siempre, y que se lo tiene que atravesar una y otra vez. Que hay que lidiar con el lugar en el que estamos, con la familia de la que venimos, con el laburo, con nuestros sueños. Que hay que repreguntarse a uno mismo, y que las respuestas cambian, porque uno nunca es uno, dentro de uno hay un millón, un caos de yoes.

    — ¿Y qué similitudes  ves?
    — En cuanto a las similitudes, creo que ambos apuntan a generar emociones fuertes, generar algún tipo de impacto en quien lo lea. Que quien se meta en esos libros se vaya con los libros adentro de sí.

    — Teniendo en cuenta que el grueso de tu público es adolescente, ¿qué responsabilidades te implica eso a la hora de comunicar un mensaje?
    — Creo que el mensaje siempre tiene que ser honesto, que apunte a generar un bien, o a un grado de conciencia sobre algo que está mal al menos. Y en eso no hay distinción de edades. Yo escribo como a mí me sale escribir, sobre las cosas que me convocan, si después lo leen adolescentes o personas de ochenta años, es aparte. Arde la vida tuvo un abanico enorme de edades. Creo que si se lee más entre adolescentes es porque hay menos prejuicio. Pero tanto la comedia como la escritura que ejercito, hablan de humanidad. Con mis modismos, y mi edad, pero para el público que desee escucharlo.

    — En esa dirección, en Caos se tocan temas de la vida adulta sin darles rodeos, ¿pensás que no hay que subestimar a los más jóvenes?
    — A mí un amigo me dijo una vez “en mi época había gente que escuchaba Charly García, y gente que escuchaba Julio Iglesias”. Y creo que todas las épocas tienen eso, y que vos a los 15 años podés estar re copado con J Balvin, como podés estar copado con Spinetta, o incluso podés estar copado con los dos. La persona que solo se copa con J Balvin, quizás no te lea. Pero no es porque tiene quince años, sino porque no le interesa. Creo que la búsqueda, la pregunta, la curiosidad, no tiene que ver con una edad, sino con la persona. Y también creo que todos tenemos posibilidades de mutar, quizás en diez años el que escucha J Balvin, se ponga un disco de Spinetta. La subestimación del otro es asumir un lugar de poder y de ego, del que es mejor correrse. Mirá, termina la nota y me pongo un par de temas de J Balvin, así emparejamos… (risas).

    — ¿Cómo ves el movimiento feminista en la actualidad? ¿La mayor visibilización de la lucha te motivó a tocar temas en tu rutina humorística que antes no tocabas?
    — Lo veo bien, lo veo fuerte, creo que estamos en un gran momento de feminismo, que se van a lograr cosas, y que es ahora donde no hay que dejar de apoyar y de hacer visibles todas las cuestiones que veníamos dejando pasar por desinformación, por sumisión, por vergüenza o porque no nos pasaba a nosotras. Creo que se está dando algo muy fuerte, por lo menos a mí me emociona, y claro que lo uso en mi rutina de stand up, y en Caos también está, y lo sumo a los videos. Creo en el movimiento, y creo en la igualdad, y desde donde puedo, aporto y lucho. Es un camino, me quedan muchisimas cosas que aprender, pero es para toda la vida esto.

    — ¿Qué desafíos plantea ser una humorista? ¿Cómo sobrellevás los momentos de tristeza o mal ánimo cuando tenés que salir al escenario?
    — El humor se puede hacer desde distintos lugares: puede ser chabacano, negro, político, de denuncia, de comunicación, puede tener todas estas aristas. Tener un micrófono es tener una responsabilidad. Hay comedia para entretener, y comedia para cuestionar. A mí me gusta más la segunda, la primera fue una etapa necesaria, para poder entender la estructura de los chistes, pero ya pasó. Hoy busco que la gente se ría, se muera de risa, pero se lleve algo más. Algo de lo que no reírse, algo para transformar. En cuanto a los momentos tristes, claro que están, también están los días que me enfermo o que estoy desganada, pero cualquier fantasma se deja abajo del escenario, se sube sin fantasmas, y después te volves a ocupar. En el momento escénico no dejo entrar los fantasmas, está el presente y nada más. Te ayuda el oficio, la práctica.

    — Por último,  ¿cuáles son tu próximos proyectos?
    — Mis proyectos de este año son llevar la comedia a lugares que no haya visitado, abrir Latinoamérica, presentar Caos en todos los lugares que sea posible, y la reedición de Arde la vida, que viene con textos nuevos y con el audio libro. Tengo mucho trabajo por delante, y estoy muy feliz con lo que ya se viene dando. Mi vida, irónicamente, está siendo un caos, y me gusta.

    Por Gustavo Yuste, desde Argentina
    @gusyuste

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