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    Una sentencia de muerte se lanzó hace un par de décadas con el surgimiento de la era digital: “el libro impreso desaparecerá”, tal como se dijo con el cine y con la radio cuando emergió la televisión.

    Pese a los fatales pronósticos, el libro impreso no murió, aún cuando ha sufrido los embates de las publicaciones digitales, la merma en el hábito de la lectura y las ventas de e-books o textos en PDF en plataformas de comercialización.

    Una amenaza parecida cayó sobre los espacios que se dedican a la venta de libros usados. Se alega que el hábito de la lectura ha disminuido drásticamente por lo cual los textos de segunda mano irán a parar al rincón del olvido o, en el peor de los casos, en un contenedor rumbo a la industria del reciclaje.

    La realidad ha demostrado lo contrario. Tal como ocurre con la hiedra, el mercado de libros usados se encuentra tan arraigado al imaginario y tradición de muchos países y ciudades, que ni las más duras dificultades económicas parecen ser suficientes para acabar con él.

    Mercado de libros usados se encuentra arraigado al imaginario y tradición de muchos países. Foto Web.

    Lucio Aquilanti presidente de la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina, señaló en una entrevista para el portal de noticias Vos, que la asociación que preside agrupa unas 40 librerías dedicadas a comercializar piezas editoriales usadas en el país suramericano.

    Reconoció que el proceso inflacionario que viven actualmente los argentinos les ha hecho perder terreno en el mercado. Sin embargo, reveló que el “salvavidas” del negocio es el circuito de libros reliquia disponible solo para coleccionistas y, en muchos casos, en dólares para clientes en el exterior que los demandan.

    Es que en este negocio puede saltar cualquier sorpresa al abrir las páginas de un libro. Hay piezas que llegan firmadas por el propio autor o con dedicatorias de los ilustradores.

    También se consiguen ediciones especiales, que antes se imprimían para un sector muy selecto. Aseguran que en Buenos Aires hay reliquias con ilustraciones de Pablo Picasso que son demandadas desde Francia.

    Desde su librería ubicada en Buenos Aires, Aquilanti es uno de los más optimistas a la hora de analizar el mercado actual del libro de segunda. “No hay una crisis cultural, Argentina sigue siendo un país riquísimo en este sentido. Nosotros tenemos clientes con mucho dinero y también de pocos ingresos que no dejan de leer”, aseguró.

    En Buenos Aires, hay reliquias que son demandadas en diversos países. Foto Web.

    En Colombia también existe una amplia tradición de ventas de libros usados. En Bogotá y en Medellín se localizan calles con establecimientos que tienen años dedicados a este negocio.

    En la calle 45 de Bogotá se sitúan unas ocho librerías, incluidas El Dinosaurio y La Clásica, que “abrieron el camino e hicieron que la gente supiera que en ese lugar hay libros” de gran calidad, explicó Camilo Ramírez de la librería Grandes Maestros.

    En Medellín, desde hace tres años, la organización de la Fiesta del Libro y la Cultura ubica a los vendedores de textos usados en un pabellón especial con mayor visibilidad.

    Juan Hincapié, librero y propietario de Los Libros de Juan, ubicada en el barrio La Castellana de Medellín, estima que “las de libros leídos, al igual que todas las librerías, simplemente sobreviven. Por eso los sectores culturales deben ayudarlas, ya que permanentemente están rescatando y preservando el patrimonio bibliográfico del país”.

    En Caracas, la capital venezolana, son opciones para los lectores de libros usados acudir al puente de la avenida Fuerzas Armadas, la avenida Vollmer, las ferias itinerantes y los cambalaches que organizan instituciones públicas y privadas.

    En otras ciudades como Barquisimeto y Maracaibo, ubicadas hacia el Occidente del país caribeño, también pervive la tradición de las ventas de libros usados, con plazas y establecimientos dedicados al ramo.

    La Feria Internacional del Libro de Venezuela que se realiza anualmente tiene reservada amplios espacios para la exhibición. Foto Web.

    La Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) que se realiza anualmente en el país suramericano, tiene reservada amplios espacios para la exhibición y venta de ejemplares diversos del mercado de lo “viejo”.

    Consultado sobre cómo ve el futuro del libro y su negocio, el librero colombiano Juan Hincapié expresó que vienen tiempos difíciles, ya sea por la industria de lo digital o por la crisis económica, “la venta de libros tambalea, pero no se cae definitivamente”, aseveró.

    “En estos tiempos de cambios, es un buen momento para volver a la lectura como una trinchera. El libro es una revolución de la cabeza”, sintetizó.

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