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    Vive en Argentina y actualmente tiene 31 años de edad, pero cuenta que abortó a los 23 y casi pierde su vida por hacerlo de forma clandestina. Aunque prefiere guardar su identidad, narró los “temerosos” instantes -llenos de emociones encontradas-en los que el Senado de ese país votó en contra del proyecto de ley que buscaba aprobar la interrupción voluntaria del embarazo.

    En una entrevista al diario El Espectador, recordó que que se fue a vivir a Buenos Aires y tenía una pareja estable, pero “siempre en otro país donde se es extranjero, todo se vuelve cuesta arriba”.

    Empecé a sentir que me dolía la barriga, mareos, ganas de vomitar. Los síntomas vinieron uno tras otro en el transcurso de una semana. Fui a un médico y me dijo que estaba sufriendo de colon irritable. Yo intuía algo diferente y me hice una prueba de embarazo, que salió negativa. Pero la regla no me llegaba, por eso tuve que hacerme otra prueba”, relató.

    Efectivamente, sí estaba embarazada. “Quedé en shock al enfrentarme al resultado. Me recomendaron una doctora que dijo que debía hacérmelo (el aborto) en un plazo de 48 horas y me pasó el teléfono de un especialista”, contó mientras que sus ojos dejaban ver unas lágrimas próximas a caer.

    Lloró mucho al contárselo a su novio, quien le dijo que podía hacer lo que ella quisiera, porque contaba con su apoyo. “Era obvia para mí la decisión. No iba a tener un hijo. Jamás consideré indebido interrumpir el embarazo. Soy proaborto. Cuando eso pasó, no había terminado la universidad, era imposible proyectar una familia con la persona que estaba a mi lado”, detalló.

    Manifestó que vivir una experiencia de ese tipo representa una “realidad inegociable e inaplazable que debe ser solventada. “Mi novio y yo fuimos donde el médico del papelito. Llegamos a un lugar en un barrio feo. En un apartamento lúgubre, nos atendieron en horas de la noche. Me hicieron una ecografía, que, por supuesto, no quise ver”, indicó.

    Le vino a la mente la escena más trascendental y estaba sola en medio de un apartamento grande. “Recuerdo que al despertar, vi el ayudante del médico, tenía zapatos de piel de culebra, pelo rubio, pintadísimo, y sus brazos estaban tatuados. No era un enfermero. Estaba desorientada, me ardía, sentía como si me hubieran arrancado el ombligo. Me preguntaba ‘¿Qué hice?’. A mi derecha estaba una niña llorando. Pedía que se lo dejaran ver. Yo quería salir corriendo. Me paré y me desmayé. Vino el médico. Lo último que me dijeron fue que volviera para control en una semana”.

    Definitivamente, el hecho de practicarse un aborto clandestino marcó su vida para siempre. “Salí de allí bajando unas escaleras, prácticamente estaba sola, muy débil y había perdido mucha sangre. Era un noche para nada tranquila, muy deprimente para los dos”, declaró.

    Para empeorar la situación, ese aborto le costó la relación con su pareja, porque fueron teniendo problemas hasta que su noviazgo acabó.

    ¿Y tú qué harías en una situación como ésta?

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