Se dice de Nicanor Parra que “bajó a los poetas del Olimpo”. Es difícil pensar, hoy en día, que los poetas alguna vez pertenecieran al Olimpo, o hayan ocupado un lugar gravitante en la sociedad y en la cultura. Hoy es un arte que pocas personas visitan (o “consumen”, para ocupar los términos correctos en que se ofrece el arte al público y los lectores), y que ―pese a los esfuerzos del mismo Parra por hacer una poesía accesible, que recogiera el habla y las experiencias de la vida cotidianas―, parece haber quedado nuevamente relegado a pequeños círculos de entusiastas y especialistas.

Parra logró desmarcarse del tono y la figura de poetas como Neruda y Huidobro y creó lo que llamó antipoesía, un proyecto poético que ubicó el lenguaje no en las alturas ni en la imaginación desbordante en el virtuosismo verbal, sino que buscaba recuperar el habla de la experiencia, un lenguaje transparente y comprensible en que se mezcla el habla cotidiana con la alta cultura. Una lectura de su tiempo y del habla “de la tribu” como él decía, que recoge también a los dos grandes pilares de la literatura occidental: Cervantes y Shakespeare, autores que respondieron a las formas literarias de su tiempo con humor y un lenguaje vivo que revitalizó la literatura para siempre.

Parra logró desmarcarse de su tiempo, en que los poetas eran vistos como una especie de sacerdotes, e instaló un nuevo tipo de poeta: transparente, sencillo y culto. Su libro Poemas y Antipoemas marcó un antes y un después en la poesía en español, transformándolo en uno de los poetas más importantes de habla hispana, en su momento admirado y traducido por poetas de la talla de Allen Ginsberg y Willam Carlos Williams.

Su genialidad indiscutida para torcer el rumbo de la poesía chilena, y leer las influencias externas ―principalmente inglesas, pero también orientales y del canon occidental―, para crear un lenguaje nuevo en la tradición poética chilena, es indiscutida. Así como tampoco se discute su plasticidad, su capacidad de transformación, para llevar lo más lejos posible su programa original, que buscaba hacer de la poesía algo accesible a todos: basta revisar sus famosos artefactos que, como dice uno de nuestros consultados, son un claro antecedente de los memes, o visitar sus instalaciones. En tiempos en que los poetas y la poesía no gozan de gran popularidad, Parra siguió haciendo una poesía masiva e inteligente, conocida, entendida, disfrutada y compartida por los que leen y por los que no leen poesía.

Hoy que ha muerto, a los 103 años, quien fuera uno de los poetas vivos más importantes de la lengua y, a estas altura, una especie de monumento andante (monumento al que probablemente él mismo hubiera sido el primero en machar con un grafiti), quisimos preguntarle a algunos artistas y escritores sobre la influencia de Parra en sus vidas y en su trabajo. Aquí algunas de las respuestas que obtuvimos:

Germán Carrasco, poeta:

“Hizo una mezcla entre la tradición criolla –sabía de décimas, de huaynos, de folclor, métrica española- con la tradición inglesa: el nonsense británico, las baladas textiles, el wit. El prólogo a las baladas líricas de Wordsworth por momentos parece su poética. Yo creo que el latifundista trata de tomarle el pelo al campesino, y el campesino se defiende con ingenio trasquilando al futre que lo quiere güeviar. Parra entendió muy bien eso. Su influencia en quienes lo desarrollaron es importante, quienes comprendieron ese nuevo pacto con la poesía. Pero también su influencia es el humor y el chiste fácil, que tuvo seguidores de mala calidad. A propósito de la visita del papa Juan Pablo II hizo un poema que todos recordamos, en dictadura, “el pastor debería cuidar a sus ovejas/ y no salir de farra con el lobo” (Juan Pablo II con Pinochet). Pero su mejor poema para mí es Los vicios del Mundo Moderno, el que hoy podría ser re-escrito con otra lista extra de vicios de índole informático, corrución, etc. Puso en la agenda varias cosas que retomó después incluso la academia norteamericana, entre otras: la preocupación por el medio ambiente”. 

Natalia Berbelagua, escritora:

“Conocí a Parra cuando tenía 10 u 11 años en Las Cruces, donde veranié toda mi infancia. Yéndome a lo parapsicológico, no es cualquier cosa haberlo conocido en un bosque, es como que se te aparezca el diablo debajo de una higuera. Fue el primer poeta que conocí y probablemente el único que he conocido hasta el momento. Lo volví a ver un poco antes de publicar mis libros. Me pareció un hombre encantador. Nos reímos de las historias de la biblia toda la tarde”.

Diego Adrian, músico:

“Para mí fue parte de los personajes culturales que abrió el arte en Latinoamérica, lo sacó de la academia, y lo supo adaptar a la realidad chilena en una reinterpretacion rica en reflexión existencialista, lo cual siempre me cautiva. Como encuentro de tercer tipo puedo decir que para su exposición “artefactos”, fui y me robe el O’Higgins de cartón y lo tuve por años decorando mi casa, luego alguien más me lo robó. Vuelve a la materia o a la anti materia poeta.”

Juan M. Silva Barandica, poeta y editor:

“Siempre me cargó su personaje de chistosito fome, pero admiro profundamente su inteligencia y que haya instalado el trabajo y la investigación sobre el talento. La idea de un poeta sobrio, inteligente, culto y que entra y sale de la academia es fundamental para el desarrollo de la poesía. De otra forma, el poeta seguiría siendo el borrachín desempleado con mal de amores, a merced del oligarca de turno y sus dudosas definiciones de talento. El genio es laboriosidad, escribió Benjamin, y Parra es parte de ese espíritu”. 

Carlos Bogni, artista visual:

“BOTELLAS MENSAJERAS”, Carlos Bogni y Nicanor Parra, Isla Negra, 1979 (Foto: Peter Kroeger)

“Estuve muy cerca del Nica unos cuatro o cinco años. Después del taller literario varias veces nos íbamos directo a Isla Negra, y conversábamos toda la noche, hasta que amanecía; otras me quedaba en la casa de la Reina, durmiendo en la cama de la Viola. En esos años de taller solo leíamos a Lao tse y Pound. También recuerdo que me leía El hombre imaginario mientras lo terminaba, en una casa en La Pirámide, donde estaba efectivamente el balcón imaginario y a la cual era un reto llegar si andabas a pata. La foto “Botellas mensajeras” es el único registro que queda de una performance que intentamos hacer durante un tiempo. Lanzábamos botellas con mensajes en blanco. La segunda fase del proyecto era desde un puente del Mapocho, desde donde lanzaríamos 10.000 botellas mensajeras. Al final se diluyó y quedó solo ese registro en una playa que ahora no existe, en la desembocadura de Isla Negra”.

Fernanda Ivanna, artista:

“Lo considero una figura importante y lo respeto porque es la primera generación, después son todos unos colgados a Parra. Ahora, me caía mal porque siempre encontré que era un picao a cuico y eso de tomar té en la casa blanca, el apoyo al golpe, los homenajes en La Moneda… estaba metido en la Babylon. Así cualquiera quisiera/podría vivir 103 años en la playa regio. Además sus hermanos murieron pobres.  Me gusta este poema: “Válgame Dios, Nicanor, / si tengo tanto trabajo, / que ando de arriba p’abajo / desentierrando folklor. / No sabís cuánto dolor, / miseria y padecimiento / me dan los versos qu’encuentro; / muy pobre está mi bolsillo / y tengo cuatro chiquillos / a quienes darl’ el sustento”. UPS, ME EQUIVOQUÉ DE PARRA. TXAO.” 

Juan Carreño, poeta:

“Nicanor está en el ADN de los poetas desde hace varias generaciones. Es una presencia inevitable, se nos sale solo. No hay para qué invocarlo. Su primera obra es una parada de carros fenomenal al engrupimiento nerudiano. Pero de eso hace rato. Ahora el riesgo sería que se pusiera de moda nuevamente la antipoesía y que comience institucionalmente la descomposición fetichista de su imagen. Aunque no creo que tanto. Después de todo Nicanor goza de buena salud entre las bases de los nietos, fue el que inventó los memes ¿o no?”

Santiago Elordi, escritor y fundador del periódico Noreste:

“En la década del 80, nos quedamos en pana en su Kliensbus camino a Elqui (fuimos a ver el cometa Halley), y había trenes, y visitamos la casa de adobe de la Gabriela, y don Nica comía unas uvas rosadas tirado en el asiento de la Kleinsbus, y también me acuerdo que un día le regalé un perro Afgano, al que le puso Conchalí; otro día me presentó a Allen Ginsberg en NY, y en su casa de la Reina escuchábamos Bach con la puerta abierta, hablaba muy poco de poesía, ya en esa época nadie hablaba mucho de poesía escrita, muy poco, era más entretenido y tremendo conversar de otras cosas, moverse un poco por ahí, bailar, y en eso don Nica fue un poeta insuperable, universal… ¿A donde se habrá ido con el Arte de la Vida?”

Natalia Babarovic, pintora:

“Lo re-conoci a través de la mirada de Neil Davidson y de Matías Rivas. No sé si me influenció pero pienso en el. Es como un viejo árbol caído ¿no?”

Antipoemas para recordar a PARRA:

MANIFIESTO

Señoras y señores
Ésta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se retractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano,
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
“Libertad absoluta de expresión”.
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

 

El ciudadano
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