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    Conozco bien a los Philipina Bitch y a los Filipina Bitch. El 2007 escuché “Té, papaya y completos”, primer trabajo de Philipina. Raro, hermoso en su desprolijidad, ese disco me pegó tan fuerte que incluso fue mi objeto de investigación para un menester académico que cursé por esos años y que dejé inconcluso.

    Desde cerca seguí en secreto los pasos de Philipina: me alegré cuando Iván Molina se convirtió en un tercero oficial del grupo o le mostré a todas las personas con quienes me crucé por esos tiempos el tremendo “Vecindad Maldita”. El 2011 fue cuando vi por última vez en vivo a Philipina en el Lord Cochrane de Valdivia y rememoro sonriente lo bacán que sonó ese momento.

    El nombre es un detalle

    Pasó que en algún momento que no tengo tan claro, Sebastián Orellana, la otra parte que fundó este grupo junto a Felipe Ruz, empezó a aparecer en proyectos como La Big Rabia –bandaza junto al citado Molina-, como parte de los Sonora de Llegar o con su formato en solitario Puñete & los pies frenéticos, y es en esos tiempos que no tengo tan definidos cuando Filipina entra a escena.

    Es 2017 y se estrena el videoclip de “Ahora, queriendo avanzar”, primer avance de lo que será parte de un próximo largaduración–hasta ahora han editado tres epés más un split junto a Matías Cena-. Con Agua Videos como responsable de la realización de este trabajo, Filipina Bitch confirma con claridad su propuesta estilística, una que nace desde el desparpajo y el atrevimiento por hacer que dentro del formato canción y del formato disco, las ideas vibren con esa honesta energía inicial que surge a la hora del momento creativo.

    El rock es el eje por donde avanza esta canción, en donde recursos que beben de la sicodelia, el stoner y el noise, estructuran una línea melódica y rítmica que en un principio avanza casi marcial, mientras se dibuja juguetona una guitarra que recuerda al sonido entrañable de los Pixies. Al mismo tiempo, el relato visual parte con porciones de suelo y una mujer iluminados con una luz estroboscópica hasta que ella se convierte en la protagonista.

    La duotonía, los colores fríos y un registro de poca fidelidad son los principales elementos con los que “Ahora, queriendo avanzar”, sucede. Esta mujer camina errática entre pastizales y el mar, sugiriendo cualquier cosa, una búsqueda, una pérdida, un exceso, lo que sea, y es ese viaje absurdo en donde Filipina cristaliza su propuesta. Los pasos veleidosos de ella refuerzan el momento en que la música se desdibuja de su motivo inicial y se dispara como una tromba liderada por una filuda y reverberante guitarra. La mujer tendida sobre las rocas son la imagen final que acompaña al silencio.

    Impensada, arranca una segunda parte de rola que empieza con unos riffs portentosos, pesados, citando a lugares como el stoner o el doom y esta vez la lírica se grita rabiosa y urgente, mientras nuestra protagonista sale de su letargo y empieza una huída, un escape que entre gritos y versos como “Sin querer más / poder dormir / sin querer ser/ un tipo más de lo que soy”, se delinea un momento en que la rabia suena clara y sin eufemismos.

    Un gran plano general es la postal de cierre. La mujer entrando al plano mientras en el otro extremo los cabros de Filipina esperan y su música se repliega regresando a su espíritu inicial. Ahora el pulso y las armonías pasan sin cólera, coronando precisas el encuentro entre esta chiquilla y los muchachos.

    El secreto

    Hermosa es la manera en que Filipina Bitch continúa existiendo, porque esa energía pendeja y desprejuiciada que nació con dos cabros hace varios años allá en Conce, sigue viva y ha sabido sacudirse naturalmente cualquier hecho adverso –partidas o cambios de nombre- y su historia es la mejor confirmación de eso que respira en todas sus canciones: poco importa la lógica, la gracia está en avanzar.

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