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    Lo volvió a hacer. Lo hizo casi naturalmente. Es algo que cada vez que Manuel García se presenta en vivo no puede dejar de hacer. Es algo que resulta casi inevitable. Me refiero a entregar siempre más de lo esperado. Y no sólo eso, sino a interpretar aquello que los asistentes quizás no tienen contemplado. Y en el lanzamiento de su segundo disco en solitario en ariqueño partió interpretando cuatro o cinco canciones que fueron el descarte de “Témpera”, por así decirlo. Tal como cuando presentaba “Pánico”, que lo cruzaba con canciones compuestas especialmente para su documental “Catalejo” y con las canciones de Mecánica Popular.

    Un teatro lleno, casi colmado, con pasillos ocupados veía como García solo sobre el escenario, acompañado de su guitarra despachaba entre afinaciones y comentarios, interpretaba temas no escuchados antes. Hasta no mediar la explicación la duda estaba instalada en el rostro de muchos. Eso no era de “Pánico”, ni de “Témpera”. Incluso se da maña para intercalar temas de Víctor Jara. Primero fue “Luchín” y más tarde “El arado”. Después si vendría el lanzamiento.. Después y a medida que entraban y salían músicos, las canciones del nuevo trabajo iban apareciendo en su completa y acaba expresión.

    Así de la mano de María Teresa Molina -productora musical del disco y contrabajo-, del eterno Diego Alavrez en guitarras, de Camilo Morales en batería y bombo, de Daniela Rivera en violín -que también hace coros- y de Gonzalo Canales en otras guitarras, García va recorriendo a su albedrío el nuevo trabajo. Así pasan “La gran capital” en ese juego de provinciano instalado en Santiago, en aquellas canciones que se emparientan con el disco “Pánico” y esas otras que se ubican en la segunda parte del disco actual, y que vuelan con otros aires, como esas “Piedras” que se dejaron caer en dos oportunidades en la noche. Así también aparece Chinoy, subiendo desde el público y tocando algo propio y algo ajeno. Del mismo modo la gente empieza a pedir canciones y se responde con “La pena vuela”, con “El viejo comunista”, con aquella “Danza de libélulas”. Así también se producen momentos esperados por todos como cuñado se interpreta “Pañuelí” y “Los colores”. O la versión de “Canción y plegaria “, que en el disco hace el corte y que en vivo también marca una diferencia por el acompañamiento de mini orquesta de cámara, con oboe, violín, cello, viola y contrabajo, y la voz de Manuel García, que tal como lo había adelantado vestía esos bototos de ropa usada y la corbata nortina. El cruce entre el que llegó hace algunos años y la ciudad con sus tribus que lo acompañan en su diario mirar las vidas y construir las bellas canciones de Pánico, de Témpera, de los documentales, de esas que circulan por Youtube, de esas que están grabadas en teléfonos celulares y que el todavía no sabe cuando instalará en algún disco o sacará del sombrero de mago en el que va guardando las composiciones nuevas. Por el momento queda el placer de un trabajo logrado, de dos presentaciones que han satisfecho a los asistentes -Concepción y Santiago- y que han colmado las salas. Ahora viene el tiempo de maduración, de disfrute de lo actual y de espera del nuevo lanzamiento que puede venir desde Mecánica Popular, en solitario o en alguno de esos proyectos que tanto lo convocan.

    Viernes 22 de agosto

    Teatro Oriente

    $ 6.000 a $ 10.000
    Texto: Jordi Berenguer

    Fotos: Eve Cazenave

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