Milena Viertel, compositora y productora:

‘Este disco busca resignificar a Violeta Parra en toda su magnitud’

El 17 de enero a las 20:30 horas en Sala Master de Radio Universidad de Chile, Miguel Claro 509, Providencia, se lanzará “Violeta de Chile”.

En este trabajo colaboraron el destacado jazzista norteamericano, Ron Carter en el contrabajo; el miembro del grupo Congreso, Sergio “Tilo” González, en la batería y la percusión, y la violonchelista norteamericana, Jennifer Vincent.

-¿Cómo definirías a Milena Viertel?

-Como una profesional de la música y de la educación primero que nada.

-¿A qué edad iniciaste tus estudios en piano?

-Ingresé a los nueve años  a estudiar piano principal con la maestra Georgina González en el ex Conservatorio de Música de la Universidad de Chile. Con ella estudié 10 años. Posteriormente en mi etapa universitaria  obtuve la Licenciatura en Artes con distinción máxima, el título de Profesora Especialista en teoría general de la música con distinción máxima, y posteriormente egresé del Postítulo en Composición.

-¿Cuáles son tus compositores favoritos?

-Es difícil contestar tu pregunta, son varios pero nombraré los que siento más trascendentales por el legado y ruptura que provocaron en su época.

Del mundo docto me gusta mucho Béla Bartók,  por el discurso musical que desarrolló basándose en los aportes musicales de la música popular de sus tierras. De los compositores chilenos me llena mucho lo que hizo nuestro primer Premio Nacional de Arte, Pedro Humberto Allende, en especial en sus “Tonadas” y  “La voz de las calles”, así como el aporte que hizo a la música chilena, Enrique Soro, y las obras instrumentales de la maestra Violeta Parra, las “Anticuecas” y “El Gavilán”, lo que yo denominaría, como “la Nueva Música Docta Chilena”.

-¿También estudiaste canto y jazz?

-Sí, estudié con diversos cantantes chilenos como Marcelo Olivari en Fundación Claudio Arrau, Inés Délano y un tiempo con Francesca Ancarola, en forma privada. Además estudié Jazz y música moderna con el compositor Carlos Silva y Mario Lecaros, improvisación en el taller de Martin Joseph. También guitarra folklórica en mi adolescencia en agrupación Huentelauquén.

-El año 2014 ganaste una beca Conicyt para proseguir estudios en el extranjero ¿Qué carrera y en qué país?

-Sí, era para un Máster en Musicología y Educación musical en la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Fue una buena experiencia, especialmente porque estando tan lejos pude observar de mejor forma a mi país, Chile. Para ello es muy bueno, la lejanía.

-Eres académica de la Facultad de Artes. ¿Qué clases realizas?

-Mira, en 1999 inicié como ayudante de las cátedras de clave americana, lectura musical, y piano funcional.  Luego de varios años obtuve  por concurso público el cargo como profesora de Teoría de la música, y profesora de Piano Funcional. Además fui la Coordinadora de Piano funcional del Departamento de Música de la Universidad de Chile, de la carrera de teoría de la música, composición y sonido desde el año 2010 al 2014.

-¿Has obtenido algunos reconocimientos?

-En  2006,  gané el Fondo de la Música para Creación  del Consejo de la Cultura y las Artes del gobierno de Chile, realizando mi primer disco titulado “Puerto Olvido”. El año 2014, gané el Fondo de Investigación en la creación de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, realizando mi segunda producción discográfica llamada “Violeta de Chile”, para lo cual también obtuve el Fondo de Fomento a la Música Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En forma paralela a los reconocimientos en el área artística he obtenido varias becas, como la Mineduc, de excelencia académica, “Haz tu tesis en cultura” del CNCA, beca OEI, para estudios de diplomado en gestión en U. de Chile, beca para finalización de titulación de la Corporación de Graduados de la Universidad de Chile, beca  parcial del Depto. de Música y Escuela de Post grado para estudios de Postítulo en composición musical, beca OEI  para estudios de postgraduada universitaria Especialista en Educación Artística, cultura y ciudadanía; beca Conicyt para Magister en musicología y educación musical en UAB, entre otras.

-Pasando a otro tema ¿Qué fue para ti ese movimiento cultural llamado Nueva Canción Chilena?

-Qué difícil contestar en tan sólo una pregunta.

Fue un movimiento que se permitió ser en el sentido más profundo de la palabra. Violeta Parra quien le dio inicio se basa en todo lo que aprendió en “la escuela”, como ella denominaba a la fuente del conocimiento, al acervo cultural del pueblo chileno, y  desde ese lugar se transformó en la voz de quienes no tienen voz, desde su propio lenguaje estético, lo cual como nunca antes visto, aportando sentido, sonido y visualidad a nuestra construcción de identidad. Claramente un referente que merece cultivarse, pero también merece continuidad y resignificación en el Chile de hoy.

-¿Cuál es la vigencia de Violeta Parra en el mundo actual?

-Violeta Parra sigue viva  en toda su dimensión, fundamentalmente en su discurso, siendo sus denuncias temas de actualidad en nuestra contemporaneidad.

Es el caso de “El Gavilán”, y todo lo que plantea con respecto a la relación  de dominación del hombre por sobre el hombre, lo cual se desarrolla además en la problemática de género, en definitiva, la crisis y decadencia del amor en su más amplio y profundo sentido. En consecuencia el track 3 de la obra “Violeta de Chile”, titulado “Yerma”, vendría a desarrollar la consecuencia de la problemática expuesta por Violeta, consecuencia que vivimos hoy, en nuestro cotidiano, en nuestras formas de relacionarnos como sociedad.

Así mismo, Violeta Parra, denunció en “Arauco tiene una pena”, toda la problemática del pueblo mapuche con  el Estado chileno, conflicto que perdura hasta nuestros días. El track 6 de la obra “Violeta de Chile”, es un intertexto, llamado “Son injusticias de siglos”, una obra instrumental, que hace un relato emocional de todo el dolor que provoca en esta autora al día de hoy, lo denunciado por Violeta y que sigue ocurriendo, y que vemos a través de las redes sociales, incluso niños mapuches sangrando, llorando, violentados en todos sus derechos humanos, en  la zona de conflicto, así como la situación de la machi Francisca Linconao, privada de libertad a sus años. ¡Todo esto es  muy doloroso!

-¿Es por eso que este disco busca resignificar  a Violeta Parra en toda su magnitud?

-Así es, Violeta no es sólo el sonido, el cual de por sí ya es tremendo. Violeta es fundamentalmente discurso, tanto en su obra como en la vida misma. Rompió el canon, y se lo hicimos pagar caro como sociedad.  Por ello, considero importante destacar que este proyecto no fue pensado para la celebración del centenario, de hecho inició mucho antes, y lo lanzamos después. No comulgamos con el espíritu de celebración y alegría que se le puso como sello, sino más bien consideramos debió ser una conmemoración con un alto sentido crítico de todos los elementos de la sociedad chilena que pudieron haber influido en que una flor creativa como lo era Violeta llena de vida, hubiera terminado marchita, sola y muerta.

-¿Cómo se gestó este proyecto?

-El proyecto se gesta desde inquietudes estéticas en el mundo universitario, muy de la mano con lo que hoy sucede en el mundo social de mi país. La obra tiene un sentido crítico. Desde 2011, la fuerza del movimiento estudiantil fue fundamental para los cambios sociales en Chile. En esa contingencia surgieron muchas instancias de conversación, y se fortaleció el asambleísmo. Eso me hizo recordar mucho mi época de estudiante, mi decisión de estudiar música y desde qué lugar surgió. Resignificar a Violeta Parra no pasa solamente por sus sonoridades sino también por su sensibilidad hacia el mundo social que la rodea. Traté de instalarme desde esa mirada en el hoy, y pensar a qué le hubiese escrito Violeta hoy. Los temas que aborda no son fáciles ni cómodos. En ese sentido, no lo definiría como un disco “bonito”. De algún modo, es música que plasma la contemporaneidad de un país que no está siendo justo ni cómodo para todos. Y ella, como mujer sensible, supo llevar esas vivencias —las del pueblo de Chile— maravillosamente a su música. Violeta Parra tuvo la capacidad de hacer un relato de su contemporaneidad.

-¿Quieres decir que Violeta Parra nos sigue interpelando como sociedad?

-Absolutamente. A nadie le gusta que le digan lo que no quiere ver.

Ahora bien,  de la misma forma la obra “Violeta de Chile” tiene esa molestia, creo. No es que intencionalmente yo haya buscado producir una tensión con esta música. Más bien, es el resultado de una búsqueda fiel a mí como creadora, profundamente fiel: romper cadenas estéticas, de discurso, de género. Intenté no dejarme prejuiciar por nada ni por nadie. Hacer un ejercicio real de libertad. El disco acoge dos mundos, y en parte es una búsqueda por encontrar en mí misma esos dos ámbitos usualmente disociados. De niña, entrar al Conservatorio fue para mí acceder a un mundo diferente y maravilloso. Pero, a la vez, traía yo en mi quehacer cotidiano la influencia de la música popular: la radio que se escuchaba en mi casa, el gusto de mi madre por el bolero y los valses peruanos, la música chilota y la canción comprometida que escuchaba mi padre. Ambos mundos están en este disco, el popular y el docto, tanto en mi canto como en el piano. Los entendidos en piano se darán cuenta que en mi interpretación —más percutida, más rítmica—, en el touch, está mi interés por, esta vez, llevar al piano lo que me entrega la guitarra. La realidad chilena es que somos mestizos, fuertemente mestizos. No podemos eludir nuestra influencia occidental. Sabemos lo que pasó en las tierras mapuches, y sigue pasando, pero así mismo también tenemos todo lo que esa mezcla provocó, y que Violeta supo recoger de la tierra.

-¿Me podría detallar cada track del disco?

-El track  1, “Anticueca de la Vida”, representa la libertad de Violeta, su carácter, su impronta. Tiene una fuerte dualidad. Hay quiebres musicales propios de la vida que no la dejan ser libre y avanzar en forma existencialista, determinista.

El track 2, “Antitonada de Embrujo”, busca salir de este mundo racional y materialista, nos encontramos con el alma de Violeta, que grita sus males al mundo. Aquí se representa lo vernáculo en pugna con Occidente, pugna que no deja salir “lo chileno” o latinoamericanista hacia fuera, es decir lo mestizo.

El track 3, “Yerma”, está inspirado en el Gavilán, vendría siendo como la consecuencia de lo enunciado por Violeta en esta obra, en torno a la relación de dominación. Su consecuencia, terreno infértil para construir o fecundar nada, ante la falta de amor. Un poco lo que se vive hoy en Chile, ante la falta de amor al prójimo, y de sentido de bien común; imposibilidad de construir un proyecto país. Además hago un paralelo con Federico García Lorca, Yerma, la protagonista, se vuelve loca y mata al marido, por no saber ser mujer sin ser madre, sin poder cumplir el estereotipo. Violeta, al no poder fecundar sus más importantes proyectos, termina matándose, por eso Yerma, de flor fecunda se transforma en flor marchita e inerte. Así como Chile, solo individualismo, lo que mata la posibilidad de construir un somos nosotros, un país.

El track  4, “5 de febrero”, crítica a los elementos sociales del Chile contemporáneo, a Violeta que se replica en el hoy. Instalado en 5 de febrero de 1967, día de su suicidio. Un Chile que olvidó su historia y por tanto en su minuto a Violeta, y hoy lo sigue haciendo, por eso la letra dice “la flor de tu canto ilumina… un millón de Violetas cautivas… de un pueblo que olvidó su historia… Violeta ausente…y Luego juega con la contradicción vida y muerte… gracias le diste a esta vida… Violeta ausente”.

El track  5, “Pido un poquito de agua”, tiene el sentido crítico de Violeta instalado en el hoy. Es un guillatún que denuncia el problema del agua, los recursos naturales, y menciona al principio con juegos rítmicos a Pascua Lama. Violeta decía: “menti menti mentiroso, menti mentiroso…”. Yo hice el mismo juego con la palabra Pascua Lama.

Y por último, el track 6, “Son injusticias de siglos”, es un intertexto del “Arauco tiene una pena”. Movimiento instrumental, donde la voz es un lamento por la situación del pueblo mapuche.

-La portada del disco es muy hermosa ¿Quién la hizo y qué significa?

-El concepto visual fue realizado por Vicente Larrea y Oscar Bau, y la ilustración es de Luis Albornoz. Ha sido un lujo poder contar con ellos, quienes justamente desarrollaron la visualidad de los discos de la Nueva Canción Chilena.

Me gustaría decirte que significa la portada, pero considero aún más interesante que el público saque sus propias conclusiones y significados. Te puedo decir que es una Violeta que está fallecida y que tiene una lágrima en su mejilla. El significado se lo dejo a todos ustedes.

Fotógrafo: Fernando Krahn (archivo personal de Antonio Larrea)

-Tú le presentaste la obra de Violeta Parra a Ron Carter ¿Cuál fue su opinión?

-Él dijo: “No conocía a la cantautora Violeta Parra hasta que se me presentó este proyecto, y quedé muy impresionado con su entonación, sus opciones de notas y el color de su voz. Siempre abordo estas experiencias nuevas como si fuesen una clase a la que asisto. Le agradezco a ella las lecciones musicales sobre cómo acompañar a una cantante con ese tipo de voz. Pienso que lo difícil para mí fue hacer calzar mis improvisaciones entre mis partes escritas, la melodía y los versos. Ahora estoy muy ansioso por escuchar el resultado final y comprobar cómo apliqué las lecciones que aprendí de ella”[1].

-¿Cómo te sientes de haber trabajo con tan destacados músicos en esta obra?

-Me siento feliz de que Ron Carter, Sergio Tilo González y Jennifer Vicent, hayan valorado la obra, su significado y trascendencia como homenaje a nuestra querida y sentida Violeta.

-Escuché en otra entrevista que no te había gustado un comentario aparecido en la biografía de Violeta Parra escrita por el periodista Víctor Herrero.

-Mira, primero quisiera hacer llegar mis respetos al periodista Víctor Herrero.

Ocurre que él indica en su libro, que basado en la investigación que hizo, Violeta se habría suicidado producto de un diagnóstico psiquiátrico. Sobre este punto solo quisiera decir que los expedientes psiquiátricos en Chile son privados por ley, y que con mayor razón debiera mantenerse respeto con los muertos al respecto de esto. Es como continuar vulnerándola después de muerta. Así mismo la fuente de tal información no es primaria, y además considerando el canon de la época, y que el psiquiatra era hombre, pudo haber sido un hecho más de violencia de género llegar a ese supuesto diagnóstico. No olvidemos que en aquellos años, inclusive hoy en menor medida, era recurrente acusar de desequilibrada mental a la mujer para descalificarla socialmente, principalmente cuando era una mujer virtuosa. Violeta fue una mujer golpeada como ella misma relata en sus décimas. Me parece fácil decir que se mató por un cuadro psiquiátrico, mejor revisemos toda la violencia de género que sufrió, por desenmarcarse del canon. Creo que ahí encontraremos mejores explicaciones y conclusiones.

-¿Se puede vivir de la música en Chile?

-Es difícil. Si bien hay fondos concursables, nos obligan a competir entre nosotros, lo cual es complejo considerando que la cultura no puede, o bien no debe medirse sobre parámetros evolucionistas y menos de mercado, como lo son la calidad, impacto, etc. Claramente es necesario repensar Chile culturalmente hablando. Necesitamos nuevas políticas culturales. Ojalá el nuevo Ministerio de las Cultura, las Artes, y el Patrimonio, constituya un nuevo pacto social cultural para Chile en donde haya cabida para todos.

-Con relación al Fondart, ¿Crees que los fondos son suficientes?

-Claramente no lo son.

-¿Qué opinas del movimiento musical que existe en Chile en la actualidad?

-Difícil pregunta… no sé si hay movimiento realmente, en el sentido que un movimiento es una construcción colectiva. Sí hay mucha gente haciendo cosas, pero no tengo claro que pueda calificarse como “movimiento”. Desgarra el corazón tanto individualismo, egoísmo y mala competencia, el “todo vale”.  Falta  más compañerismo, fraternidad y colaboración.

-¿Qué mensaje les enviarías a esos niños chilenos que quisieran seguir tu camino?

-La música es para todos, y todos son dignos de construir sus propios discursos musicales. Que confíen en su capacidad creadora. Que se apoyen y trabajen colectivamente para sacar sus proyectos artísticos adelante, y que no se encandilen por la búsqueda del éxito o la fama. Lo más importante es comunicar, esa es la función de nosotros los artistas, comunicar.

-¿Existe realmente la Educación Artística en Chile?

-Te agradezco la pregunta Sergio. Claramente nuestro sistema educativo escolar está más enfocado en el desarrollo de habilidades duras, como las ciencias, la tecnología. De hecho me enteré por Fladem Chile, entidad de la cual formo parte, que en diciembre hubo disminución de horas de música en varias escuelas.

Al respecto de esto, quisiera decir que es importante no olvidar que el objetivo fundamental de la escuela, es generar cohesión social, y educar ciudadanos para que seamos una mejor sociedad, no  sólo  obtener mejores puntajes Simce que la escuela que me genera competencia. La educación artística, viene a cubrir justamente una serie de aprendizajes transversales que conforman lo que nos hace fundamentalmente  humanos, la sensibilidad y la capacidad de empatizar,  el trabajo colectivo,  el desarrollo de la creatividad,  valores cívicos mínimos para aprender a vivir en sociedad, tales como el respeto por la diversidad cultural y de pensamiento. La clase de Educación artística, como instancia para crecer en valores ciudadanos  se ha convertido hoy en un desafío a  alcanzar y cautelar.  Claramente necesitamos una nueva política pública de educación artística para todos los niños de Chile.

-¿Cuáles son tus próximos planes musicales?

-Por el momento, difundir esta obra, proyecto que ha significado un tremendo esfuerzo de gestión. En lo educativo, espero poder aplicar prontamente mi investigación “El legado de Violeta Parra: diseño, aplicación y análisis de una propuesta didáctica en contextos escolares en Chile”. Esta investigación ya fue aplicada en escuelas públicas en Catalunya, España, y espero poder llegar a nuevas conclusiones en su aplicación en Chile.

Por Sergio Salinas

[1] Véase www.milenaviertel.cl

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