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    Las puertas del “Purgatorio Bar” o la portada del disco, que vienen en este caso a ser lo mismo, no llaman a ningún engaño. La estética y la idea de ingresar al bar del purgatorio, sugieren el tránsito en ese lugar a medias entre el cielo y el infierno. Y en ese bar es posible encontrar a todos aquellos y, también, todo aquello que no sacó boleto para el descanso eterno, ni que se regocija en las llamas del amo de las tinieblas. Además de ratificar, para aquellos que ya habían escuchado los trabajos anteriores de la banda, el que nada ha cambiado en su mundo particular, ni en su visión del mundo, ese que nos es común a todos, según nos hacen creer, aunque los menos vivan casi en otro planeta.

    Por eso este “Purgatorio bar” suena decidido, en cada uno de sus temas, con un acercamiento que ratifica la tradición que la banda ha mostrado. Quien quiera comprobar hasta donde llega la idea fuerza que el grupo ha manejado, que ponga directamente la canción “Sangre de lobo”, donde la composición nos muestra un juego de ideas que se hacen fuerte desde un sonido duro que nos presentan la identidad de Hielo Negro. También suena de la misma forma, y ratifica lo dicho “Perro de la noche”, que a través de la dureza musical y textual, construye el universo de las noches en ciudad, y la libertad que se busca escapando a lo formal y seguro.

    En las primeras escuchas, “Purgatorio bar” puede producir distancia o notarlo como un todo complejo y a la vez único, sin muchas divisiones. La paciencia sale rentable: el álbum te va reconquistando poco a poco, tema a tema, hasta conseguir que agradezcas el deshielo final, cuando ya no va quedando más que un poco de líquido y el Hielo Negro se pierde en el fondo del vaso, de esos tragos duros y pesados que se sirven , en la barra del bar del purgatorio. Destaca, sobre todo, la capacidad de los integrantes para caminar sobre la frontera del panfleto, sin franquearla nunca: quizás la sentida “Cruz del sur” sea el mejor ejemplo.

    El trabajo termina transformándose en alimento para el oído, la cabeza y el corazón mezclado con la sabiduría que otorga la experiencia y regado con una energía digna de debutantes. Nada falta, nada sobra en este bar, hay desde las simples y siempre accesibles cervezas, hasta tragos fuertes que encienden el cuerpo y las ideas, como lo plantea de manera simple y directa, “Arde la tierra” -con y sin mayúscula- donde la temática ambiental aparece en una dimensión planetaria, o lo mismo que ocurre con “Kaos ahora!”, donde de un solo golpe el licor inunda el cuerpo y no deja nada para saborear, sino que busca saldar las deudas. Un trabajo que no requiere de la inaccesibilidad para abordarse, tal como ocurre con otros discos, que se encubren tras la rimbombancia y la distancia con la realidad.

    Salud y un trago más… antes de volver a entrar al “Purgatorio bar”.

    Temas: 1. Cruz del sur. 2. Purgatorio bar. 3. Kaos ahora! 4. Arde la tierra. 5. Perro de la noche. 6. Madre yerba. 7. Sangre de lobo. 8. Bastardo. 9. Shaman. 10. El vuelo.

    Integrantes: Christian Mac Donald (batería), Pablo Navarrete (bajo) y Marcelo Palma (guitarra y voz).

    Ovejero Records / Algo Records

    (P) 2007

    Texto: Jordi Berenguer

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