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    A mis amigos
    A mis compañeros y compañeras
    A mis electores y ciudadanos

    Quizás para algunos sea sorpresiva e inesperada mi renuncia al Partido Socialista, al cual
    entré a militar hace 26 años, en plena lucha contra la dictadura y cuando hacer política era
    un compromiso vital.
    Para quienes me conocen desde hace años lo más probable es que no lo sea tanto. Al
    contrario, ellos saben que mi forma de ser y de asumir mis compromisos y convicciones
    me impiden la hipocresía de permanecer integrando un partido que ya no representa el
    sueño de construir una patria efectivamente más justa y solidaria.
    Sigo soñando con mejores condiciones de vida para los trabajadores manuales e
    intelectuales, tal como lo hicieron los fundadores del PS.
    El legado de Marmaduque, de Schnacke, de Corbalán, de Ampuero, de Almeyda, de Laura
    Allende, de Carlos Lorca, de Carmen Lazo y, por supuesto, el del Presidente Salvador
    Allende seguirán siendo parte integrante del acervo cultural, político y doctrinario que
    anima mis actos en política.
    Seguiré siendo socialista, porque para serlo sólo se requiere creer en la construcción de
    esa sociedad donde el hombre deje de ser el lobo del hombre, donde el capital no esté por
    encima de los seres humanos y donde la democracia verdadera y profunda sea la norma
    de convivencia entre ciudadanos libres.
    En todo caso, mi renuncia tiene que ver más con el futuro que con el pasado del cual no
    reniego en absoluto.
    Al igual que muchos chilenos y chilenas hice mía la convicción de que la Concertación
    representaba no sólo la restauración de la convivencia democrática, sino la posibilidad de
    avanzar hacia una nueva institucionalidad que permitiera superar los amarres que la
    dictadura dejó enquistados en la Constitución que aún nos rige.
    Sin embargo, con el transcurso del tiempo, la diversidad y pluralidad que estuvo entre los
    pilares fundamentales de la Concertación ha terminado por convertirse en un problema y
    en un escollo para los partidos y sus directivas, que quieren hacer de conceptos como
    “disciplina” y “orden” la línea política del conglomerado.
    Me rebelo a renunciar a las tareas democratizadoras que aún le debemos a millones de
    ciudadanos chilenos, especialmente a los más jóvenes. Creo firmemente, como José Marti,
    que “la mejor manera de decir es hacer”.
    Seguimos aspirando, al igual como lo hacíamos hace 20 años y más a cambiar “la
    Constitución de Pinochet que lleva la firma de Lagos” pero que mantiene el espíritu de
    Guzmán; a tener la cada vez más necesaria institución del Defensor del Pueblo; a que
    exista inscripción automática y voto voluntario; a que exista la iniciativa popular de ley y la
    revocación del mandato; a que existan plebiscitos y consultas ciudadanas vinculantes y,
    por cierto, a que puedan tener derecho a voto los chilenos que viven en el extranjero.
    Queremos un Estado que se comprometa con una educación pública de calidad que
    garantice un mejoramiento real de las condiciones de vida de las nuevas generaciones,
    fomentando así jóvenes libres y creativos; un sistema de pensiones que asegure una
    jubilación plena para nuestros adultos mayores. Defenderemos la estabilidad laboral y un
    sueldo justo que asegure el bienestar y la tranquilidad de los chilenos y chilenas; una
    salud pública eficiente y de calidad, sin discriminaciones de ningún tipo; un sistema de
    transporte público que resguarde la dignidad de nuestros compatriotas. Asumiremos la
    recuperación de la soberanía sobre nuestros recursos naturales en función de los
    intereses superiores de la nación. Conquistaremos una sociedad inclusiva y solidaria que
    asegure el desarrollo integral de nuestros niños y niñas, la igualdad de oportunidades
    entre mujeres y varones, la no discriminación por motivos sociales, religiosos, de etnia o
    género y el respeto y defensa de los derechos de nuestros pueblos originarios.
    Mi renuncia no es en contra de nadie, tampoco del Partido Socialista o de la Concertación,
    menos aún en contra de la Presidenta Bachelet, a quien ratifico mi lealtad de siempre. Es a
    favor de nuevos tiempos, de nuevas generaciones, de nuevas ideas y de nuevas ganas por
    participar en la construcción democrática del Chile que dejaremos a nuestros hijos e hijas.
    Renuncio al PS, no al Socialismo.
    Seguiré siendo fiel al mandato que me han entregado cientos de miles de habitantes de la
    Región del Bío-Bío y responderé a la confianza y apoyo que muchos chilenos y chilenas a
    lo largo del país me han brindado.
    Queremos terminar con la forma de hacer política que hasta ahora se ha impuesto y que
    basada en la política de los acuerdos entre la Concertación y la derecha ha terminado por
    confundirse en un conjunto indiferenciado de ideas y objetivos.
    Queremos no sólo escuchar el rumor de la calle. Queremos salir a esas calles a hablar y a
    debatir con la gente, dando la cara, estrechando las manos y todas aquellas cosas que le
    preocupan, le interesan, la motivan, así como las que sueñan las mujeres y hombres de
    esta tierra.
    Hoy cuando en la política lo más importante es, el apellido, el dinero y los padrinos, para
    quienes no tenemos nada de aquello, solo nos queda trabajar, trabajar y trabajar.
    Para asumir este desafío, esta apuesta de futuro, es que he decidido renunciar, junto a
    muchos otros compañeros de larga militancia, a un partido que hoy esta más preocupado
    de mantener su cuota de poder que de ser el instrumento o la herramienta que interprete y
    canalice la vocación de cambio de miles de trabajadores, ciudadanos y gente sencilla de
    Chile.
    Como dijera el Presidente Salvador Allende: “La historia es nuestra y la hacen los
    pueblos”.

    Alejandro Navarro Brain

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