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    Querido Compañero Bustos:

    Hoy me estremecí cuando escuché que te habías ido.

    Sentí un temblor en mi voz y la vista nublada por la emoción.

    Es que estaba convencido de que tú no te irías nunca, porque tu capacidad de lucha, tu valentía ante la adversidad, tu actuar genuino, todo ello realizado en silencio, sin estridencias como los grandes hombres, te hacían invulnerable a cualquier partida.

    Ahora muchos hablarán de ti, de tu vida, de tus acciones. Y más de alguno se va a sorprender por la inmensa tarea que cumpliste. Sin embargo, seguramente pocos sabrán que tú demostraste la capacidad del chileno cuando sale fuera de nuestras fronteras. La humildad del hombre consecuente que manejó con mano firme el arado que penetró profundo en otras sociedades para sembrar la semilla del prestigio que nuestro país tiene hoy allende la cordillera y los mares.

    Hoy te están llorando en Madrid, hasta donde llegaste en 1960 con la mente ávida en recibir los conocimientos que te hicieron Doctor en lo que amabas, el Derecho. Y dejaste huella por tu inteligencia y sencillez. Y también te lloran en Barcelona, donde alcanzaste metas enormes en la Universidad Autónoma, primero como Catedrático, luego Vicedecano en la Facultad de Derecho y luego Director del Departamento de Ciencias Políticas y de Derecho Penal. Incluso llegaste a ser Ministro Suplente de la Audiencia, cargo reservado sólo a algunos elegidos y que pocas veces ha ocupado un extranjero.

    Fíjate, Compañero Juan, que a pesar de todas estas historias, demostrativas de tus conocimientos y de tu capacidad profesional, hay otro elemento del cual he sido testigo: tu calidad humana y política. Aunque llegamos un par de años antes que tú a España, en épocas de conflictos socialistas en el exilio, y nos radicamos en Madrid, cuando llegaste a Barcelona despuntando los 80, fuiste capaz de apoyarnos e iluminarnos con tu palabra precisa, con tu idea brillante y oportuna , con tu ecuanimidad, con tu mano tendida. Muchos de los que hoy están mandando, recibieron tu aporte y tu lección solidaria. Lección basada justamente en que la actividad política es algo grande, prístino, transparente.

    Y ahora has dicho basta a la vida y has dejado aquí ese surco inmenso donde germinan tus semillas. Son justamente esos frutos los que nos recordarán a todos de que estuviste aquí, plantaste tu huella ejemplar y que te has ido definitivamente…para quedarte eternamente.

    Déjame que enjugue mis lágrimas de orgullo por haber sido considerado tu amigo, Compañero Bustos, y vuelva a mirar al futuro con confianza, porque luces como las tuyas son las que iluminan el camino por donde transitará siempre el hombre integral.

    Miguel Angel San Martín.

    Chillán (Chile), 7 de agosto de 2008.

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