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    A propósito de la alta demanda de productos de origen animal en estas fechas para celebrar el amor mal correspondido a la patria.

    Nuestro planeta enfrenta una serie de problemáticas, entre las que se cuenta: el hambre, la deforestación, la escases hídrica y el cambio climático; todos problemas cuya solución es compleja y requiere de un abordaje de mirada global pero de actuación local.

    Más allá del impacto que pueda tener dejar de utilizar bolsas plásticas, necesitamos dejar de demandar productos animales. Es un despropósito gastar enormes recursos en terreno, agua, transporte y pesticidas en producir vegetales, hortalizas y granos para alimentar animales de granjas industriales; quienes viven confinados en jaulas durante toda su vida, atiborrados de hormonas y antibióticos desde antes de nacer hasta después de morir. Uno de los principales cambios que está en nuestras manos, es optar por una alimentación vegetal y utilizar estos vegetales (descender en la cadena trófica) para producir una variada gama de productos saludables para las personas y el planeta, sin necesidad de jaulas ni de producir desechos que contribuyen al efecto invernadero y/o causan enfermedades.

    La demanda de carne se convierte en un círculo vicioso. La gente enferma y se medica con fármacos y tratamientos (carísimos) que han sido creados utilizando animales de manera cruel bajo la etiqueta de experimentación médica, buscando curar las enfermedades que, en primer lugar, nos produjo comer animales. El consumo de productos de origen animal se ha asociado a diversas enfermedades, entre las cuales se cuentan algunas de las que lideran el ranking de las principales enfermedades de Chile: El cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. La gente sería capaz de prevenir muchos tipos comunes de cáncer comiendo verduras, frutas, legumbres, semillas y cereales.

    En estas fiestas Patrias neoliberales, en la que el consumo hedonista que responde sólo al llamado del placer desplaza otros valores, la moral nos insta a reflexionar y actuar de forma consciente, haciendo uso del entendimiento para poner en práctica la misma compasión y sentido de justicia que en algún momento llevo a nuestros antepasados a oponerse a la esclavitud, las monarquías absolutas o la desigualdad entre hombres, mujeres, niñas y niños. Que estos valores enciendan la llama de las conciencias, para reaccionar contra toda opresión, incluyendo -especialmente en esta época- la tortura sistemática y prolongada de millones de criaturas sintientes, que hacinadas en jaulas de laboratorios y siniestros barracones de granjas industriales, esperan su turno para satisfacer la codicia de personas insensibles que no se preocupan por el bien común; que son incapaces de ponerse en la situación de los que sufren, aprovechándose de su transitoria posición de ganancia y beneficio. Sabemos que esto es una película de terror y preferimos no verlo, sepultarlo en algún rincón e ignorarlo para disfrutar o emborracharse, pero cuando celebramos nuestras fiestas patrias alimentándonos de sufrimiento, despilfarrando recursos que servirían para alimentar a cada niño y niña hambriento en el mundo, cada día más, ese sufrimiento se transforma en el nuestro y en el del planeta.

    ¿Podemos construir un futuro mejor para nuestro país mientras el hedonismo y el despilfarro desplacen los valores de amor, justicia y compasión?

    Diego Andrés Mazuela Henríquez
     18.259.861-5

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